Ernestina McDonald: el Cancún de los moscos y tábanos

Konaté Hernández

CANCÚN.— Ernestina McDonald nació en el Puerto de Veracruz, aunque su infancia transcurrió en una comunidad cercana llamada Los Conejos, donde estudió la escuela rural hasta el cuarto de primaria en Tamarindo, para luego trasladarse a la Ciudad de México a realizar sus estudios universitarios.

Después de vivir en Bacalar llegó a Cancún, cuando solo existían los campamentos sobre la avenida Tulum, aun sin pavimentar, paralela a la avenida Nader donde había unas cuantas casas y el edificio de lo que era Infratur, hoy Fonatur, lo demás era selva hasta el Crucero.

Lo difícil por aquellos años era hacer que la gente se quedara a vivir en Cancún debido a que no aguantaron por la gran cantidad de moscos, cuando la gente se levantaba con los primeros rayos solares y se acostaba al meterse el sol, lo que consideró una circunstancia muy especial en Cancún, y sobre todo tábanos, a los que se adaptó por provenir de zonas rurales de su natal estado.

Su esposo Víctor empezó trabajando en un taxi cuando recibió una invitación del director de Desarrollo de la Comunidad, Alfonso Alarcón Morali, quien al enterarse de su carrera militar le ofreció hacerse cargo de la policía. Así, junto con otra persona integraron el primer “cuerpo de policía”, aunque a los dos días el otro integrante se fue y no regresó, hasta que llegó Luis Manuel Villarreal, a quien antes de ingresar lo tuvieron que calar para ver si era apto.

Mientras se acomodaba se dedicó a las labores del hogar hasta que quedó embarazada. Por espacio de un año vivieron en su camioneta que fungía como Relaciones Públicas, cuando les dieron una casa en el kilómetro 5 mientras se aliviaba, debido a que las condiciones para trasladarse a Mérida eran complicadas, hasta que recibió la suya en la calle Alcatraces, en la Supermanzana 22, cuando apenas había dos casas muestra.

Inicio periodístico

En sus inicios en el periodismo sus primeras notas informativas las enviaba cada semana en autobús a Mérida, Yucatán, para ser enviadas después al periódico El Dictamen, del Puerto de Veracruz, hasta que junto con algunos arquitectos y una persona de nombre Rosa María crearon el primer periódico de Cancún al que le dieron el nombre de “Cero menos Cero”, que no tenía una periodicidad determinada, ya que salía cuando contaban con los insumos para su producción.

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