La Tierra ha sufrido una pandemia inesperada

N. Mario Rizzo M.

(Especial para UNQR, con corrección y edición de Eduardo  E. Larralde Ledo)

 

Para finales del pasado enero ya los habitantes del planeta Tierra sabíamos que nos enfrentábamos a algo inesperado, peligroso, capaz de cambiar nuestras vidas y remover los cimientos de una sociedad global donde la globalización no llega al punto de reducir brechas económicas entre los distintos estratos de la población mundial, ni prevenir o evitar el terrorismo, alcanzar la paz para todos, o tan siquiera garantizar agua limpia y asistencia médica a cientos de millones.

Dos meses después con más de 500,000 infectados, de los cuales han muerto más de 20000, ya se pueden extraer importantes enseñanzas y hasta algunas conclusiones, sabiendo que aún estamos lejos de haber vencido a un asesino “coronado” y por tanto otras muchas lecciones aprenderemos.

El Covid-19 apareció en la República Popular China, extenso y superpoblado país que gracias al imponente avance económico obtenido en los últimos años vive ahora interconectado con el resto del mundo, en momentos en que se encontraba inmersa en una guerra económica y comercial con el país al cual había desplazado de un primer lugar en cuanto al volumen del PIB anual, los EE.UU.

Sospechas hubo de que podía tratarse de una acción intencional, pero la dirección china lejos de enfrascarse en una escaramuza mediática decidió concentrarse en buscar solución al problema. Tomó medidas enérgicas, mal recibidas por algunos nacionales y criticadas por muchos en el exterior, puso a prueba su desarrollo, y  dos meses después retorna a la normalidad paulatinamente, deteniendo el conteo de fallecidos que posteriormente otros países superaron en un par de semanas.

Primera lección: Ante una situación de emergencia actuar con serenidad y muy enérgicamente sin perder tiempo en debates que a nada conducen.

De a poco el Covid-19 se propagó a otros países. Los más cercanos a China actuaron con rapidez y eficiencia, tomaron experiencias del vecino y sufrieron menos de lo que sufrirían otros después.

En la rica y culta Europa, donde durante decenios se sucedieron gobiernos más preocupados por aplicar políticas neoliberales que por mantener viejas conquistas sociales, los sistemas de salud lejos de mejorar se habían reducido. Tampoco se actuó con rapidez y firmeza. En pocos días los fallecidos en Italia y España superaban en número a los de China con sus casi 1400 millones de habitantes.

Segunda lección: Los países desarrollados deben destinar más recursos al bienestar social de sus pueblos y menos a intervenir en conflictos ajenos, escalar la guerra fría contra Rusia o China, o a asegurar el enriquecimiento de sus ciudadanos más ricos, uno de los cuales sobrepasó los 100 000 millones de dólares recientemente.

Según se agravaba la situación en muchos países renacieron conductas desaparecidas hasta hace poco. La solidaridad y el humanismo afloraron de diversas maneras y muchos ejemplos de ello hicieron reflexionar a gran parte de una sociedad  que se había refugiado en las redes sociales en detrimento de un contacto directo y humano.

Quizás uno de esos ejemplos más impactantes lo produjo Cuba, el pequeño, pobre, y bloqueado país que, a pesar de estar enfrentando  por meses escasez de combustible, medios de aseo y alimentos básicos,  abrió su frontera a un crucero con enfermos a bordo, al cual le habían negado entrada en media docena de países, y, como si eso fuera poco, ha enviado contingentes sanitarios a varios países, incluyendo Italia. Se agrega a lo anterior que ha puesto a disposición de quien lo solicite un medicamento que el país produce y ha demostrado su eficiencia en el tratamiento a los enfermos.

¿Cómo un país como Cuba puede producir interferones que uno salva extremidades a diabéticos y otro ahora ayuda a la sobrevivencia de los enfermos del Covid-19? Destinando a la investigación y la ciencia recursos que no le sobran, formando decenas de miles de investigadores y científicos, y todo ello desde una economía precaria, pero que distribuye entre todos los beneficios.

Tercera lección: Cualquier país, por pobre que sea, debe asegurar una adecuada distribución de la riqueza y proporcionar a sus ciudadanos la posibilidad de desarrollar su inteligencia y aptitudes, y luego estos servir a su nación brindando sus conocimientos.

La pandemia no vino sola, se hizo acompañar de una caída de los precios del petróleo que lejos de servir a quienes importan el oro negro les perjudicó, impactó en el frágil equilibrio de las finanzas y la economía mundial, puso al planeta en ascuas; y no olvidar que precisamente ocurrió cuando analistas de todas partes aseguraban que se aproximaba una crisis cíclica para finales de año.

Ante la debacle de las bolsas, la quiebra de empresas, la parálisis del turismo y la aviación comercial,  los EE.UU. y la Unión Europea comenzaron un salvamento  que por el momento ha permitido que alguien que había perdido 35 000 millones de dólares al inicio de la crisis haya ahora recuperado unos 11 000 millones.

Los norteamericanos menos favorecidos recibirán  cheques por unos cientos de dólares para el mes de mayo, que muchos, por no tener seguro, tendrán que utilizar para pagar deudas de asistencia médica si, como se pronostica, los EE.UU. se convierten en el nuevo centro de la pandemia.

Cuarta lección: La clase política dirigente en muchos países se ha mostrado inepta y se enfoca no en ayudar a toda la población sino básicamente a grandes empresas y consorcios. Debe esto servir para participar más activamente en política en busca de evitarlo.

Desgraciadamente la pandemia convino a algunos. En Bolivia se aplazan las elecciones justo cuando el Movimiento al Socialismo escalaba en la intención de voto a pesar de los esfuerzos del gobierno de facto instalado. En Chile un Presidente que ya estaba contra las cuerdas encuentra respiro gracias a las medidas sanitarias establecidas. En Francia tratarán de pasar al olvido a los chalecos amarillos.

Otros se han quitado la máscara definitivamente gritando que la economía es primero por sobre las personas, e incluso que los viejos debían sentirse orgullosos de morir si por no tomar las medidas sanitarias necesarias esto ocurría.

Quinta y última lección por ahora: Tras la Pandemia hay que reforzar la lucha social, porque este mundo es de TODOS, incluso los viejos.

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