La prioridad es salvar vidas

aguirre-crespo

Víctor Galván

En el contexto de la pandemia que vive la humanidad y de la cual Quintana Roo padece sus estragos en materia de salud, social y económica, se debe entender que algunas decisiones no son populares ni cuentan con el consenso general, pero son necesarias si se quiere avanzar en la lucha por controlar y disminuir el número de contagios de Covid-19.

“La prioridad es salvar vidas”, aseguró en conferencia de prensa esta mañana el titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Quintana Roo, Alberto Capella, objetivo principal del gobernador Carlos Joaquín, quien anunció el jueves pasado que la Zona Sur pasaría a partir de este lunes al semáforo epidemiológico rojo, dado el alto número y velocidad de contagios y a la alta ocupación hospitalaria, que este día se ubica en un 73% en el municipio de Othón P. Blanco.

Carlos Joaquín ha reiterado que la gente debe tomar conciencia de que es fácil contagiarse de coronavirus y ante ello, tanto autoridades estatales como capitalinas de Othón P. Blanco han aplicado una serie de medidas para frenar la propagación del virus, como el cierre de vialidades, la instalación de filtros sanitarios en los que se toma la temperatura y se explica la importancia de usar gel antibacterial y cubrebocas; decretar el cierre de negocios a partir de las 18:00 horas y una amplia campaña de difusión de medidas preventivas a cargo de los llamados “chalecos amarillos”, brigadas de jóvenes que instan a la población a permanecer en sus casas si no hay necesidad de salir, a usar cubrebocas, guardar sana distancia, lavado frecuente de manos, a adoptar hábitos saludables como una buena alimentación y realizar ejercicio, entre otros tópicos fundamentales que coadyuvan al combate a la pandemia.

Hay quienes cuestionan estas medidas afirmando que algunas de éstas violentan los derechos humanos, como el libre tránsito. Sin embargo tanto Capella como la secretaria estatal de Salud, Alejandra Aguirre Crespo, coincidieron en una lamentable actitud generalizada que se ha observado entre la población: la gente no hace caso.

En las colonias las vecinas siguen reuniéndose en las tardes a las puertas de sus casas, despreocupadas, sin cubrebocas, para “chismear”; siguen realizándose reuniones familiares en las que no se respeta la sana distancia, y es muy común ver en la vía pública a personas caminando o comprando en pequeños locales sin portar cubrebocas

Números

Los números son fríos, pero reflejan la realidad del problema de salud que se vive en Quintana Roo, y particularmente en Chetumal. Del 1 al 13 de julio los casos positivos pasaron de 3,745 a 5,360 en todo el estado, es decir, 1,615 en menos de 15 días. De éstos, 603 casos corresponden al municipio de Benito Juárez (Cancún), donde pasó de 2,223 a 2,826 casos; pero en Othón P. Blanco, cuya cabecera es la capital Chetumal, el incremento en estos 13 días pasó de 653 a 1,267. Una escalofriante cifra de casi el doble en menos de 15 días.

Este mismo día el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, en conferencia virtual desde la sede de la agencia de la ONU en Ginebra, informó que a nivel mundial ya hay 13 millones de personas contagiadas y advirtió que si los países no cumplen con las estrictas precauciones de salud, la pandemia empeorará a nivel global. “Demasiados países se dirigen en la dirección equivocada, el virus sigue siendo el enemigo público número uno”, y alertó que particularmente en los países de América Latina “va a llevar tiempo” controlar la situación epidemiológica causada por el Covid-19.

Ante este panorama son explicables las medidas sanitarias y restrictivas tomadas para tratar de frenar la velocidad de contagio, particularmente en el sur de la entidad, fenómeno que comenzó a agudizarse a raíz del inicio de la reactivación económica. Esta apertura de actividades, controlada y limitada en el aforo permitido en lugares cerrados, fue malinterpretada por mucha gente, que tomó la medida como un levantamiento de restricciones y el regreso a la antigua normalidad, cuando en realidad se trata de una “nueva normalidad” en la que se convive con el virus y por lo tanto es necesario seguir al pie de la letra las indicaciones de salud e higiene para evitar contagios.

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