El hambre aguda sigue afectando a más de 100 millones de personas

hambre

BRUSELAS.— Un informe presentado hoy conjuntamente por la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), concluye que alrededor de 113 millones de personas en 53 países experimentaron inseguridad alimentaria aguda en 2018, en comparación con 124 millones en 2017.

El Comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo, Neven Mimica, declaró a este respecto que “la inseguridad alimentaria sigue siendo un reto global. Por ello, entre 2014 y 2020, la UE habrá destinado cerca de 9 000 millones de euros a iniciativas sobre seguridad alimentaria y nutricional y agricultura sostenible en más de 60 países. El Informe Mundial de hoy subraya la necesidad de fortalecer la cooperación entre los actores humanitarios, de desarrollo y de la paz para revertir y prevenir las crisis alimentarias. Una Red Mundial más fuerte puede ayudar a lograr cambios sobre el terreno para las personas que realmente los necesitan”.

El Comisario europeo de Ayuda Humanitaria y Gestión de Crisis, Christos Stylianides, aseguró por su parte que “las crisis alimentarias continúan siendo un reto mundial que requiere de nuestro esfuerzo conjunto. La UE sigue intensificando sus esfuerzos humanitarios. En los últimos tres años, la UE ha asignado el mayor presupuesto de ayuda humanitaria alimentaria y nutricional de su historia, con casi 2 000 millones de euros en total. Las crisis alimentarias son cada vez más agudas y complejas y necesitamos formas innovadoras de abordarlas y evitar que se produzcan. El Informe Mundial supone una base para definir los próximos pasos de la Red Mundial, mejorando nuestros mecanismos de coordinación”.

Principales conclusiones:

La cifra de 113 millones de personas que se enfrentan a crisis alimentarias es ligeramente inferior a los 124 millones de personas de 2017. Sin embargo, el número de personas en el mundo que padecen estas crisis alimentarias se ha mantenido por encima de los 100 millones en los últimos tres años, y el número de países afectados ha aumentado. Además, otros 143 millones de personas en otros 42 países están solamente a un paso de tener que enfrentarse al hambre aguda.

Casi dos tercios de las personas que padecen hambre aguda se encuentran en sólo ocho países: Afganistán, Etiopía, Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen. En 17 países, el hambre aguda se mantuvo o aumentó.

Los desastres climáticos y naturales condujeron a otros 29 millones de personas a la inseguridad alimentaria aguda en 2018. Y 13 países -incluidos Corea del Norte y Venezuela- no están incluidos en el análisis debido a la falta de datos.

“Del Informe Mundial se desprende claramente que, a pesar de una ligera disminución en 2018 del número de personas que padecen inseguridad alimentaria aguda – la forma más extrema de hambre -, la cifra sigue siendo demasiado elevada. Debemos actuar a gran escala, vinculando el desarrollo humanitario y la paz para aumentar la resiliencia de las poblaciones vulnerables afectadas. Para salvar vidas, tenemos también que salvaguardar los medios de subsistencia”, aseguró el Director General de la FAO, José Graziano da Silva.

“Para poner fin de verdad al hambre, debemos atacar sus causas profundas: los conflictos, la inestabilidad y los efectos de las crisis climáticas. Los niños y niñas deben estar bien alimentados y educados, las mujeres deben estar realmente empoderadas y las infraestructuras rurales deben reforzarse para poder alcanzar el objetivo del Hambre Cero. Los programas que hacen que una comunidad sea resiliente y más estable también reducirán el número de personas hambrientas. Y algo que necesitamos hagan también los dirigentes mundiales: estar a la altura de las circunstancias y ayudar a resolver estos conflictos, ahora mismo”, indicó el Director Ejecutivo del PMA, David Beasley.

Las conclusiones del informe suponen un enérgico llamamiento a una cooperación reforzada que vincule la prevención, preparación y respuesta para abordar las necesidades humanitarias urgentes y las causas profundas, entre las que se incluyen el cambio climático, crisis económicas, conflictos y desplazamientos de población. Además, se destaca la necesidad de un enfoque y una acción unificados en las dimensiones humanitarias y de desarrollo de las crisis alimentarias, así como de una mayor inversión en la mitigación de los conflictos y la paz sostenible. (FAO México).

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