El Crucero de Cancún, rehabilitación necesaria que genera polémica

 

 

Víctor Galván

 

Mucho “ruido” y controversia generó hoy en redes sociales la sorpresiva demolición del kiosko del parque del Crucero de Cancún, zona que se encuentra actualmente en remodelación. Hubo de todo en los comentarios, desde indignación hasta quienes cuestionaban la utilidad de esa construcción, que hoy desapareció para siempre, dejando en su lugar un boquete momentáneo que será rellenado.

El parque “La Corregidora”, conocido popularmente como del “Crucero” fue inaugurado en 1986, como parte de una remodelación que sufrió la zona, que incluyó la construcción de la plaza comercial, denominada entonces Plaza 2000, actualmente conocida como “Las Tiendas”. En el área del parque operó antes una gasolinera, lo cual es recordado sólo por los cancunenses que llegaron a la ciudad en los años 70 del siglo pasado.

El Crucero es parte de la historia de Cancún, de su origen y de su desarrollo. Todos los cancunenses hemos pasado alguna vez por este icónico sitio, que fue asentamiento de parte de los primeros habitantes, denominados “pioneros”; fue también desde el inicio una incipiente zona comercial que con el transcurso de los años se consolidó hasta llegar a ser lo que es hoy en día, un lugar visitado por cientos de personas y familias a diario para comprar todo tipo de artículos, desde ropa, zapatos, para el hogar, herramientas, utensilios de cocina, para tomarse las fotografías para la escuela, ir al cine, consumir alimentos, en fin, casi todo lo que necesitan los cancunenses lo encuentran en el Crucero.

Es zona de reunión, de convivencia y, por ello, un sitio que a través de los años ha coadyuvado a construir una identidad social en una ciudad que tiene pocos espacios que generen sentido de pertenencia. Es, por tanto, un sitio histórico.

Los kioskos son toda una tradición en los parques de todas las ciudades de México. Son puntos de reunión de familias y amigos y cumplen esa función social. En muchas ciudades son sitios donde bandas de música deleitan a los paseantes y eso es quizá lo que le haya hecho falta al kiosko de Cancún. Es por ello que mucha gente lo veía como una estructura sin utilidad específica, más allá de que era sitio de reunión de personas, muchos de ellos trabajadores de diversos oficios.

El “Crucero”, incluido el kiosko, debieron ser aprovechados también como como áreas para promover eventos culturales que le dieran a la población esparcimiento y distracción sana, tan necesaria en esa zona tan conflictiva, algo de lo que carece en gran medida Cancún.

La actual remodelación, más allá de la polémica y los reclamos que ha levantado entre vecinos, comerciantes y ciudadanos, debe ser un punto de inflexión para buscar aprovechar este espacio tan icónico e histórico de Cancún para ofrecerle a sus habitantes opciones reales de esparcimiento. En Cancún hay gente valiosa en todo tipo de manifestaciones artísticas, promotores culturales que aportarían su talento e iniciativa para montar, por ejemplo, exposiciones, talleres y teatro al aire libre los fines de semana.

Esta es la oportunidad para que el Crucero se convierta en una verdadera opción para las familias cancuneses, que coadyuve a construir una mejor ciudad para la actual y las próximas generaciones.

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