EDITORIAL

La ocurrencia del día

Peje

Y soltó su ocurrencia del día. Si no lo quiere comprar nadie, el avión presidencial pudiera ser sorteado por la Lotería Nacional. Se harían seis millones de numeritos a quien le tocara me imagino que también le regalarían al agraciado un hangar donde meter el juguetito.

Al nuevo mandatario mexicano es de suponer que alguien le tiene que hacer ver que sus ocurrencias van haciéndole ver, cuando menos, como alguien poco serio.

El habitante del Palacio Nacional, más que un mandatario serio, ya parece un niño emberrinchado, que cuando algo no se le da, se enfada y se hace su voluntad al precio que sea.

Comenzó su periodo presidencial tumbando todos los proyectos con los que no estaba de acuerdo, aunque eso significara tirar a la basura cantidades ingentes de dinero ya invertidos. Aeropuerto de Texcoco fue su primera gracia. Después, se van iniciando caprichos carísimos y de dudosa rentabilidad como la refinería tabasqueña de Dos Bocas, el Tren Maya o el canal seco del istmo de Tehuantepec. El señor dice que van y no hay nada en el mundo que lo haga cambiar de idea, aunque su viabilidad económica sea más de discutible.

Mientras impone su criterio mesiánico, el mandatario ve cómo los inversionistas extranjeros no le entran a sus proyectos. Pero eso no importa, si ellos no quieren él los hará con fondos públicos, aunque para ello tenga que recortar el presupuesto de este año donde sea necesario, al fin y al cabo para él todos los gobernadores y los presidentes municipales que no le dicen “amén” son unos conservadores y además corruptos.

Su forma de actuar quedó muy clara cuando pretendió concursar a nivel internacional las obras de su refinería tabasqueña. Ninguna de las empresas especializadas a nivel mundial en la construcción de refinerías le entró al proyecto. Pero eso no importa, él la haría con dinero del presupuesto y técnicos locales. Al fin y al cabo, superpone puede con todo.

Los sectores productivos del país le resbalan. En el año y dos meses que lleva AMLO al frente del ejecutivo federal no se ha dignado en cursar una visita, ni asistir a una conferencia internacional con el sector turístico, uno de los rubros de la economía mexicana de más raído crecimiento y generadora de mayor cantidad de puestos de trabajo bien remunerados.

Es como si el tabasqueño no se sintiera a gusto entre los turisteros y en los hoteles de lujo. Quizás él donde se siente en su ambiente es en las zonas rurales más abandonadas del país, y claro, sobre atención a esas zonas marginales es de alabar, pero no al precio de abandonar los sectores donde se generan los miles de puestos de trabajo que permiten ir saliendo de la marginación a amplios sectores rurales del sur-sureste del país.

La asistencia a los más pobres, bandera principal de su gobierno, está muy bien, nadie lo puede criticar por eso. Lo que nadie se explica de dónde va a conseguir recursos para esta asistencia, si la economía del país sigue sin crecer, si con sus políticas erráticas ha logrado poner en alerta a los inversionistas nacionales y extranjeros.

Este personaje, con sus políticas, recuerda demasiado a otro presidente que hace cincuenta años llevó al país al desastre económico, Luis Echeverría Álvarez, con una diferencia importante, aquello fue como una tragedia nacional y la de ahora se parece más como una comedia.

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