El exorcismo

exorcismo

Konaté Hernández

CANCÚN.– El exorcismo es una antigua oración que hace un sacerdote en nombre y por el por el poder otorgado por Jesucristo para liberar del poder de Satanás, demonio, es decir que no es una oración personal, esto de acuerdo a lo que establece el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 1673.

La práctica del exorcismo puede ser simple cuando se reza en el rito del bautismo, en tanto que a la solemnidad del exorcismo es un sacramental que sólo celebra un sacerdote con el permiso del Ordinario del lugar (obispo), quien da el permiso para cada caso o puede ser otorgado formalmente por la Santa Sede el oficio del exorcismo a un sacerdote, quien tiene la facultad para exorcizar y no necesita un permiso particular para cada caso; de ahí que solo el exorcista con la debida licencia puede verificar la verdadera posesión diabólica, por lo que es un proceso difícil en el que se deben descartar causas naturales.

Para el padre Gabriele Amorth, exorcista de Roma, recalcó que las plegarias de liberación no se deben llamar exorcismos, pues esta labor corresponde sólo al sacerdote autorizado por el obispo exorcizante, con el  nombre de exorcista, cuyo poder lo confiere Jesús; mientras que la “Oración de Liberación” basado en la fe, es ejercido por individuos o comunidades sin ninguna autorización, debido a que algunas diócesis han preparado a los laicos para el ministerio de liberación que no es exorcismo, bajo la dirección de un sacerdote, por lo que la liberación es oración para liberar de la opresión del demonio pero sin utilizar el rito de exorcismo, que nadie debe ejercer sin autorización de la Iglesia.

Jesús vino a liberar del poder de Satanás y dar su gracia de ser hijos de Dios; impartió su poder liberador a los discípulos y sus sucesores para que ellos continúen la misión de liberar y exorcizar en su nombre, por lo tanto el protagonista es Dios a través de su ministro y no el demonio. El exorcista ante todo busca llevar a la persona atribulada a un encuentro con Jesús, por lo que es necesario apertura a los canales de gracia en la Iglesia, como la confesión, la eucaristía, meditación de la Palabra, la comunidad, la catequesis… Es un camino de fe al que se invita a la familia, confrontar el Evangelio de San Marcos, capitulo 9, versículos 14 al 29.

Antes de practicar un exorcismo es necesario la prudencia y hacer un diagnostico, debido a que hoy en día mucha gente vive una fe supersticiosa o de superstición y muchos tienden a no hacerse responsables, al no saber afrontar el sufrimiento y atribuyen todo trastorno físico o espiritual a la acción del demonio, por tal motivo con mucha frecuencia el remedio es una verdadera y sincera confesión; en cambio cuando se percibe aversión a lo sagrado, enfermedades desconocidas o incluso síntomas difíciles de identificar, es posible que sea necesario el exorcismo. La presencia demoníaca de cualquier forma hay que diagnosticarla en cada caso, por lo que debería haber más dedicación a la ascesis, a la oración, a la penitencia, debido a que la mentalidad popular exagera los poderes de Satanás, que son los de un ángel común.

En la vida diaria para defenderse del mal basta con ser coherentes con el Evangelio, no tener miedo de dar testimonio de la fe y cuidar la relación con Dios, debido a que a veces permite que algunos sean vejados u obsesionados; como algunos santos, pero en estos casos nos hallamos ante planes divinos impenetrables, para el ser humano, de ahí la importancia de respetar al demonio no temer hablar de su existencia, para que no pase desapercibido.

Debido a esto hay varios niveles antes de la práctica del exorcismo como la Infestación, Vejación, Opresión, Obsesión y la Posesión; acto seguido se realiza una serie de estudios donde intervienen sociólogos, psicólogos, neurólogos, psiquiatras, entre otros profesionistas para determinar que no se trata de una enfermedad demencial, debido a que la mayor parte de los hospitales siquiátricos, manicomios, están llenos de personas que creen ver cosas anormales o estar poseídas, y finalmente al determinarse que no se trata de una enfermedad demencial, el sacerdote que practicará el exorcismo deberá de solicitar licencia al ordinario del lugar, es decir al Obispo, para esta práctica que debe de contar con el permiso del jerarca católico.

La lucha en contra del demonio la hace Cristo a través del sacerdote exorcista, es una lucha espiritual, en contra de un ser que no se ve, porque es inmaterial, es decir que no tiene cuerpo. Su presencia se puede sentir con un fuerte olor a azufre u otras sustancias que solo pueden percibir los sacerdotes autorizados pues no todos ejercen esta difícil labor; sin embargo la mejor arma para ahuyentar al demonio y sus legiones es el rezo frecuente y con fervor del Santo Rosario, pues estos huyen con solo mencionar el nombre de María Santísima.

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