Una pelea cubana contra los demonios

Embargo a Cuba
Caricatura tomada de la prensa nacional.

N. Mario Rizzo M.

(Especial para UNQR)

 

LA HABANA.— Los cubanos se encuentran batallando contra varios demonios simultáneamente. El primero de ellos, y el más peligroso sin dudas, es su vecino norteño que desde hace más de 150 años aspira a convertir su archipiélago en una dependencia de USA por cualquier vía posible.

Se convirtió además en archienemigo desde que hace 60 años el pequeño país le desafió y decidió emplear su propia vía para desterrar el viejo sistema de opresión y miseria, aunque nostálgicos hablen de que la Cuba pre revolucionaria fue el país que primero tuvo señal televisiva en Latinoamérica, o que tenía el mayor número de automóviles per cápita en la región, o que La Habana tenía más cinematógrafos que la mayoría de las ciudades norteamericanas, pretendiendo ignorar que era a la vez una de las repúblicas del continente con mayor número de analfabetos, o desempleados, y que una parte de los que tenían empleos subsistían con precarios salarios. Este demonio nos puede llevar a la destrucción como Nación.

Pero vino una revolución que implantó una sociedad de igualdad de oportunidades y derechos, con amplia asistencia social, salud para todos, enseñanza general, tan igualatoria que llegó un momento en que como dijera un politólogo popular se convirtió en el único país del mundo donde se puede vivir sin trabajar.

Apareció entonces un segundo demonio, una población donde importantes sectores aunque no mayoritarios, no aportan lo suficiente por no sentirse motivados dado que la estimulación moral no alcanza a transformar o crear conciencias que respondan a lo que se llamó “el hombre nuevo”, fórmula que lograría eliminar los mecanismos capitalistas de estímulo a la producción. Este demonio puede conducirnos al estancamiento.

Niña korda
Paulita, la niña que por muñeca tenía un trozo de madera (Foto de Korda, 1958).

Esa parálisis parcial, unida a las agresiones del primer demonio, ha mantenido a la economía cubana en ascuas durante muchos años.

Fruto de las batallas para encontrar soluciones al problema esencial, el desarrollo económico, ha nacido un tercer demonio que pregona la necesidad de incrementar la productividad y la producción sin afectar ninguna de las ventajas que disfruta un cubano, que le acompañan de la cuna al ataúd. No es un demonio tan malo pero, demonio al fin, apuesta por trastocarlo todo sin perder las esencias y nos somete a traspasar una especie de purgatorio purificador. Este demonio, por raro que parezca, nos puede ayudar a avanzar.

Pasados los dos últimos Congresos del Partido Comunista de Cuba, y una Conferencia Nacional, que deslindaron el camino hacia una apertura que se consolidó con la reciente aprobación en Referendo de una nueva Constitución, y la consolidación de un gobierno donde personas muy preparadas y relativamente jóvenes alcanzan altos cargos, se ha iniciado un proceso que pretende poner al país en la vía del desarrollo económico, salvando de a uno los mil obstáculos existentes.

La Cuba actual no lo es la de la marginación de ciertas prácticas religiosas, de preceptos homofóbicos camuflados, de la prohibición del turismo internacional para no permitir la negativa influencia que con ella vendría, o de la inversión extranjera, o la que impedía viajar a sus ciudadanos, ni la que pretendía ignorar al más del 10% de cubanos residentes en el extranjero lo que comenzó a cambiar desde que mantener relaciones con un emigrante era casi un pecado; tampoco la que se aferraba a los estímulos morales como palanca exclusiva para incentivar el trabajo; mucho menos la que prohibía la existencia de trabajadores por cuenta propia de los cuales hoy hay un millón que aporta el 10% del PIB.

Pero tampoco es la que haya encontrado todas las soluciones, como tampoco ha puesto en práctica algunas de las propuestas que economistas, exministros, ciudadanos comunes, hacen, y que sin duda hoy se toman en cuenta y forman parte de la cartera de donde poco a poco van emergiendo posibles soluciones a viejos problemas.

Se habla de establecer reglas del Mercado, mencionando a China y Vietnam como ejecutantes exitosos, pero los mismos que proponen aclaran “que mejorado con la justicia social”.

Taxis en Cuba
Taxistas privados de autos descapotables utilizados por los turistas (Foto de autor desconocido).

La más reciente medida adoptada ha provocado numerosas interpretaciones y opiniones. Se han abierto tiendas especializadas en vender artículos que no existían en las tiendas “normales” a precios y facilidades que compitan con similares productos que estaban siendo importados por personas naturales, lo cual generaba una fuerte salida de divisas del país.

Pero esas tiendas únicamente venden en dólares norteamericanos que transitan sólo a través de la red bancaria. Unos se alegraron porque los precios de los artículos son inferiores, otros se lamentaron de no tener acceso a remesas, muchos sintieron que se acrecentará la diferencia entre diferentes capas de la población, no faltó quien dijese que se estaba matando la moneda “libremente” convertible que desde hace años se emplea en el país con más pérdidas que ganancias.

Todos llevan algo de razón y tal vez no hayan entendido que las ganancias obtenidas en estas tiendas se empleará en comprar más artículos para reponer las existencias en las mismas, para importar otros que serán vendidos con menos ganancia en las redes “no especiales” y hasta para incentivar la producción nacional de laptops, computadoras, televisores, paneles solares, calentadores de agua, etc.

El tercer demonio gira sobre todos y clama por acelerar cambios a través de los cuales desaparezca la añeja dualidad monetaria, se permita el crecimiento de pequeñas y medianas empresas, se proyecte una reforma salarial y de precios, se eliminen muchos de los subsidios estatales, se perfeccione la empresa estatal dándole más libertades, se amplíen las ventajas y facilidades a los inversores extranjeros, mejoren los créditos bancarios incluyendo al sector productivo no estatal, y muchas etc. más.

Más lo principal de todo parece ser lograr encausar todo lo que ha surgido luego de la aparición del tercer demonio y cumplir con lo aceptado por todos, no renunciar a las conquistas de igualdad y solidaridad del socialismo cubano.

De las actuales autoridades depende domeñar al tercer demonio, convertirlo en ángel, cambiar todo lo que debe ser cambiado como dijera en 2002 Fidel Castro, y poner a Cuba además de en la lista de los países con mejores indicadores de desarrollo humano, en la de los que más crecen y mejor reparten la riqueza.

Que pueda ser una misión sencilla: ¡Ni por asomo! Hacerla triunfar requiere entusiasmo, compromiso, capacidad, sacrificio personal de quienes representan a la Nación, y mucho, mucho deseo de no fracasar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s