Teoría fenomenológica de la corporalidad para estudiar trauma, humillación y abuso sexual

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Investigadora busca desarrollar una descripción de los modos de constitución del cuerpo violentado o sexualmente abusado a través del concepto fenomenológico de corporalidad y cuerpo propio (Imagen: Shutterstock).

CIUDAD DE MÉXICO.— Con un proyecto en el ámbito de las humanidades que busca desarrollar una descripción de los modos de constitución del cuerpo violentado o sexualmente abusado a través del concepto fenomenológico de corporalidad y cuerpo propio, como cosa constituida en el mundo y ‘haber’ del yo, la investigadora Marcela Venebra Muñoz, de la Universidad Autónoma del Estado de México, fue seleccionada como una de las ganadoras de las Becas para Mujeres en las Humanidades y las Ciencias Sociales correspondientes a 2019.

De acuerdo con la investigadora, gracias a este proyecto filosófico escribirá dos artículos de investigación científica en inglés, remitidos a journals internacionales (Husserl Studies y Continental Philosophy Review). Dentro del proyecto de investigación más amplio sobre el que trabaja, este ensayo (dividido en dos artículos) formará parte de un libro en español sobre fenomenología y antropología del cuerpo.

El proyecto titulado “Trauma y humillación: fenomenología del cuerpo violentado y el abuso sexual” tiene relevancia científica, “aportará elementos al marco crítico de la bioética y las ciencias médicas, psicológicas y del comportamiento, sobre la naturalización del cuerpo propio en las experiencias de dolor, del trauma y la disrupción de las condiciones de normalidad del horizonte de realización personal e interpersonal de los sujetos”, explicó Venebra Muñoz en entrevista con la Academia Mexicana de Ciencias.

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Marcela Venebra Muñoz, de la Universidad Autónoma del Estado de México, fue seleccionada como una de las ganadoras de las Becas para Mujeres en las Humanidades y las Ciencias Sociales correspondientes a 2019 (Foto: Elizabeth Ruiz/AMC).

Agregó que este estudio se desarrollará en dos fases de seis meses cada una. En el primer semestre se centrará en la exposición de los elementos de la teoría husserliana de la constitución, aplicables al análisis de la experiencia del cuerpo sexualmente abusado, como cuerpo alienado, cuerpo ‘otro’, prestando especial atención a la determinación egoica de la alienación en el abuso como plano descriptible a través de la teoría de la constitución de la identidad personal en relación con la naturaleza animal e instintiva de la corporalidad. ¿Es posible establecer límites definitorios de la violencia sexual fundados en los rasgos constitutivos de un cuerpo abusado: el trauma y la humillación?

“En el segundo semestre desarrollaré una perspectiva complementaria sobre los modos de institución de la violencia sexual relativos a las configuraciones históricas o espirituales de la corporalidad sexuada. En esta última fase trataré de aclarar las vías por las cuales la violencia sexual incide y determina aspectos concretos de la concepción y percepción sexuada del cuerpo propio. ¿De qué modo la violencia sexual incide en la constitución no sólo de la identidad individual de la víctima, sino –en sus distintas modalidades y a través de sus distintos mecanismos– en una determinada identidad corporal en sentido histórico? Ciertos modos de violencia sexual prefiguran ideas, percepciones y experiencias concretas del cuerpo propio y de su relación con la identidad personal”.

El alcance más amplio de esta investigación es la aportación de herramientas teóricas, conceptuales y críticas al pensamiento científico natural y científico social sobre el abuso sexual y sus implicaciones históricas, subrayó.

Por último, destacó que el concepto fenomenológico de corporalidad sirve como vía de acceso y herramienta descriptiva que no sólo complementa, sino que otorga un marco de interpretación a los análisis científicos, naturales, médicos y psicopatológicos sobre las situaciones de abuso y, concretamente, de abuso sexual.

“La distinción originaria entre cuerpo objetivo y cuerpo vivido nos permite restituir el sitio nuclear de la persona concreta, del sujeto de la violencia (la víctima) en el análisis del abuso como experiencia de un yo activo, despierto y sufriente. Esta restitución del yo debería jugar, a la larga, una función central en los procesos de duelo, de redignificación, comprensión y resignificación del cuerpo de la víctima en términos jurídicos, políticos y médicos, como ámbitos de intervención e incidencia en la experiencia traumática del abuso”, expresó. (Academia Mexicana de Ciencias).

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