Mi niñez

 

juegosJosé Eduardo Cauich Cauich

 

Cuando era niño me convertía en un gran corsario, con un machete en mano luchábamos mis amigos y mis hermanos, el buen framboyán nos proveía de esa arma letal y en tiempo de paz su flor nos daba los gallitos para con sus pistilos luchar.

Cuando la lluvia caía todos salíamos a disfrutar del agua que como bendición del cielo caía y con frescura brincábamos y la algarabía de la chiquillada hacia que la lluvia sea muy disfrutada, aparecía en todos los charcos el barquito de papel como buque en altamar aguantando el temporal y los niños como si cada uno fuera POSEIDÓN los disfrutaban como si fuera un galeón en esas profundas aguas, esa era la gran distracción que forjaba los sueños de todo aquel que estaba ante la lluvia que el buen dios nos mandaba.

Luego la temporada de vientos que marzo o abril traía rápido salía todo niño con su papalote, su cometa o chinito y a elevarlo como sus sueños, llegaban hasta la puerta del cielo, pero el trompo lo desplazaba y todos el mejor se jugaba, y cuando con certeza se manejaba en pedazos el trompo contrario quedaba, o de plano el vecino te ganaba dejando el tuyo hecho trizas en el campo de batalla, qué infancia tan aguerrida cuando las hostilidades se jugaban en un juego de canicas y que el ganador era respetado como el mejor gladiador y hay muchísimo más como no lo voy a recordar si en esos juegos está mi infancia y mis sueños que aún como adultos nos hacen suspirar. (Ejido Alfredo V. Bonfil, Q. Roo).

Comentarios: edukados@hotmail.com

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