México, hacia su transformación histórica

 

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Koldo Castillo

 

A escasas fechas (1o de diciembre), de que asuma el poder en México, Andrés Manuel López Obrador, presidente electo en los comicios del pasado 2 de julio, los niveles de popularidad del líder izquierdista superan el 70% de aprobación pública, en un fenómeno de esperanza colectiva desconocido hasta hoy en este país.

En su tercer intento por llegar a la Presidencia de la República Mexicana y tras dos evidentes fraudes electorales por parte del poder oligárquico tradicional, en los comicios de 2006 y 2012, esta vez el relleno de urnas, la compra de votos y todo el aparato del Estado no pudo evitar que la masiva votación popular y la división entre los dos partidos que tradicionalmente se repartían el poder (PRI y PAN) dieran un victoria contundente al partido Morena, fundado por López Obrador, al verse con dos tercios de los votos en disputa y confirmar su mayoría absoluta en el Congreso y el Senado federales, además de alzarse con el triunfo de la mayor parte de los ayuntamientos y gobernaturas estatales en juego.

Con el poder legislativo a su favor, el líder izquierdista tiene las manos libres para emprender lo que él ha llamado la “Cuarta Transformación del Estado Mexicano”, un país que con sus 120 millones de habitantes y enormes recursos naturales no ha podido alcanzar hasta ahora el grado de desarrollado debido a la corrupción rampante en todos sus órganos de poder y a la enorme desigualdad social que arrastra desde la época de la colonia. En México se dan las mayores fortunas de América Latina junto a cerca de 40 millones de habitantes situados entre la pobreza y la pobreza extrema.

Obras faraónicas junto a desigualdad social

Hace 24 años entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de México con Estados Unidos  y Canadá, del cual los beneficiados en este país fueron los grandes empresarios que acuñaron inmensas fortunas, resultado de exportar la mayor parte de su producción agrícola e industrial al mercado del norte, mientras nadie se preocupó en hacer crecer el mercado interno mexicano.

Es más, cada vez que podían, los exportadores apostaban contra la moneda nacional (peso) para devaluarla y así masificar sus ganancias en dólares estadounidenses, aunque esto conllevara a que cada vez el rezago en los salarios de los trabajadores fuera más evidente. Hoy, mientras un trabajador en una planta de armado de automóviles en Estados Unidos o Canadá supera los 20 dólares la hora laborada, en México está por debajo de tres.

La clase media, la que costó consolidar en varias décadas de desarrollo entre los años 50 y 70, ha perdido en los últimos años una hora en parte de su poder adquisitivo, a pesar de que el país pasó de agrario y rural, a ser una potencia urbana e industrial, aunque la mayor parte de la población ha quedado rezagada en el desarrollo.

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Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAICM), una obra faraónica en un país con alto índice de pobreza.

El manejo del presupuesto federal ha sido un ejemplo de nepotismo y robo sistemático. Mientras los gobernadores de buena parte de los 31 estados federales hacían y deshacían con las finanzas públicas, en un saqueo sistemático, en el orden federal el Presidente y sus acólitos se sirvieron a su antojo. Un ejemplo es el faraónico nuevo aeropuerto que está en construcción en el Valle de México y donde se pretende urbanizar el antiguo lago de Texcoco. El presupuesto a invertir en esta mega obra es de más de 30000 millones de dólares y para ello el gobierno saliente pretende hipotecar el futuro financiero del país.

López Obrador ha propuesto una consulta popular sobre el futuro del aeropuerto e incluso presentará otras alternativas más racionales y mucho menos ostentosas, como adaptar el aeropuerto militar de Santa Lucia, a pocos kilómetros de la Ciudad de México. Su última propuesta ha sido ofrecer a los grupos financieros posicionados a favor de la mega obra a que sean ellos los que lo construyan y la operen, sin endeudar al país. Esta propuesta va dirigida contra los grandes beneficiados con el crecimiento económico mexicano de las últimas décadas. Y concretamente contra el grupo de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, según la Revista Forbes, y que mayor interés tiene en este proyecto.

Aun siendo el gran negocio la construcción del aeropuerto, diversos fuentes sostienen que el verdadero negocio es inmobiliario, ya que miles de hectáreas en los alrededores de esas instalaciones han sido adquiridas por las grandes constructores, en un intento por hacer una nueva Ciudad de México de alto nivel económico.

Desarrollo del sur del país

Donde mayor empeño está poniendo el próximo presidente es en potenciar el desarrollo del sur-sureste del país. La gran zona indígena abandonada y que en 30 años no ha conocido ningún desarrollo económico. Para ello propone la construcción del ferrocarril Maya, destinado a favorecer el despegue turístico de cientos de zonas arqueológicas y coloniales de la Península de Yucatán, aunado a la construcción de refinerías petrolíferas y una descentralización de la burocracia de la Ciudad de México, toda vez que se pretende enviar las sedes de los diferentes ministerios a ciudades intermedias, como Turismo a Quintana Roo, Medio Ambiente a Yucatán o la sede de la empresa petrolífera nacional (PEMEX) a Ciudad del Carmen, Campeche.

El saqueo energético

Hace seis años la empresa petrolera estatal PEMEX, tenía una producción de dos millones seiscientos mil barriles de crudo al día. Hoy, apenas está en menos de la mitad y además cerca del 75% de las gasolinas y gasoil que consume el país son importados de Estados Unidos, en un claro intento de desaparecer a la empresa estatal.

El negocio que se entregó a los grupos financieros mexicanos y extranjeros aliados con los políticos locales fue multimillonario, a costa del erario público, por lo que el nuevo presidente ha prometido una fuerte investigación sobre el saqueo energético y ya prometió fincar responsabilidades sobre el gobierno saliente.

La esperanza de una recuperación del desarrollo nacional está servida en México, aunque la labor por parte del nuevo Ejecutivo parece ingente. Un país que aspira a la modernidad no puede permitirse un formato de gobierno basado en la injusticia social y en la perpetuación de privilegios históricos.

Comentarios: koldocastillo@hotmail.com

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