Cuba, entre la asfixia y la resistencia

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Iniciada por los soviéticos y terminada su construcción con dinero venezolano, la refinería de Cienfuegos es la única capaz en la isla de procesar el crudo pesado del Orinoco.

Luis Castillo

 

LA HABANA.— Si no fuera tan trágico, podría calificarse de juego macabro el intento de la administración Trump por acabar con la Revolución Cubana y su influencia en América Latina y la resistencia casi “numantina” de este país con conservar su independencia, mientras la mayor potencia económica y militar del planeta lleva 150 años empeñada en convertir a la isla en su colonia tropical.

Desde que en 1960 la administración del entonces presidente John Kennedy impuso un embargo a Cuba, las diferentes administraciones estadunidenses han aplicado, con mayor o menor rigor, un cerco a la Revolución Cubana, y hasta que el expresidente Barak Obama intentó en el 2016 una recomposición de las relaciones entre ambos países, que las mismas solo conocieron la “política del garrote” contra la “isla rebelde”.

Con muchas esperanzas de mejora y no sin temores, que posteriormente se hicieron fundados, los dirigentes cubanos recibieron el cambio de política del gigante del norte hacia su isla, pero en uno de los frecuentes vaivenes de la política estadunidense, a Obama le sucedió una ofensiva de la extrema derecha imperial y el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, vio la rentabilidad electoral que representa endurecer el acoso al régimen cubano para ganar el voto ultraderechista del exilio de aquel país ubicado sobre todo en Miami.

Y ahora, a un año de las nuevas elecciones, Trump aplica por decreto un endurecimiento sin precedentes de sus políticas de acoso económico contra Cuba, usando como excusa que aquel país sostiene al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, por lo que está aplicando cuando instrumento encuentra para socavar la resistencia económica del país caribeño.

 

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Guerra económica

La Isla de Cuba carece prácticamente de petróleo, ya que la pequeña producción de crudo pesado que se extrae, 45000 barriles diarios, apenas cubren las necesidades de generación de electricidad, por lo que durante varias décadas se abasteció de petróleo soviético y al desaparecer aquel país, la crisis obligó a los cubanos a salir al mercado internacional a buscar el petróleo que necesitaba a precios muy elevados. Con la llegada al poder de Hugo Chávez, en el año 1999, un acuerdo entre ambos países, petróleo a cambio del servicio de médicos cubanos, permitió respirar a la isla por este energético, incluso PDVSA, la empresa nacional petrolera de Venezuela, llegó a terminar y refinar el petróleo que mandaba a la isla en la refinería de Cienfuegos.

La crisis reciente de Venezuela redujo la exportación de los casi 100000 barriles diarios de crudo que este país enviaba a la isla y las represalias en la administración Trump sancionando con fuertes multas y la amenaza de embargos y prohibiciones de operar en Estados Unidos a las empresas que transporten crudo venezolano a Cuba, han llevado a que sin crudo para refinar la escasez de combustibles, gasolina y diésel, se hayan producido fuertes restricciones en su abastecimiento, incluso, para reducir el consumo de petróleo en las centrales térmicas, las empresas y oficinas del país hayan reducido a la mínima expresión sus turnos de trabajo.

La compra de tres barcos petroleros de pequeño tamaño y el apoyo de empresas rusas están permitiendo regularizar la llegada del imprescindible petróleo a la isla, aunque esta crisis está siendo aprovechada por el Gobierno cubano para poner orden en el suministro y evitar el generalizado hurto de combustible, que era común hasta ahora.

Déficit crónico de divisas

Ligado durante tres décadas a la economía del bloque socialista, CAME, al desaparecer este en 1990, la isla no ha podido volver a tener un comercio equilibrado entre importaciones y exportaciones, y con la caída de productos tradicionales de exportación como el azúcar, el déficit por cuenta corriente ha sido permanente. Se calcula que este diferencial ronda los 10000 millones de dólares anuales, por lo que la isla depende de la entrada de divisas por remesas que envían los cubanos en el exterior, los acuerdos por servicios médicos a numerosos países y los productos que la biotecnología cubana ofrecen al exterior, aunque con estos rubros apenas se cubre parte del déficit.

Para evitar en lo posible la fuga de divisas al exterior, el gobierno cubano ha emprendido una política destinada a la sustitución de importaciones, aunado a la apertura de tiendas en divisas donde ofrece, entre otros, productos electrónicos y automotrices que hasta ahora eran adquiridos en el exterior por miles de cubanos que los adquirían fuera de la isla, sobre todo en Panamá, Cancún o Guayana, lo que venía a representar la fuga del país de al menos 1500 millones de dólares al año.

Otra de las medidas ha sido reducir los costos de los pasaportes cubanos en los consulados en otros países, con el fin de que de los casi dos millones y medio de la diáspora cubana visiten con mayor asiduidad su país, con lo que el aporte de divisas debe aumentar fuertemente, aunque la administración Trump, en su obsesión por estrangular económicamente a Cuba, rápidamente suspendió los permisos de vuelo de Estados Unidos a ocho aeropuertos cubanos, y solo permitirá hacerlo al de La Habana.

En lo diplomático, los acuerdos entre ambos países en cuanto a las visas para ingresar a Estados Unidos también han sido reducidas e incluso, para justificar que mantienen el derecho de asilo en esta administración estadunidense, las pocas que se otorgan deben ser tramitadas fuera del país, obligando a los familiares a solicitar otro visado para México para allí otorgarles permiso de entrada, ya que, alegando una supuesta molestia auditiva a los diplomáticos de Estados Unidos, en la embajada de aquel país en la isla, fueron retirados y reducido su personal al mínimo imprescindible, pero prácticamente sin funciones consulares.

El ahogo económico, provocado con fines políticos, es evidente en la isla, y la población es la que sufre directamente sus efectos, con desabasto de combustibles, escasez de productos comestibles importados y la amenaza permanente de incrementar las sanciones contra la isla, todo ello con el único fin de ganar los votos electorales de la Florida por parte de Donald Trump y el sector más conservador del exilio cubano que está dispuesto a hacer lo que haga falta y al costo que sea en vidas humanas para que la isla de Cuba vuelva a ser su finca particular.

Comentarios: koldocastillo@hotmail.com

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