El hombre que ayudó a salvar muchas piernas

Doctor
Dr. Jorge Berlanga Acosta, investigador cubano. Foto: Ecured.

N. Mario Rizzo M.

(Especial para UNQR)

 

LA HABANA.— Vivo en un barrio de las afueras de la ciudad de La Habana. Hace casi un par de años a mi cuadra se mudó un nuevo vecino que resultó ser un hombre delgado, canoso, de andar rápido, amable y cortés con todos los que a su paso encontraba.

Es el Dr. Jorge Amador Berlanga Acosta; por la prensa nos enteramos que la Asamblea Nacional del Poder Popular lo había designado como uno de los miembros del Consejo de Estado, órgano colegiado que asume las funciones legislativas entre una y otra sesión del Parlamento, donde son incluidos artistas de mérito, famosos atletas, obreros destacados, intelectuales de varias ramas, científicos, representantes de las organizaciones sociales, políticos de amplio historial.

Jorge Berlanga había sido elegido anteriormente como Diputado a la Asamblea Nacional por el Municipio Playa, puesto que su centro laboral se encuentra en esa barriada; mi nuevo vecino es un prestigioso científico del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología donde se desempeña como Jefe de Proyectos, lugar donde por varios años, acompañado de un amplio grupo de colaboradores, se dedicó por completo a una línea de investigación que finalmente culminó con la producción de un novedoso medicamento único en su género.

Como es persona de una gran modestia, propia de quienes dan mucho de sí sin esperar nada a cambio, tuve que investigar por mi cuenta. El Dr. Berlanga era el cerebro detrás del descubrimiento del Heberprot-P que es un medicamento novedoso y único prescrito para la terapia de la úlcera del pie diabético basado en el factor de crecimiento humano recombinante, mediante infiltración intralesional directamente en el sitio de la herida. La terapia con HEBERPROT-P llena el espacio de una necesidad médica no satisfecha para el tratamiento de las úlceras complejas del pie diabético.

Medicamentos
Foto: Yander Zamora.

Tuve entonces que seguir investigando y encontré que el “pie del diabético”, según el Consenso Internacional sobre Pie del Diabético, es una infección, ulceración o destrucción de los tejidos profundos relacionados con alteraciones neurológicas y distintos grados de enfermedad vascular periférica en las extremidades inferiores que afecta a pacientes con diabetes mellitus y que la amputación de la extremidad inferior del afectado es reconocida como un elemento importante en el padecimiento.

Supe  que a aquel hombre tan sencillo cientos de personas le agradecían haberle salvado una o ambas extremidades inferiores.

Hacia 1994 el Dr. Berlanga integraba el Grupo de Cicatrización del Área de Investigaciones del CIGB que había estudiado el uso del factor de crecimiento epidérmico en ratones con vistas a manejar neuropatías. Comprobó el equipo médico que podían regenerar células nerviosas en el sitio de corte.

Poco después vieron como los animales tratados no desarrollaban úlceras ni perdían dedos. Esta fue la puerta que  abrió el camino hacia el Heberprot-P

Actualmente el nuevo medicamento se ha aplicado en más de 30 países, incluidos los Estados Unidos, y posee registros sanitarios en casi 30 de ellos.

Un equipo de reporteros de la TV Cubana visitó Venezuela recientemente; realizaron un pequeño documental sobre el tratamiento a diabéticos en peligro de ser amputados y que gracias al Heberprot salvaron sus piernas. Uno de los pacientes mostró fotos de sus pies llenos de úlceras, y luego se puso de pie y dando saltitos dijo “pero ya estoy curado”, casi con lágrimas en los ojos agregó: “ahora sólo me falta ir a Cuba y darle un abrazo al Dr. Berlanga, y por qué no, hasta darle un beso”

Mi vecino debe haber visto el reportaje, es más, debe tener cientos de experiencias similares, y tal vez si viviese en Suiza, USA, Francia, u otro país cualquiera, fuese un hombre rico; pero sigue siendo el mismo hombre modesto, amable, que hace sus compras en la tienda de la esquina o cena con prisa en la cafetería cercana, en cuya mirada se puede adivinar que, con el mismo empeño de hace 25 años, trabaja ahora en la búsqueda de algo que tal vez pueda salvar a cardiacos, o enfermos graves de cualquier otra enfermedad.

Y sí, mi vecino es un hombre muy rico, extremadamente rico, pues guarda en su bolsa los buenos deseos de aquellos a quienes ayudó a salvar sus piernas, el reconocimiento de un pueblo, la grata sensación de haber dado mucho sin pedir nada a cambio.

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