Pon tu pensamiento en mí

Clavelito 1
Miguel Alfonso Pozo, más conocido como “Clavelito”. Foto: Música Campesina de Cuba.

Ciro Bianchi Ross

Publicado en: Apuntes del cartulario

LA HABANA.— Era un buen poeta repentista. Tenía ángel para la improvisación y la décima campesina. Pero Miguel Alfonso Pozo —Clavelito— animado por el deseo ferviente de ayudar a los demás, comenzó un día a hacerlo a través de su programa de radio y su fama creció como la espuma. La gente lo vio entonces como un “preocupado y atento consejero” al que podía pedírsele la solución de un problema práctico o de un asunto amoroso e incluso la cura de la salud quebrantada, lo que lo convirtió en “el primer curandero del país apoyado en un micrófono de profundas y lejanas resonancias”.

Para curar, Clavelito magnetizaba el agua que el doliente bebería al día siguiente. Lo curioso es que lo hacía con una linterna. Como no todos los que la necesitaban podían acercársele, aconsejaba a los que estaban lejos que, mientras lo escuchaban en silencio, colocaran un vaso de agua encima del receptor de radio. Si veían la imagen del trovador reflejada en el líquido podían beber el agua con absoluta confianza porque esa agua curaba. Jamás pudo explicar en qué radicaba su poder. Pero lo consideraba un privilegio de la providencia. “Lo mío es lo imposible hecho posible; lo inverosímil hecho verosímil”, decía Clavelito, que gustaba definirse como “el hombre del destino”.

Una bien acoplada música de claves y guitarras abría El Buzón de Clavelito, que salía al aire por Unión Radio-TV y servía de fondo a la voz del trovador: “Pon tu pensamiento en mí / y harás que en este momento / mi fuerza de pensamiento / ejerza el bien sobre ti”. La música iba desenvolviéndose y entraba entonces el locutor y decía:

“Un milagro de la naturaleza en el deleite de una canción guajira. Manifiesto de los elementos que contribuyen al éxito, a la salud, al amor, a la felicidad. Poeta, intérprete de los corazones incomprendidos. Mensajero de la buena suerte. Si usted no es feliz, si tiene algún problema, si no tiene salud, si no tiene empleo, si el dinero no le rinde, si no tiene amor… Oiga a Clavelito en silencio. En silencio, por favor…”

Y entonces Clavelito, con un montón de cartas y telegramas en las manos, empezaba a cantar y a hablar, de prisa, sin meditar apenas en lo que decía, sobre la marcha de la lectura vertiginosa: “Manolo García, tu mal tiene remedio… Señora de Matanzas, tengo una solución… Muchacha desesperada de Cabaiguán, yo sé cuál es tu problema…”

Clavelito 2

Fuera del estudio se formaban colas de hasta de tres cuadras para ver a Clavelito, y llovían las cartas dirigidas a su programa. Setecientas en la primera semana, dos mil en la segunda, 10 mil… Llegó el momento en que se necesitó un camión para transportar hasta la emisora los miles y miles de cartas que le enviaban. En muchas de ellas se agradecía la gracia concedida. Así, Esmeralda Serrano, de Cascorro, le confía que, tal como él se lo indicó, puso un pedacito del billete 25 187 encima del radio y se sacó el premio gordo de la Lotería. Y Ramón Barzaga, de Contramaestre, dice que desde que barrió la casa como Clavelito le dijo que lo hiciera se le quitó la punzada que tenía en el lado izquierdo del pecho. La señora CPB, de Manzanillo, está feliz: desde que lo escucha, todo es tranquilidad en su casa: consiguió reconciliarse con el esposo y el niño, que no salía del médico, logró recuperarse del todo…

El programa avanzó viento en popa hasta que Unión Radio decidió crear paréntesis a lo largo de toda su programación para, más allá del espacio de Clavelito, dar respuesta a los que pedían consejo al cantante, lo que obligaba a los interesados a mantenerse atados a esa emisora durante todo el día. Y eso sí no lo toleró la competencia ya que la audiencia prefería oír la solución de su propia novela a seguir los lagrimeantes argumentos ajenos. Es así que la Comisión de Ética Radial, la Asociación de Anunciantes de Cuba y el Bloque Cubano de Prensa arremeten contra el programa y logran que sea suspendido el 5 de agosto de 1952. Clavelito entonces volvió a sus versos bucólicos, pero ya nada fue igual.

Miguel Alfonso Pozo, Clavelito, nació en Santa Clara, el 29 de septiembre de 1909. Hijo de un mambí, tuvo una infancia muy humilde, improvisó antes de aprender a leer y leyó mucho cuando supo hacerlo, sobre todo libros de psicología. Escribió varios libros, entre ellos dos novelas. No queda claro si llegó a postular un acta como Representante a la Cámara. Con esa intención, cambió en el Registro Civil su nombre de Miguel por el de Clavelito. Durante sus últimos años hizo presentaciones en una humilde carpa de circo, en La Víbora. Murió en La Habana, el 21 de julio de 1975.

Aunque decía que no le interesaba el dinero, hizo su platica con los augurios. Se creyó un nuevo Mesías y puso una nota única en el folclor cubano. ¿A quién dañó con su programa? Llevó un poco de esperanza a gente que apenas la tenía y con sus consejos cantados sobre el uso de tal o más cual planta medicinal trató de aliviar el quebranto de aquellos que no disponían de médicos para curarse. ¿Qué mal hubo en eso? Por eso, luego de la suspensión del programa, un dibujante de la época caricaturizó a Liborio y puso a su pie estos versos: “Todo se opone a mi paso / siempre me toca sufrir / el más rotundo fracaso…/ sin agua, radio ni vaso / ¿qué cosa voy a pedir?”.

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