El gobierno de AMLO visto bajo cristal de aumento

amlo

N. Mario Rizzo M.

(Corresponsal para el Caribe de UNQR)

 

Hace unas semanas publiqué en este mismo medio un comentario que titulé “AMLO entre la espada y la pared”. Pretendí, en ese momento, expresar cuanto peligro representa para el actual gobierno mexicano emprender un camino de cero corrupciones, disminución de la desigualdad social, y al mismo tiempo, contando con la participación de la empresa privada, promover el desarrollo económico.

Pero en el México actual el tiempo corre con gran velocidad, los acontecimientos se desencadenan aceleradamente, y el Gobierno Federal debe usar todos los medios a su alcance para no perder el rumbo propuesto.

Como vivimos en época de etiquetas, recuerden que todo aquel que contradiga a Trump es “socialista”, a AMLO le pretenden colgar la de “populista”, como sello de su posible incapacidad de sostenerse en el poder sin ampliar su base social mediante regalías.

Ni los contrarios a Trump son socialistas, ni AMLO es populista. Los primeros pretenden salvar de la crisis final a los EE.UU. con políticas más sensatas, el segundo sólo hace lo que a su alcance está para reducir la galopante desigualdad económica en un país que pudiera ser de miel y leche para todos.

AMLO tendrá, al menos en mi opinión, que buscar resultados más abarcadores en la esfera económica y apelar menos al discurso ideológico que condena los males introducidos por los neoliberales. Para el mexicano de “a pie” no basta con oír decir que los otros lo hicieron peor, necesitan ver que este lo hace mejor porque pueden comprar más alimentos con su sueldo, o pagan menos por la gasolina, o se protegen las fuentes de ingreso del país.

Las conferencias mañaneras y los encuentros con grupos de ciudadanos no son su más novedoso aporte a la política; Fidel Castro en la Cuba de los 60 y 70 del pasado siglo tuvo su propia versión; Chávez en Venezuela cautivó con sus “Aló, Presidente”; Correa en Ecuador hizo lo suyo. Son útiles, pero ni deben desgastar o aburrir, ni son la única vía.

El principal aporte político de AMLO parece ser su capacidad de armar un movimiento conteniendo gentes de muy diversos orígenes políticos, que ha estimulado la participación ciudadana sustituyendo al clientelismo histórico, y todo ello en un régimen federativo donde hasta hace poco la pluralidad radicaba en ver de qué forma podían enriquecerse los políticos con el menor riesgo mientras desangraban al adversario.

AMLO deberá adaptar su programa político a los requerimientos de cada momento. Merece respeto y apoyo pues ha demostrado ser el más honesto de los políticos de alto perfil desde hace muchos años. Tiene derecho a errar y rectificar, pero sobre todo a defender sus banderas.

Pero ante todo pensemos ¿alguno de sus antecesores lo hizo mejor?

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