Infraestructura vial y transporte público, grandes fracasos de Remberto

CANCÚN.— Desde hace ya muchos años el centro de Cancún ha ido agonizando lentamente. Quizá por eso no se notaba la magnitud del deterioro. El “Cancún de 10” que tanto pregonó Remberto Estrada Barba durante dos años, a dos días de dejar la administración municipal es una ciudad con obras menores con las que trata de maquillar el desastre en el que lo convirtió.

La reciente entrada en funcionamiento del par vial de la avenida Xcaret evidenció las carencias y rezagos en materia de vialidades que padece Cancún, y aunque los conductores de alguna forma se han ido acostumbrando al cambio de sentido y al cierre de retornos en avenidas tan importantes como la Kabah, éste podría agravarse en el futuro cercano con la prórroga de concesión a las empresas de transporte público, un “Cabildazo” con el que se garantizaría que la población seguirá padeciendo el conflictivo y pésimo servicio actual.

Este tema quedará pendiente y será una de las nefastas herencias de Remberto a la administración de Mara Lezama, que también debe ser analizado por el Congreso local. En este sentido la Ley de los Municipios, en su artículo 177, establece que cuando una concesión va a rebasar el periodo de gobierno de la administración municipal, debe de pasar al Congreso para su aprobación. En este caso, esta aprobación que hizo la mayoría de regidores del municipio de Benito Juárez, tendrá que llegar al Congreso para que la Comisión de Transportes la analice.

El Cancún apacible que conocieron quienes llegaron a vivir aquí en los 70 y 80 dejó de existir. Aquella ciudad forma parte de ese universo nostálgico que ya no volverá. Pero una cosa es el crecimiento natural de una ciudad y los problemas que se generan, y otra muy distinta es la displicencia, insensibilidad e irresponsabilidad al no aplicar acciones a tiempo para evitar que los problemas se agudicen.

A consecuencia de ello la ciudad actualmente parece un remiendo y va camino a convertirse en una obra macabra del Dr. Frankestein. La locura vial contempla un exceso de transporte público (autobuses, combis, micros, vans, entre otros muchos). Cancún requiere un verdadero proyecto vial de fondo, que contemple obras tan necesarias como pasos a desnivel en áreas conflictivas, restructurar las rutas de transporte e incluso implementar otro tipo de servicios más eficientes y amigables con el medio ambiente, como un metrobus; ampliar avenidas y calles y, de ser necesario, expropiar inmuebles para rectificar trazos y ensanchar vialidades.

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