AMLO: Buenas intenciones en un país donde lo ideal y lo real chocan

 

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Luis Castillo

 

En casi hora y media de monólogo, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, plasmó todo su ideario político y social, destacó “sus logros” en sus siete meses de gobierno y planteó una verdadera revolución social en uno de los países con las mayores diferencias sociales del mundo. Su ideario plasmado en “primero los pobres, para que todos vivamos mejor” chocan directamente con los intereses de una oligarquía mexicana que ha mantenido intacta su rapacidad desde los tiempos de la colonia.

El mismo López Obrador, un teórico social de la vieja escuela, con una ideología permeada con tesis socialistas e ideario cristiano, no vive realmente la realidad mexicana, no me refiero a la de los pueblos rurales, los barrios marginales de las prósperas ciudades industriales del norte o turísticas del sur, sino la de las sociales y clubes sociales donde habita la derecha más rancia del país.

Mientras, en su discurso, el Presidente nos habla de “triunfos” en el reparto de apoyos a los sectores marginados, nos presenta proyectos que levanten la economía del atrasado sur-sureste del país y ofrece oportunidades de trabajo sembrando un millón de hectáreas de selvas, bosques  o cultivos, u ofrece su país para que se queden a trabajar cuantos centroamericanos migrantes quieran, los señores del dinero tienen otra visión totalmente diferente, ya que el Ejecutivo les ha tumbado los grandes negocios inmobiliarios que tenían proyectados.

Y como era de esperar, las contradicciones entre los deseos del Presidente y la realidad no tardaron en aparecer. Al ofrecimiento de paso libre para los emigrantes centroamericanos que buscaban llegar a Estados Unidos, se le colaron cientos de miles de personas de todo el mundo manejados por las redes de tráfico de humanos. El resultado, el vecino del norte explotó y amenazó con un arancel a las exportaciones mexicanas si este país no controlaba el tráfico. La primera crisis en los planes del Presidente mexicano.

En estos momentos, López Obrador está minimizando el problema del arribo del sargazo que afecta a la península de Yucatán. La amenaza es tan seria para todo el mundo turístico, menos para el Presidente, que las cancelaciones hoteleras ya son una realidad en alrededor del 30% para la temporada de verano y si no se atiende y esta tendencia se mantiene para el invierno, los despidos masivos de trabajadores en los hoteles, marinas y demás establecimientos turísticos pueden afectar seriamente a este sector, que es el tercer generador de divisas del país, aunado a que la economía del sur-sureste de México se vería afectada porque de Cancún y la Riviera Maya salen remesas muy importantes para las familias de los empleados turísticos en todos los estados sureños.

El enfrentamiento, más ideológico que económico, por la construcción del nuevo aeropuerto en el valle de México y su sustitución por el militar de Santa Lucia, es otra muestra de que el Presidente no mide muy bien las consecuencias de sus actos. Si quería evitar el negocio inmobiliario que grandes empresarios pretendían vendiendo el terreno del actual aeropuerto Benito Juárez y el jugoso negocio que se pretendía hacer en el de Texcoco, siempre se pudieron buscar soluciones intermedias, como entregar su realización a inversionistas privados.

El caso PEMEX es otro tema aparte. Está bien que se pretende recuperar a la empresa, pero parece un tanto desacertado invertir de 8000 a 12000 millones de dólares en una nueva refinería cuando la empresa tiene deudas por encima de los 108 mil millones de dólares, las calificadoras financieras tumban cada día su calificación. En lugar de pagar primero deudas, reflotar financieramente a la empresa, reconstruir las 6 refinerías existentes aumentando su producción y después, una vez logrado, recuperar la extracción de crudo plantear una nueva refinería.

Y así, como los anteriores se pueden enumerar varios temas más muy discutibles. El Tren Maya y su viabilidad económica, el tren del istmo de Tehuantepec, y así varios. El Presidente quiere arreglar este país en seis años y eso no es posible. No es bueno confundir lo deseable con lo realizable, y una caída estrepitosa de la economía nacional sería devastadora para los planes muy bien intencionados de un soñador, idealista, que puede perder el piso con sus sueños de pasar a ser para la historia uno de los mejores presidentes de México.

Comentarios: koldocastillo@hotmail.com

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