Año crucial para el futuro de Cuba

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Raúl Castro y Miguel Díaz Canel.

Koldo Castillo

 

LA HABANA.— Muy complicado se está presentando para los cubanos el presente año. A la incertidumbre política creada por el retiro de Raúl Castro, como presidente del gobierno y de los tres miembros sobrevivientes de la llamada “generación histórica” de la Revolución, se unen las malas noticias económicas y la presión que desde Washington ejerce la administración de Donald Trump.

Las elecciones generales del pasado 11 de marzo, con una participación de ocho puntos inferior a la anterior consulta, permiten la constitución de una nueva Asamblea (parlamento unicameral) el 19 de abril, lo que representa la posibilidad de que un civil ocupe el cargo de Presidente de la República, dejando como diputados a Raúl Castro, Ramiro Valdés, Guillermo García y Machado Ventura, los últimos comandantes vivos de la Revolución.

El actual primer vicepresidente del Gobierno Cubano, Miguel Díaz Canel, es el cuadro político preparado con esmero por la vieja guardia revolucionaria para sustituir a Raúl Castro al frente del país, aunque la influencia de los líderes históricos se mantendrá desde la dirigencia del Partido Comunista Cubano y de las Fuerzas Armadas.

De todas formas, los cambios económicos, que sin duda tienen que producirse no serán ni fáciles ni rápidos, ya que antes de dejar sus cargos, los líderes históricos han fijado los lineamientos del modelo económico socialista a aplicar, con un periodo transitorio que, por etapas, va hasta el año 2030, aunque es de prever que la nueva generación política vaya aplicando sus reformas.

La economía, sin mejoras evidentes

El estado socialista ha tenido en la economía su gran falla histórica. Tras depender durante las décadas de los 60, 70 y 80, del siglo pasado, del comercio con el “bloque socialista” (CAME), el derrumbe del comunismo en Europa del Este trajo aparejada una caída fulgurante (hasta del 35%) del PIB de la isla en el año 1990, lo que fue llamado el” periodo especial” de varios años de duración y en el cual la isla caribeña tuvo que sobrevivir sola al bloqueo estadunidense y a sus propios errores económicos.

Tras casi 6 años de desastre total, con carencia hasta de medicamos básicos y alimentos de primera necesidad para la población, en la segunda mitad de la década de los 90 la situación fue estabilizándose mínimamente gracias a las inversiones extranjeras, pero otra vez con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela y su apoyo irrestricto a Cuba, el gobierno de la isla caribeña volvió a cometer el error en fijar su futuro en el petróleo subsidiado venezolano y el dinero que le entraba al país por medio de contratos de servicio de cerca de 90000 médicos, entrenadores deportivos y de otras especialidades que el Gobierno de Caracas contrató con su contraparte cubana y que llegaron a representar más de 5000 millones de dólares al año.

Pero el milagro no duró muchos años y desde hace cuatro, la caída del precio internacional del petróleo y los consiguientes problemas económicos que esto trajo aparejado para Venezuela, hicieron que se volvieran a agudizar las dificultades en la isla caribeña, aunado a que no se emprendieron reformas económicas en profundidad, lo que ha provocado la siguiente fase de la crisis crónica que padece Cuba.

Tras el paso del gobierno de Fidel a Raúl, en el año 2008, en Cuba se acometieron unas tímidas medidas de apertura económica, permitiendo que la población pudiera abrir por su cuenta pequeños negocios privados, como restaurantes, alquiler de habitaciones en sus casas, taxis particulares, mecánicos y otras actividades menores, lo que ha permitido que en la actualidad sean más de 500000 los ciudadanos que trabajar por cuenta propia, menos del 10% de la población económicamente activa.

Nuevos planes de inversión extranjera se han venido aplicando, como el desarrollo portuario y empresarial de El Mariel, a 40 kilómetros al oeste de La Habana, pero los resultados hasta el momento no cumplen ni con una mínima parte de las expectativas que el Gobierno se planteó para sacar al país de la situación de paralización económica en que lleva años atrapado, ya que las empresas extranjeras no conciben que la recuperación del capital invertido sean bajo los esquemas exigidos por Cuba, o que la contratación laboral esté impuesta por el estado y el pago de salarios también sea entregado a las autoridades, en dólares, mientras que a los trabajadores apenas les llega una mínima parte de lo que las empresas pagan por su labor.

Esperanzas con Obama, frustración con Trump

Tras tres años en que parecía que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba iban a normalizarse, tras 55 años de enfrentamiento, la llegada a la Casa Blanca del ultraconservador Donald Trump han provocado una marcha atrás en el proceso. Recientemente, el nuevo inquilino de Washington ha retirado a la mayor parte del personal de su embajada en La Habana, arguyendo “un ataque acústico contra su personal diplomático, cosa que por cierto nadie ha podido probar.

Los siguientes pasos para afectar a Cuba han ido en cadena, como la de prohibir a la isla los viajes a los ciudadanos estadunidenses de forma privada o que se les permita alojarse en instalaciones hoteles o visitar comercios de la cadena cubana GAESA, propiedad de las Fuerzas Armadas de la isla. Los ciudadanos del país del norte solo pueden alojarse, según estipula su gobierno, en casas particulares.

No han tardado en seguir con la cadena de “ataques” contra Cuba, al crear una “fuerza de terea”, término similar al utilizado en 1960 por Kennedy para justificar el embargo a la isla, y destinado a lograr que cada ciudadano cubano pueda tener acceso a internet con servidores convenientemente dirigidos desde Estados Unidos, en una clarísima maniobra para provocar la desestabilización política de la isla.

En estos días, el habitantes de la casa Blanca también ha anunciado que se va a manejar un segundo “paquete” de medidas contra el Gobierno cubano, una clara maniobra para evitar que el régimen de La Habana pueda llevar a cabo su transición hacia una economía mixta.

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Llegada de automóviles rusos Lada a Cuba.

Urgen reformas económicas

Le economía de la isla pasa también por serios problemas para hacer frente a los pagos de su ingente deuda externa. Tras lograr en años anteriores acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, el Club de París y recientemente el Club de Londres, la realidad es que Cuba a duras penas ha ido enfrentando sus compromisos de pagos, al igual que le sucede con los proveedores internacionales. El déficit por cuenta corriente roza los 5000 millones de dólares anuales y es en el turismo donde la isla está buscando una salida sólida a sus problemas.

Para fines de febrero pasado ya habían visitado la isla en este año más de un millón de turistas, lo que hace factible los planes oficiales de llegar a los 5 millones de visitas en el ejercicio 2018, ya que Canadá, Alemania, Francia, España y los países de Latinoamérica han suplido el descenso de estadunidenses.

La esperanza de buena parte de los ciudadanos está en que la nueva “asamblea del Poder Popular”, con caras e ideas nuevas, puedan hacer frente a los numerosos frenos que para el desarrollo de la isla se presentan por el inmovilismo en que se ha vivido en los últimos años.

Y las autoridades basan ahora sus esperanzas en que países como Rusia y China les ayuden a recuperar su economía.

Rusia en concreto se ha hecho cargo de modernizar todas las centrales atómicas del país. También está el abastecimiento de diésel procedente de su antiguo aliado. Sectores industriales así como la rehabilitación del tendido férreo o la dotación de equipamiento industrial proceden de Moscú, así como la construcción de la terminal náutica multimodal de Santiago de Cuba o la terminal de carga del antiguo aeropuerto militar de San Antonio de los Baños.

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Turistas rusos en La Habana.

En la calle ya se percibe de nuevo la presencia rusa, tanto en forma de turistas, como por la llegada de una dotación de automóviles Lada, que nada tienen que ver con las viejas unidades de esta misma marca que fueron el símbolo de la Unión Soviética.

Si a ello añadimos el reciente anuncio de la construcción de tres “observatorios estelares”, conjuntos entre Rusia y Cuba, está claro el interés de Moscú por recuperar su presencia en la isla, donde hasta hace poco tiempo mantuvieron abierta la Base de Lourdes, destinada al espionaje electrónico y comunicaciones sobre Estados Unidos.

Comentarios: koldocastillo@hotmail.com

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