El otro Cancún sigue en pie, trabajando sin cesar

Víctor Galván

Hay dos extremos muy notorios en Cancún en la presente fase de distanciamiento social y reducción de actividades. Por una parte están la zona hotelera, donde la ocupación ha bajado a menos del 10% y es evidente el desplome de actividades turísticas. El bulevar Kukulcán luce solitario, al igual que restaurantes, plazas, centros nocturnos y todo tipo de actividades náuticas. En el centro de la ciudad la tónica es la misma, sobre todo en plazas comerciales, como Las Américas o Gran Plaza, siempre concurridas por paseantes y compradores. El panorama en ambas es desolador con locales cerrados.

La otra casa de la moneda son las colonias populares, donde si bien se nota la disminución de transeúntes y vehículos, la actividad no ha cesado. La tiendita de la esquina sigue abriendo todos los días desde muy temprano; los tianguis continúan instalándose en las regiones para comercializar sus productos; a las plazas comerciales y supermercados de estas zonas de la ciudad siguen llegando clientes; la gente sale a comprar, a surtir su despensa. El viejo coche del panadero sigue recorriendo las calles de las colonias en las tardes y noches, con su inconfundible tonadita musical, invitando a los vecinos a salir. En las mañanas los camiones repartidores venden agua purificada; también hay repartidores en triciclos; los chatarreros pasan comprando fierro viejo; la señora del pozol va de calle en calle en su triciclo, como todos los días; el joven que vende flan también es infaltable en las tardes a bordo de su triciclo.

Es el rostro del otro Cancún, de la clase obrera que en su mayoría no goza de un sueldo fijo, que vive al día y tiene que salir a buscar el sustento. Aquí el distanciamiento social no refleja las recomendaciones ampliamente difundidas en medios de comunicación. Los novios caminan tomados de la mano; en las combis el espacio reducido no permite sana distancia y los pasajeros van sentados hombro con hombro. El dinero se intercambia de mano en mano como siempre, sin gel de por medio. Las vecinas platican a las puertas de sus casas y ríen despreocupadas con la cercanía de siempre.

Algunas familias que ya resienten la falta de ingresos se han organizado para elaborar comida, antojitos, que ofrecen entre sus amistades y conocidos a través de redes sociales para ganar unos pesos que permitan paliar la situación.

Los cancunenses siguen en pie y no es que no haya temor a posibles contagios, sino que la necesidad económica los obliga a salir todos los días a buscar el sustento.

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