Morena enfrenta el reto de renovarse en medio de conflictos internos

 

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Víctor Galván

 

Dado el contexto nacional, a Morena se le presenta un panorama muy oscuro de cara a la renovación de la delegación estatal en Quintana Roo.

Sin duda la renuncia este martes del ahora ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, sumada a las recientes en el IMSS y Semarnat, 3 en tan solo 7 meses, representa una fuerte sacudida a la llamada Cuarta Transformación y, por ende, rebota en toda la estructura morenista, que supuestamente representa la base para el cambio que se pretende.

Lo anterior se suma al afán por conseguir la mayoría en el Congreso federal, donde Morena hizo alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, ambos con una muy mala imagen ante los ciudadanos, sobre todo el último, del que principalmente en Cancún no se tienen muy gratos recuerdos tras el desastre en que resultó la administración de Remberto Estrada Barba.

Esta alianza se replicó en el reciente proceso electoral de este año, también con el afán de Morena de lograr una mayoría en el Congreso estatal, jugada que en el papel rindió frutos, pero que en la realidad podría reflejar lo contrario en la próxima XVI Legislatura de Quintana Roo.

Y por obtener la mayoría el partido lanzó para el proceso electoral local una convocatoria “abierta”, con el resultado de que acudieron en masa a inscribirse todo tipo de “fauna”, arribistas y “chapulines”, que vieron en esta franquicia la mejor opción para seguir viviendo a costa de los contribuyentes, pues el triunfo para el que lograra la candidatura estaba casi asegurado.

Así, los próximos representantes de Morena son tan variopintos como su origen: priistas, verde ecologistas, petistas, perredistas, y este es el fiel reflejo de la actualidad que se vive al interior, pues la forma de designar candidaturas, al más puro estilo del “dedazo”, no dejó satisfechos a fundadores del partido en Quintana Roo, ante la llegada masiva de borgistas, felixistas y un clan de los Ramos que pretende seguir manejando los hilos del poder para satisfacer sus ambiciones personales.

Por ello, aunque los resultados electorales señalan que Morena obtuvo un triunfo de la mano de sus aliados, la realidad indica que este mismo resultado no satisfizo a muchos y prevalecen la desunión y el descontento hacia los líderes locales y nacionales, por el entreguismo a fuerzas políticas tan distintas y distantes del supuesto ideario popular que dicen representar.

Agosto está a la vuelta de la esquina y todo parece indicar que conforme avancen los días se agudizarán las tensiones y el resultado de la renovación de dirigencia es tan impredecible como los bandazos que ha dado Morena en su corta historia en Quintana Roo.

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