Celebra Bacalar a su patrono San Joaquín

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Konaté Hernández

 

BACALAR.— Este viernes 26 de julio la comunidad católica, gremios, apostolados, movimientos eclesiales con la guía espiritual del padre Moisés Julio González Dounce, celebraron a San Joaquín su patrono y manifestaron su fe por las calles, así como por la laguna de Bacalar.

A este respecto Don Ángel Escalante Díaz, devoto de San Joaquín, explicó cómo es que los mayas rebeldes durante la Guerra de Castas tomaron Bacalar en 1848, según anécdotas de su abuelo, quemaron la iglesia, misma que dejaron sepultada entre los escombros del techo que colapsó, sin embargo uno de los jefes mayas descubrió que entre las cenizas estaba la imagen en perfectas condiciones y ordenó a sus inferiores que cargaran al “santito” que le gustó para llevarlo a Chumpon. Pero por más que hicieron por cargarlo no lo pudieron levantar, pues parecía que estaba pegado al suelo, ante tal situación, el jefe maya se encaró con la imagen diciéndole, -¿Con que te niegas a abandonar este lugar? Pues te llevaré aunque sea en pedazos-, pero al levantar el machete le dio un fuerte golpe que le desprendió el brazo derecho con el que sostenía el bastón, en tanto que el machete al instante se rompió en tres pedazos y el agresor murió súbitamente envuelto en su sangre como si se hubiera herido, los subalternos corrieron desenfrenados atemorizados.

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Con los inicios de los 40 años por todo el Territorio de Quintana Roo y por el poblado de Corozal, corrían dos versiones antagónicas sobre la imagen milagrosa de San Joaquín: unos expresaban que la existencia de la imagen era pura fantasía; otros decían que sí existía y que al observarla sentían la presencia de algo divino. Hasta que cierto día el fotógrafo de Corozal, Karin Hall, trato de deshacer entuertos y despejar dudas; para 1942, estaba la imagen de San Joaquín en su casa, donde fue fotografiada. Sacó la imagen abrazándola y la colocó sobre una mesita junto a una albarrada, le quitó su bastón y lo depositó sobre las piedras. Al terminar su trabajo, abrazó la imagen para devolverla a su altar y, al cruzar la calle que era como de diez metros de ancho, empezó a sentirla pasada y dificultad logró llevarla hasta la puerta., se cuestionó -¿Qué pasará con la imagen? de pronto la he sentido pesada.- cuya respuesta fue -¿Qué no se ha dado cuenta de que le falta su bastón?-

Según anécdotas, el padre Francisco Palau, quien atendía la iglesia de san José de payo Obispo, hoy en día Sagrado Corazón, solía frecuentar Bacalar y sus alrededores y vender mercancía en una lanchita, y sucedió en cierta ocasión visitó el altar de San Joaquín y al ver imagen chamuscada con un brazo roto; pensó en llevársela  a Payo Obispo, cosa que no pudo hacer porque se descompuso el motor de su lancha, que logró arreglar al cabo de cuatro días. Listo el motor, colocó la imagen en el vehículo y éste, en lugar de avanzar, dio una voltereta que dañó su mercancía. Entonces el padre se dirigió a la imagen: -Está bien, Joaquinito, si no quieres ir a Payo Obispo, no es para que me hagas tanto desastre-. El padre huyó de Bacalar y de Payo Obispo, y no volvió jamás, amenazado de muerte por predicar el evangelio de Jesús, en tiempos difíciles.

 

La fecha correcta de esta devoción, según el calendario romano, es el 26 de julio, pero la población lo hacia el 16 de agosto, en recuerdo de la noche de 1945, cuando se celebró por vez primera en la iglesia reconstruida después de años de abandono por un motivo histórico arraigado en Quintana Roo: pues resulta que en Bacalar se sintió con fuerza, durante los años 30.s, una terrible sequía, por lo que recurrieron a San Joaquín para pedirle con mucha fe cesara esa calamidad, pues sabían que era poderoso: siendo esposo de Santa Ana, padre de la Virgen María y abuelo de Nuestro Señor Jesucristo, podía fácilmente interceder por nosotros ante el Todopoderoso para enviar las lluvias, así fue como el pueblo tomó en cuenta estos dos hechos; allá por 1937 sólo había asentadas 10 familias en Bacalar.

La imagen de San Joaquín fue víctima de un atentado: el día 15 de julio de 1991, al introducirse a la parroquia a las tres de la tarde en estado de ebriedad, que con furia diabólica jaló de su nicho las tres imágenes de cuerpo entero: San Joaquín, Santa Ana y la Virgen María representada en su niñez, las dos últimas imágenes se hicieron añicos; la única que quedó ilesa, a pesar del fuerte impacto que recibió al caer al piso, fue la de San Joaquín. El autor del sacrilegio era un zapatero remendón que vivía cerca del cementerio, el cual confesó que lo había hecho en forma inconsciente y que estaba arrepentido de su acción, concluyó Escalante Díaz.

Una vida de devoción

Don Ángel Escalante Díaz, de 95 años de edad, originario de Agua Blanca, Quintana Roo. Nació el 2 de agosto de 1910, vecino de Bacalar desde 1937. Hombre profundamente religioso, conocedor de la historia de Bacalar, después de conocer a San Joaquín en 1928, se embarcó en Huay Pix para dirigirse a Bacalar, donde fincó su hogar al lado de su esposa doña Micaela Carrillo Ongay.

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