La Habana cumple 500 años y se transforma para seguir siendo ciudad maravilla

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N. Mario Rizzo M.

(Especial para UNQR)

 

LA HABANA.— El 16 de noviembre de 2019 La Habana cumplirá 500 años en su actual emplazamiento. Visitada por millones de personas que buscan conocer una bella urbe que con pasión conserva sus añejas construcciones, donde circulan millares de viejos autos norteamericanos que lucen como nuevos, un lugar donde caminar libremente por las calles sin correr riesgos, y habitada por gente amable  que trata al visitante cálidamente, ha sido proclamada como Ciudad Maravilla y recomendada por cualquier agencia de viajes que proponga buenos destinos al turista.

Pero La Habana vive en su tiempo, y a los muchos pregoneros de flores, frutas, tamales, maní tostado, o cualquier otra cosa, se han unido los compradores de oro.

Son personas que recorren las calles gritando: “compro cualquier pedacito de oro”. Quien desde hace mucho conserva un trozo de una vieja cadena, un anillo partido, unos pendientes que perdieron su preciosa piedra, lo piensan una, dos o tres veces, para finalmente llamar al comprador.

Comienza entonces un forcejeo verbal donde se discute si es 18k o 14 k, si el peso es preciso o no, hasta que finalmente se cierra el acuerdo comercial donde el vendedor se queda con unos pocos pesos y el comprador pone la pieza en un bolso para al llegar a su casa comprobar si ya tiene suficiente material para fundirlo o no. En un futuro de la candente masa saldrán nuevos pendientes, cadenas, pulsos, que irán al mercado como prueba de regeneración perpetua.

Pero hace poco el Capitolio Nacional ha sido reconstruido. Sus salas y muebles lucen como nuevos, sus jardines juegan con la edificación, y a partir de la celebración del importante cumpleaños de la ciudad será la sede del Parlamento, aquí llamado Asamblea Nacional del Poder Popular.

Algo muy especial ocurrió durante la reconstrucción. Especialistas rusos limpiaron y revistieron la Estatua de la República, la tercera mayor bajo techo del mundo, con finas láminas de oro.

También revistieron la cúpula del edificio, visible desde gran parte de la ciudad, con lo que ellos llaman “pan de oro”, y desde entonces miles de habaneros y visitantes no dejan de tomar fotos a esa nueva maravilla.

Tan importante ha sido el acontecimiento que un joven trabajador bancario, y caricaturista por afición, ha dedicado al hecho una hermosa e inteligente caricatura. Su nombre, ahora poco reconocido, tal vez sea famoso en un futuro, pero lo que no ofrece dudas es su ingenio, típico del cubano de ayer y de hoy.

El caricaturista se nombra Daydier Bernal Calvo, y Usted puede esperar de él nuevas y sorprendentes caricaturas en cualquier momento, muchas de ellas seguramente pertenecientes a sus Estampas Habaneras.

De seguro los dueños de la Estatua de la República y de la cúpula del Capitolio no venderán el oro que les recubre, como hace muchos años ocurrió con el diamante que marca el kilómetro 0 de la Carretera Central de la Isla de Cuba. Eran otros tiempos, son otros tiempos.

Los compradores seguirán pregonando, los vendedores seguirán vendiendo, pero el Capitolio rejuvenecido seguirá allí, con sus nuevos brillos, para deslumbrar a cubanos y extranjeros que viven o visitan esta ciudad.

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