El ex nuncio en Estados Unidos, Viganò: “El Papa debe renunciar”

 

Andrea Tornielli

vigano

DUBLÍN.— Las autoridades de la Santa Sede sabían, desde 2000, que existían acusaciones en contra del arzobispo Theodore McCarrick, que fue nombrado a finales de ese mismo año arzobispo de Washington y a quien Juan Pablo II creó cardenal un año más tarde. Se sabía que el religioso invitaba a sus seminaristas a dormir con él en su casa cerca del mar. Es lo que se lee en un documento de 11 páginas firmado por Carlo Maria Viganò, ex Secretario del Gobernatorado y ex nuncio apostólico en Estados Unidos, que fue alejado del Vaticano y enviado a la sede diplomática de Washington en 2011.

El texto de Viganò está lleno de fechas y circunstancias. Se dirige claramente contra el Papa Francisco, cuya renuncia pide el ex nuncio porque, en su opinión, habría cancelado sanciones existentes contra McCarrick después del Cónclave de 2013. El documento vuelve a proponer, citando rumores e información que ya habían circulado por lo menos durante los últimos dos meses en la galaxia mediática antipapal y tradicionalista de Estados Unidos y Europa, tratando de atribuir al actual Pontífice todas las responsabilidades.

Viganò afirma que las denuncias de 2000, con testimonios por escrito contra McCarrick (acusado de molestar a seminaristas y jóvenes sacerdotes adultos) fueron regularmente enviadas por los nuncios apostólicos que fueron pasando por la sede de Washington: monseñor Gabriel Montalvo y, después, monseñor Pietro Sambi. Estos informes no habrían recibido ninguna respuesta.

Viganò culpa de todo al entonces Secretario de Estado Angelo Sodano (pero también al Sustituto Leonardo Sandri, actual cardenal Prefecto para las Iglesias Orientales), pues habrían encubierto a McCarrick. ¿Y Juan Pablo II, que en 2000 aprobó el nombramiento en Washington e incluyó al polémico arzobispo un año más tarde en el Colegio cardenalicio? Escribe Viganò: «¿Fueron obra de Sodano el nombramiento en Washington y la creación cardenalicia, cuando Juan Pablo II estaba ya muy enfermo? No podemos saberlo. Pero es lícito pensarlo, aunque no creo que haya sido el único responsable. McCarrick iba frecuentemente a Roma y se había creado amistades por todas partes, en todos los niveles de la Curia».

Un segundo round de acusaciones contra McCarrick es de 2006. El mismo Viganò escribe que preparó dos apuntes detallados contra el cardenal y que los envió a sus superiores (en ese momento el cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone, acusado de haber ayudado a demasiados homosexuales para que obtuvieran puestos de responsabilidad en la Curia y en la Iglesia). También tardó en llegar la respuesta a esos apuntes, aunque Viganò afirma que en 2009 o en 2010 Benedicto XVI decidió imponer sanciones McCarrick, que ya había renunciado, para que dejara de vivir en el seminario, dejara de celebrar o aparecer en público y para que dejara de viajar. McCarrick no tomó en serio estas sanciones, sanciones secretas. Es suficiente navegar en internet pocos minutos para darse cuenta de que, incluso después de las presuntas sanciones del Papa Ratzinger, el cardenal estadounidense siguió celebrando en público y dictando conferencias.

El último capítulo: en junio de 2013 Viganò, durante una audiencia privada, habría respondido a una pregunta del Papa Francisco sobre McCarrick, indicando que existía un informe contra el cardenal lleno de acusaciones en la Congregación para los Obispos. Viganò no afirma haber entregado, ni ese día ni en el futuro, documentos o denuncias contra McCarrick al nuevo Papa. Pero esas pocas palabras durante la audiencia privada le parecen suficientes para afirmar que Francisco no se habría comportado correctamente, sino que habría ayudado de alguna manera al anciano cardenal, que se habría convertido, según afirma el ex nuncio sin ofrecer detalles ni referirse a hechos precisos, en un consejero del nuevo Papa para los nombramientos episcopales estadounidenses. No hay que olvidar que McCarrick ya no tenía encargos desde 2006, era un cardenal arzobispo emérito.

Más allá de los detalles de un texto que evidentemente forma parte de las personales batallas eclesiales de un religioso que nunca pudo digerir su alejamiento del Vaticano por decisión de Benedicto XVI, y del uso instrumental que aprovechan las huestes anti-Francisco y sus adelantados en la Iglesia (tanto en la política internacional como en los medios de comunicación), hay que aclarar algunos hechos.

El primero tiene que ver con el nombramiento de McCarrick en Washington y, sobre todo, con su posterior inclusión en el Colegio cardenalicio. En 2000 el Papa Juan Pablo II no estaba viviendo sus últimos días (falleció cinco años más tarde), y decir que estaba cansado, enfermo o que era incapaz de tomar decisiones sería poco apropiado. Hay que suponer que el cardenal Sodano ocultó informaciones fundamentales al Pontífice. Noticias que llegaban del nuncio apostólico en Washington, que, además, podía ponerse en contacto directo con el Papa. El cardenal Giovanni Battista Re (que según Viganò se opuso por escrito al nombramiento de McCarrick apenas nombrado Prefecto de la Congregación para los Obispos) era una persona cercana al Papa y también al poderoso secretario de Wojtyla, monseñor Stanislaw Dziwisz. ¿Por qué nadie le dijo al Pontífice que existían acusaciones contra el candidato al arzobispado de Washington? ¿Por qué nadie frenó su posterior creación cardenalicia?

El segundo hecho se refiere al lapso que va de 2006 a 2013. Viganò asegura que existen sanciones secretas contra McCarrick (impuestas por Benedicto XVI) y ataca al sucesor de McCarrick en Washington, Donald Wuerl, porque habría fingido no saber nada. Estas sanciones obligaban al cardenal molestador de seminaristas adultos y de jóvenes sacerdotes a vivir retirado en oración y penitencia, sin aparecer o celebrar en público. ¿Por qué, a pesar de estas sanciones, McCarrick no obedeció y siguió haciendo lo que hacía antes como cardenal jubilado, celebrando misas y dictando conferencias? ¿Por qué nadie pidió que se respetaran las órdenes papales y por qué nadie avisó al Pontífice sobre esta grave desobediencia? ¿Por qué el Papa Ratzinger eligió mantener en secreto estas sanciones (siempre y cuando las afirmaciones de Viganò sean verdaderas) sin darlas nunca a conocer?

Un tercer hecho. Cuando este año se supo de una denuncia concreta en contra de McCarrick por haber acusado de un menor (episodio de su periodo como sacerdote en Nueva York), el Papa Francisco le impuso vivir retirado y le quitó la púrpura cardenalicia: la primera y verdadera sanción radical contra el ex arzobispo, que no tiene precedentes en la historia reciente de la Iglesia. Hasta 2018, es decir hasta que se abrió una investigación formal canónica contra McCarrick, las acusaciones se referían a relaciones homosexuales con personas adultas. Y sigue pendiente otra pregunta: ¿por qué Viganò no dio a conocer estas informaciones hasta ahora, si es verdad que estaba tan convencido de que se trataba de una prioridad para la Iglesia? ¿Por qué, como nuncio apostólico en Estados Unidos, no escribió al nuevo Papa invitándolo a aplicar medidas en contra de McCarrick, con la finalidad de que finalmente las sanciones secretas de Benedicto fueran aplicadas (cosa que, evidentemente, no sucedió antes)? (La Stampa).

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