Un México, dos mundos, entre crisis y odio

 

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Eduardo Lara Peniche

Conforme pasan los días en cuarentena la sociedad mexicana en lugar de organizar acciones que permitan integrar un frente común contra las afectaciones a la salud y la economía, se dedica a criticar, descalificar y ofender a quien piensa diferente.

Cada día que pasa, quienes tienen centrados sus intereses en la generación de capital insisten en descalificar las acciones y declaraciones del presidente, Andrés Manuel López Obrador, y ahora incluyen solicitud de renuncia al cargo; por su parte, quienes defienden la política del mandatario nacional hacen lo propio contra todo aquel que se atreve a descalificar la política de López Obrador.

Mientras tirios y troyanos (chairos y fifís en términos coloquiales) se atacan, ofenden y descalifican mutuamente, tanto en redes sociales como en persona, los problemas avanzan sin que la sociedad mexicana en su conjunto entienda la urgente necesidad de articular acciones para controlar el avance del virus COVID-19 y poder iniciar un programa nacional para recuperar la economía nacional.

Ante las consecuencias económicas y sociales de la crisis por la que atravesamos todos los mexicanos, los liberales y los conservadores, en la clasificación de López Obrador, se deshacen en alabar su visión y criticar sin límites la visión contraria, sin que alguna de las partes reconozca que la otra parte también tiene argumentos de peso para justificar sus propuestas.

El México de los grandes empresarios insiste en que el gobierno federal debe seguir la política de protección, aplicando subsidios y apoyos a las grandes empresas, para que estas a su vez mantengan las fuentes laborales en tanto pasa la crisis, así como condonar impuestos y condonar pagos de servicios; por su parte, el otro México, el de los empleados, micro, pequeños y medianos empresarios, esos que llevaron al poder a López Obrador con su voto, aplauden los programas de apoyo social que ha emprendido el gobierno de la cuarta transformación a favor de los que menos tienen, esos que son llamados economía informal, la cual, guste o no, representa el sustento de la mayor parte de los mexicanos económicamente activos.

Por su parte, los gobiernos estatales se debaten en la competencia de aceptación social mediante programas asistenciales y acuerdos con los empresarios en su intento por lograr matar dos pájaros de un tiro, controlar la contingencia sanitaria y la crisis económica y con el otro tiro ganar la simpatía de los ciudadanos con miras político electorales, situación que convierte el escenario social de un México dividido en tres estratos sociales, el México de los empresarios, dueños del gran capital, quienes ven un país con oportunidades que les garantizan los privilegios a los que están acostumbrados, el México de la economía informal y los trabajadores con salarios mínimos, quienes viven el día a día, estirando y encogiendo los escasos recursos que con grandes esfuerzos logran adquirir en jornadas laborales extenuantes y el México de una clase media en la que se incluye la mayor parte de los políticos, ese México en el que se cree que el bienestar de unos pocos es el bienestar de la mayoría.

El escenario que hoy vivimos nos debe obligar a repensar nuestras actitudes, entender que todos estamos en el mismo barco y que el México que queremos es uno solo, donde la justicia social y la equidad económica nos permita a todos vivir con dignidad, así que la invitación es para dejar a un lado las posturas personales y unirnos en un solo México en el que cabemos todos.

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