El sargazo pone en crisis a nuestro paraíso caribeño

 

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Luis Castillo

 

Hasta ahora, en el Caribe Mexicano habíamos tenido suerte. Alejados de grandes zonas urbanas e industriales, lejos de refinerías petrolíferas o del tránsito de grandes buques tanques de crudo, nos creíamos libres de cualquier contaminación.

Nada hacía predecir que la naturaleza, ya alterada por el hombre nos iba a amenazar, hasta que arrastrada por las corrientes marinas, una ingente cantidad de algas (sargazo), procedente del área central del océano Atlántico nos iba a alcanzar, con previsibles efectos devastadores para el medio ambiente costero y, por lo tanto, para la economía turística de nuestra entidad.

En junio del pasado año se comenzaron a ver concentraciones de sargazo importante recalando en las playas y según avanzó la temporada de calor se incrementó su llegada. Las autoridades locales, dieron la voz de alarma y con los medios estatales disponibles se empezaron a tomar medidas contra esta recalada, pero, por desgracia, el fenómeno va en aumento y este año el problema se ha agudizado.

Mientras, el presidente López Obrador anunciaba el 7 de mayo un plan de combate al fenómeno, y la decisión de poner en manos de la Marina la coordinación del mismo, la realidad es que mientras la masa de algas siguen llegando, los planes federales están por verse ni conocerse y únicamente se tiene noticias de que un barco se encuentra en el área.  Mientras el gobierno del estado, con sus recursos propios, ha asumido el combate directo al problema, apoyado por varios municipios costeros como Puerto Morelos, Solidaridad y en forma muy folclórica, Cancún.

Nuestras autoridades federales no parece que le han dado importancia al problema. Sin sacar de contexto  el mismo puede crecer a nivel de un gran desastre ambiental, quizás equivalente a una marea negra provocada por derrames de petróleo, por lo que la frivolidad con que desde Ciudad de México se atiende el problema causa temor entre los quintanarroenses, especialmente entre las autoridades locales, conscientes de que toda la economía de nuestra costa puede irse al traste por esta masa de algas, como muestran las masivas cancelaciones de reservaciones que ya denuncian los hoteleros y que en algunas cadenas alcanzar ya el 30%.

Encargar este asunto a la Marina no parece el mejor acierto, ya que un problema de esta envergadura requiere la atención de todo el Ejecutivo. La Semarnat, como casi siempre, con su burocracia histórica, es el organismo que en lugar de estar al frente del combate, impone todos los atrasos posibles, lo que aunado a la pichicatería de la Secretaría de Hacienda en otorgar recursos urgentes para poner en marcha el operativo , han dejado solo al Gobierno de Quintana Roo enfrentando el problema.

Y detrás viene lo peor. Según datos recabados por organismos internacionales, la concentración de sargazo puede llegar al millón de toneladas, y avanza implacable hacia el noroeste, y nosotros somos el punto final de recalada. Soluciones mágicas no hay, pero como todo problema, debe enfrentarse directamente. Primero, evitando que la masa de materia viva llega a las playas, donde, si no se recoge, se pudre y emite gases contaminantes, principalmente ácido sulfúrico, que afectan al mar, arrecifes, playa y hasta el manto freático, y después buscando un destino para esa enorme cantidad de materia orgánica que contaminaría cualquier lugar donde fuera acumulada.

En todo este desastre en potencia, el gobierno de Quintana Roo, está demostrando que a su titular, Carlos Joaquín, sí le preocupa su estado y los efectos a largo plazo de este fenómeno, y ya ha presentado un plan para construir siete centros de almacenamiento y tratamiento de las algas para convertir el problema en una solución; compost, fertilizante natural para la agricultura local y las zonas ajardinadas de la entidad.

Los centros de tratamiento deberán estar en lugares cercanos a la costa para que el traslado del sargazo no incremente los costos y allí convertirlo en tierra orgánica.

Lógicamente, lo que va a marcar el resultado del proyecto es que el dinero llegue a tiempo y el Ejecutivo Federal, se tome en serio un problema que llego para quedarse, porque el calentamiento del Océano Atlántico y los grandes vertidos de fertilizantes procedentes de la agricultura intensiva, frente a la desembocadura del río Amazonas, van a seguir provocando el crecimiento incontrolable de estas algas, por muchos años.

Comentarios: koldocastillo@hotmail.com

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