Trump. ¿Calígula atómico o líder del nacionaltrumpismo?

Donald Trump

N. Mario Rizzo M., (especial para UNQR)

 

En su ensayo “Notas sobre América, en vísperas de los sesenta años de la Revolución Cubana”, próximo a publicarse en la revista Casa de las Américas, órgano de la institución homónima la cual preside, el destacado intelectual cubano Roberto Fernández Retamar, quien entre sus muchos méritos intelectuales incluye haber sido profesor en la Universidad de Yale, sostiene que “Al país más poderoso que nunca haya existido, los Estados Unidos, lo desgobierna, junto con un equipo de similar calaña (formado en gran parte por generales guerreristas y por multimillonarios como el propio presidente), un ser racista, xenófobo, sexista, mendaz, profascista, a quien he llamado «Calígula atómico», mientras el politólogo mexicano John Saxe Fernández ha hablado del «nacional trumpismo»”.

Sin licencia del autor no sólo le hemos citado sino usado lo por él expuesto para titular este artículo, que sin intención de agotar un tema complejo, o negar lo peligroso que para la humanidad resulta la actual administración norteamericana, pretende acercarse a la rabia anticubana de Donald Trump desde una perspectiva diferente.

Desde que en 1996 Bill Clinton firmara la Ley Helms-Burton se había venido aplazando la aplicación de los títulos III y IV, que en esencia permiten presentar demandas ante tribunales de los EE.UU. a norteamericanos, y a cubanos que ahora dispongan de esa nacionalidad, contra cualquier persona o entidad jurídica que ahora posea o siquiera comercie con los actuales dueños de propiedades que hayan sido nacionalizadas por la Revolución Cubana, y restringir la entrada a EE.UU. de quienes trafiquen o comercien con los mismos.

Ley Helms Burton

El aplazamiento no fue casual; respondió a demandas de la Unión Europea puesto que muchos empresarios de esa zona, también de Canadá, Rusia y China,  han invertido en Cuba en negocios que según la controvertida ley pueden ser objeto de demandas legales.

La propia ley, en su totalidad, es un engendro jurídico que tuvo que recurrir a numerosas marañas legales para no ser inconstitucional, amén de que daña a los norteamericanos impedidos de invertir o comerciar con Cuba, e incluso visitar la isla.

El Título II Título II, que sí se aplicó de inmediato, establece que para la eliminación del Bloqueo y las futuras relaciones con una supuesta Cuba post-revolucionaria una condición indispensable será la devolución de sus propiedades a quienes las perdieron el primero de enero de 1959. Ello explica por qué las siguientes administraciones no pudieron, ni pueden, poner fin al bloqueo contra Cuba, lo cual ha sido aprobado casi por unanimidad por la Asamblea General de la ONU por más de veinte años, sin que el Congreso derogue tal legislación.

Desde ese propio año 1996 Cuba aprobó una ley que reconoce que Cuba siempre estuvo dispuesta a indemnizar a los empresarios norteamericanos dueños de propiedades nacionalizadas, lo cual no se realizó por decisión del gobierno norteamericano, y que desde entonces tales indemnizaciones sólo podrán realizarse si los EE.UU. indemnizan a Cuba por todos los daños generados por el bloqueo económico, comercial y financiero.

Entonces, ¿por qué la actual administración decide autorizar la aplicación de los Títulos III y IV en estos momentos?

Alegan cualquier cosa; que funcionarios diplomáticos norteamericanos en la isla fueron dañados por ataques sónicos, que Cuba tiene fuerzas militares en Venezuela que sostienen al régimen de Maduro y masacran al pueblo venezolano, que la aprobación de la nueva Constitución cubana en soberano referendo fue un fraude y los cubanos sufren calamidades económicas y falta de libertades, o cualquier otro argumento que va desde lo ridículo a lo criminal, sustentado todo en lo que ahora se llaman falsas noticias.

Si bien el nacionaltrumpismo ha resucitado la Doctrina Monroe, “América para los (norte) americanos”, ha decidido eliminar a cualquier gobierno de tendencias populares en el continente, y se encamina a restablecer a cualquier precio su control económico y político sobre la región, no debe asombrarnos si descubrimos que el enemigo real en esta batalla son las potencias que comienzan a restablecer cierto multilateralismo mundial, China y Rusia, y la Unión Europea.

Contra China y Rusia se ha intentado todo lo que el arsenal no militar ha permitido: sanciones, guerras aduanales, campañas publicitarias venenosas, etc. Contra la Unión Europea, luego de criticarla por no enfrentar proporcionalmente los gastos de la OTAN, ahora comienza también una guerra económica.

¿Por qué los EE.UU., al menos la actual administración, ha decidido ir contra todos? Existe una sola razón, la superpotencia se hunde más rápidamente de lo esperado por quienes proclamaron que eliminado el comunismo mundial el capitalismo sería eterno.

Una gráfica de la dinámica de la deuda pública estadounidense difundida esta semana por la Oficina Presupuestaria del Congreso de EE.UU. muestra un auge en desarrollo desde el año 2010 comparable solo con la II Guerra Mundial. La previsión para la década del 2030 supone que superará el pico correspondiente a la principal contienda del siglo XX e irá más allá exponencialmente.

Una explicación dice que ese previsible crecimiento constante de la deuda en poder del público se debe a los déficits persistentemente grandes. Se estima que en el año 2029 el índice llegará al 93% del PIB anual y hacia el 2049 ascenderá al 150%: una cifra jamás vista en el pasado. Con algunas enmiendas en la legislación vigente podría producirse un aumento aún mayor, alude el pronóstico.

Mientras tanto, la espiral de deuda va mucho más allá de la cifra básica de 22 billones de dólares correspondiente a la deuda en poder del público. El endeudamiento de todos los sectores, incluidos los bonos, préstamos y obligaciones intergubernamentales, ha superado los 72 billones de dólares, según estimó en marzo pasado la Junta de Regentes del Sistema de la Reserva Federal.

Una vez dividido el enorme monto de la deuda por el número de habitantes de EE.UU. (329 millones, según el censo nacional), sería casi de 220.000 dólares por persona.

Sólo es necesario recordar de qué manera salió Alemania de la gran crisis luego de la Primera Guerra Mundial, el nacionalsocialismo llegó al poder.

Claro está que el gran objetivo no excluye otros de menor trascendencia, como por ejemplo asegurar el suministro de petróleo venezolano cuya calidad es superior al de esquisto y con costos de producción inferiores.

Para sojuzgar a Venezuela resulta necesario aislarla y asfixiarla, y en buena medida eliminar el ejemplo cubano forma parte de esa estrategia.

Cuba ni amenaza ni resulta un problema actualmente para los EE.UU., incluso sus agricultores, ganaderos, comerciantes, y hasta posibles inversores, habían visto una posibilidad de crecimiento al mejorar las relaciones con Cuba.

Aplicar en su totalidad la Helms-Burton demuestra al mundo que los EE.UU. aplicarán la Doctrina Monroe duela a quien le duela, aunque entre los dolientes se encuentre el propio sistema judicial norteamericano incapaz de hacer frente a la avalancha de demandas que se avecina y el propio pueblo norteamericano cuyos derechos se ven conculcados. Lamentablemente esto es sólo el inicio de una debacle que sólo corresponde detener al propio pueblo estadounidense.

(En cursiva texto tomado de RT).

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