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Trump y su crepúsculo

Trump y su crepúsculo

(Tomado de Cubadebate)

Por: Elsa Claro. Periodista cubana especializada en temas internacionales.

Mas como un buque escorado sin remedio que guarda semejanza con un corredor de fondo exhausto, Donald Trump se enfrenta a su soledad política estupefacto. Hasta aquí tuvo aliento y empuje de influyentes personajes del Partido Republicano, pero el enfoque cambia con el resultado del Colegio Electoral, donde se ratificó el éxito de Joe Biden con 306 votos, 74 por encima de Trump, quien tuvo que conformarse con 234. No es poco lo que logró, pero insuficiente, y en este juego, esas son las reglas.

Por eso no es tan extraordinario que Mith McConell, presidente del senado, hasta aquí un defensor del mandatario ante impugnaciones no bien aclaradas, y quien le acompañó también en el porfía para cuestionar las elecciones del 3 de noviembre, pues bien, acabara por admitir el triunfo de los demócratas.

El lunes 14 de diciembre los 538 delegados, con potestad para decidir quien ocupa la Casa Blanca, ratificaron que en esta oportunidad coincidían con el voto directo o popular, a favor de Biden, quien, con por cierto, cosecha el más alto número de sufragios recibido por un candidato en toda la historia de estos certámenes dentro de Estados Unidos (23 millones, 6 por encima de Trump).

En las últimas semanas Trump y los miembros de su campaña plantearon alrededor de 50 pleitos pretendiendo anular el escrutinio en varios estados, principalmente Georgia, Míchigan, Pensilvania y Wisconsin. La exigencia fue plantada ante el Tribunal Supremo por el fiscal general de Texas, a su vez secundado por otros congresistas conservadores. Sin embargo, la más alta autoridad judicial norteamericana votó en contra de tal petitorio.

Seis de los jueces que conforman esa Corte, son republicanos, incluyendo a su titular desde finales de octubre, Amy C. Barrettla jurista nominada por Trump a la carrera, sin ocultar su propósito de tener en su favor a ese órgano de decisiones legales, donde 6 de los 9 integrantes son republicanos. Pero sus cálculos fallaron y como es usual, los condenó con sus correspondientes twuitazos, ignorando que ni en esta ni en las anteriores instancias, fue presentado algún elemento probatorio de sus acusaciones de fraude masivo.

“El Tribunal Supremo nos ha decepcionado de veras. ¡No tiene ni sabiduría ni coraje”, escribió y de similar forma hizo con McConell, desautorizándole desafiante porque en esta oportunidad no se prestó a arroparle.

Tampoco el Departamento de Justicia, pudo encontrarle fundamento a los reclamos del frustrado dirigente. Ese fue otro chasco imprevisto. El Fiscal General William Barr, también fue nombrado por Trump y ambos compartieron momentos, decisiones y planes, pero no esta ¿invención, desvarío, quimera? de quien aspiraba a quedarse en la presidencia. ¿Perdedor yo? Se ha preguntado en varios momentos, y estimulando a sus seguidores, ­-los tiene y no son pocos-, a que exijan a la par que él y lo han hecho, solo que de modo tan violento como inamisible, sentando precedentes nocivos.

En realidad a Trump le alertaron del posible resultado, o por sí mismo sospechó su derrota. Solo eso explica su insistencia en posibles anomalías en el escrutinio antes de que se realizaran, y, a falta de otros pretextos, particularizó el sufragio por correo como vía para la hipotética adulteración. Las autoridades electorales, funcionarios y responsables de distintos esferas y niveles, incluyendo los ámbitos legales citados, afirman que fue un certamen limpio, hasta más que varios otros.

Tras la decisión anunciada por el Colegio, los republicanos más apegados a Trump comenzaron a felicitar al dúo Joe Biden- Kamala Harris, tal cual ya lo habían hecho antes varios correligionarios de esas filas con mayor realismo. McConell instó a estos y a cuantos se mantienen fieles al presidente, incluso con las certezas que invalidan su pretensión, para no continuar sobre tensando la temperatura social, divida y convulsa, algo malo siempre y peligroso en una etapa dónde se conjugan los problemas económicos y otros daños provocados por la Covid-19, que vienen aumentando viejos dilemas internos.

Distintos analistas creen que el reconocimiento de los ganadores hecho por del jefe de la Cámara Alta, tiene, aparte del más básico discernimiento, un fuerte sentido utilitario pues el 5 de enero concluye el proceso para elegir dos senadores en Georgia. De cuál formación política gane dependerá bastante el futuro.

Si el Partido Republicano mantiene la mayoría en el Senado, la travesía de Biden será difícil pues, como se sabe, apenas concluye una competencia como esta que Trump se niega a aceptar, comienza la otra. Él mismo ha dejado saber que aspirará en el 2024. Además, como está establecido, deben ocurrir legislativas dentro de dos años. Si los conservadores pierden ahora la supremacía con que cuentan, intentarán recobrarla, y si ganan, conservarla. Nada en este ámbito de tendencias es fortuito.

En esa misma ruta se considera que la batalla mantenida por el cada vez más desahuciado Trump, deja establecidos avatares diversos y escasamente favorables para la sociedad. Las vehementes trifulcas de sus seguidores tienen una violencia insólita. ¿Se calmarán luego de probar fuerza y el empuje que les hizo salir a la luz sin maquillaje? No es broma que hayan pretendido ocupar edificios federales, preparar atentados contra representantes demócratas o exhibirse fuertemente armados, siempre amenazantes.

El discurso trumpiano los lleva a tomar por exactas las acusaciones reiteradas por el presidente y, por tanto, que Biden no tiene derecho a ejercer el poder.

¿Se les olvidará o será la base para eventos venenosos que obstaculicen el quehacer del nuevo gobierno y la urgencia por remontar la etapa actual en su compleja diversidad? A escala partidista también Trump impuso un grupo de fórmulas de contenido y forma nada simples de cambiar. La difamación o las destructivas fragmentaciones típicas del “después de mí el diluvio” pueden quedarse aunque él no esté para alimentarlas.

En relaciones exteriores se esperan del nuevo jefe de estado que asumirá en enero, resarcimientos imprescindibles, no obstante, al mismo tiempo se teme que las malas espinas sembradas – a semejanza de lo fomentado por Trump en el ámbito nacional- harán imprevisibles muchos planes y dificultosa su ejecución. Como se sabe, una vez sueltos los demonios, ellos se resisten a regresar a la botella.

Si a la contracción económica, el lento crecimiento ulterior y un desempleo más alto, previstos por los organismos especializados, se añaden las averías del comercio mundial, la impronta personal que deja tras de sí Trump, es la peor de todas las malas noticias.

Estados Unidos, se aproxima la hora cero

Dos actitudes completamente opuestas en el enfrentamiento a la pandemia y en la forma de hacer política. Frente a la sobriedad y disciplina de Biden, Trump muestra machismo, irresponsabilidad y escasa reflexión. Fotos: Getty y AP.

Por: José R. Oro, Ingeniero cubano residente en los Estados Unidos.

Desde el Gobierno de Abraham Lincoln, pasando por Franklin D. Roosevelt hasta la fecha, las sucesivas administraciones estadounidenses han logrado sobrepasar las pruebas a que su “democracia”, tal y como la consideran el establishment, ha sido sometida.
Los asesinatos del propio Lincoln (presidente de 1861 a 1865), James Garfield (1881-1881), William McKinley (1897-1901) y John F. Kennedy (1960-1963), la Gran Depresión (desde finales de 1929 y durante toda la década de los treinta) fueron momentos de prueba, cruciales pudiéramos decir, de si ese “sistema democrático”, con todos los defectos inherentes al capitalismo, podría sobrevivir. Y lo hizo. Este 3 de noviembre, ese sistema en completa crisis podría terminar en un caos –del autoritarismo a la total desfachatez ajena a cualquier principio o ética políticos– que afectaría a toda la humanidad, o en un escenario –de la cordura y el sentido común a una visión más realista y democrática del estado de cosas– que podría ser el primer paso de su fortalecimiento hacia formas sociales más avanzadas que las actuales, que se pudiera llamar el New Deal II,(1) lo que pide el pueblo estadounidense.
Se han publicado recientemente en Cubadebate varios artículos sobre el impacto de estas elecciones en política exterior, por lo que este se refiere más a la política interior estadounidense.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2020/10/12/elecciones-presidenciales-en-estados-unidos-2020-una-nueva-politica-hacia-cuba/#.X4cohdBKjcs
http://www.cubadebate.cu/opinion/2020/10/14/una-ralea-politica-que-apesta-y-se-ira-por-las-canerias/#.X4coodBKjcs
Es menos probable, por lo que vemos hasta hoy, que Trump pueda ser reelecto “por las buenas”. También es casi seguro que su carencia de escrúpulos y moral lo llevaría a tratar de escamotear los resultados, por muy ampliamente adversos que estos sean para él.
Por todo ello, muchos pensamos que para Estados Unidos se acerca la hora cero, tanto si Trump es reelecto como si Biden gana las elecciones y después no satisface las expectativas de quienes lo eligieron en un enfrentamiento tan despiadado y crucial como el de estos meses.
La oposición a Trump y al fascismo, representada por la candidatura de Joe Biden y Kamala Trump, se tiene que enfrentar a una difícil votación, donde lo que menos cuenta es la voluntad del pueblo, aunque se espera que en el voto popular la fórmula demócrata gane por muchos millones de boletas más que Trump.
La oposición a Trump y a la ultraderecha supremacista, representada por la candidatura de Joe Biden y Kamala Trump, se tiene que enfrentar a una difícil votación, donde lo que menos cuenta es la voluntad del pueblo, el voto popular, aunque se espera que ganen por muchos millones de boletas más que Trump.
Trump afila sus cuchillos
Trump, respaldado por un ejército de abogados, ha estado organizando las condiciones para socavar un resultado electoral en que no sea vencedor, y los legisladores republicanos se encontraron la semana pasada en la sorprendente posición de tener que aprobar una resolución para asegurar a los estadounidenses que habría una transición pacífica del poder si él pierde, en medio del furor generalizado por los comentarios más recientes y descarados de Trump.
En ese contexto, quedó algo más claro cómo podría desarrollarse la crisis constitucional si Trump, derrotado, convence o chantajea con su característica matonería a sus aliados políticos para que se unan a él en no reconocer el resultado.
Una crisis así pudiera parecer poco probable para algunos. El éxito de Trump en tal escenario dependería de que persuadiera a las legislaturas en los estados con votaciones de estrecho margen, de aceptar sus infundadas afirmaciones de fraude. La ansiedad popular se intensificó cuando Trump declaró que no se comprometería con una transición pacífica si algunos estados continúan enviando boletas por correo a todos los votantes registrados, que es la ley en varios de ellos.
Los líderes de la campaña de Trump negaron que tal estrategia esté bajo consideración, pero un alto funcionario de ese grupo, que habló bajo condición de anonimato, dijo que el equipo legal exploraría todas las opciones para garantizar la reelección del presidente. Agregaron que Trump no planea mantenerse en el poder si pierde de manera justa. Pero, como es evidente y harto conocido, para Trump no existe ninguna forma “justa” de perder.
Los pronunciamientos de Trump preocupan incluso a algunos en el Pentágono, después de que dijera a principios de este año que planeaba desplegar una masiva fuerza militar el día de las elecciones, en lo que describió como un “esfuerzo” para la supervisión del escrutinio.
Ninguna ley permite al presidente autorizar tal fuerza para uso interno, pero el despliegue de la Guardia Nacional por parte de Trump alrededor de la Casa Blanca durante las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial (para tomarse una propagandística foto con una Biblia) ha mostrado cómo podría responder a protestas poselectorales si Biden es el ganador y el mandatario se niega a dejar el cargo.
Los comandantes militares enfrentarían una situación hasta ahora inimaginable, recibiendo órdenes de un “comandante en jefe” que ha perdido las elecciones. Es decir, se configuraría un golpe de Estado. Por todo lo que se conoce, afortunadamente Trump no tiene un nivel de control en las Fuerzas Armadas y la comunidad de inteligencia.
El peor de los casos es que el estado de no definición se prolongue hasta mediados de enero y que la Cámara de Representantes y el Senado estén en disputa sobre quién debería ocupar la Casa Blanca cuando el mandato del presidente expire el 20 de enero, según la Constitución.
“Trump ha roto tantas normas y ha hecho declaraciones tan incendiarias, incluso acerca de no aceptar una transición pacífica del poder, que mis alarmas están activadas y sonando”, dijo Richard L. Hasen, autor de Election Meltdown: Dirty Tricks, Distrust, and the Threat to American Democracy.2 “No significa que esto vaya a suceder. Pero sí significa que tenemos razón en preocuparnos de que suceda”.
Con suficiente anticipación, los abogados demócratas que trabajan con la campaña de Biden están examinando las leyes electorales en los estados en disputa, así como las reglas de la Constitución para contar los votos electorales. Les preocupa que Trump mantenga una ventaja en la noche de las elecciones en un estado crucial, declare la victoria antes de que se cuente la mayor parte de las boletas por correo y envíe a sus abogados a los tribunales para tratar de detener un conteo completo. Es una trastada que Trump mismo ha señalado que podría ocurrir, al declarar repetidamente que las boletas por correo son fraudulentas.
Tal acción legal podría crear una oportunidad para que los legisladores estatales republicanos en estados como Pensilvania, Michigan y Wisconsin declaren que emitirán los votos electorales de su estado a favor de Trump. En Michigan, esos mismos legisladores republicanos se niegan a denunciar el intento de golpe de Estado local donde se planeaba el secuestro de la gobernadora de ese estado y el ataque a varios edificios públicos, con hasta ahora 13 arrestados miembros de una organización de supremacistas blancos vinculada al movimiento racista y terrorista Boogaloo.
Los gobernadores demócratas en cada uno de esos estados podrían interponerse en el camino, llevando al Congreso una lista de electores que compiten por Biden, lo que provocaría una mayor disputa del proceso. Nada como esto ha sucedido en Estados Unidos desde la contienda de 1876 entre el republicano Rutherford B. Hayes y el demócrata Samuel Tilden. Y solo a nivel de un estado (Florida), en las infames elecciones del 2000.
La mayoría de los líderes republicanos parecen rechazar que su país vuelva a pasar por algo así, sin que se produzca un resultado electoral muy estrecho y con evidencia convincente de que los recuentos de votos fueron defectuosos. Varios republicanos en el Congreso hicieron declaraciones recientemente prometiendo una transición pacífica.
Los demócratas han usado esta controversia para energizar a sus votantes, instándolos a votar masivamente para que no haya disputas sobre el vencedor.
“Una victoria decisiva de Biden hará que sea prácticamente imposible que Trump niegue los resultados, y es nuestro mejor medio para defender la democracia”, dijo Bernie Sanders. Trump está “sembrando las semillas del caos, la confusión y usa teorías de conspiración al poner en duda la integridad de esta elección y, si pierde, justificar por qué debería permanecer en el cargo”.
La campaña de Trump, que ya ha gastado 1 000 millones de dólares de los 1 300 millones que ha recaudado, ha pagado aproximadamente 30 millones de dólares en los últimos dos años, en su equipo legal. Sus seguidores cuentan significativamente con menos fondos que los candidatos demócratas tanto en la campaña presidencial como en varias para el Senado y la Cámara de Representantes.
En un escenario contrario, la campaña electoral de Trump lucha agresivamente para reducir la participación de los votantes. Contra la elegibilidad para votar por correo, se trata de eliminar a los votantes de las listas, endurecer los requisitos de identificación de los votantes, reducir o prohibir el uso de buzones y descartar las boletas por correo que tienen fallas técnicas o llegan después del día de las elecciones (aunque hayan sido enviadas antes).
En fin, obstaculizar que el pueblo vote masivamente y hacer que los consejos electorales de los estados no tengan más remedio que confirmar que Biden ganó.
La democracia del asesinato
Que Estados Unidos es una democracia es una afirmación de ingenua aceptación en varias partes del mundo, pero siempre acompañada de dudas muy grandes. Y hay numerosos hechos que demuestran la limitada calidad institucional de esa democracia.
Quizás entre los más profundos cuestionamientos está el derecho del voto (y muchos otros derechos) de los ciudadanos de piel negra, de la mujer y de otros grupos minoritarios. Algunos dirán que la decimoquinta enmienda de la Constitución establece que los Gobiernos de Estados Unidos no pueden impedir a un ciudadano votar excusando motivos de raza, color o condición anterior de servidumbre (es decir, esclavitud), enmienda que fue ratificada el 3 de febrero de 1870, un lustro después del fin de la Guerra Civil. Pero en la realidad es diferente.
Solo en 1964, el presidente Lyndon Johnson firmó la Civil Rights Act (Ley de Derechos Civiles) que da al Gobierno federal poder para luchar contra la segregación, y en 1965, en el momento de mayor incidencia de Martin Luther King en la vida pública, el Congreso de EE.UU. aprobó la Ley de Derechos Electorales. Su implementación plena en la vida diaria, como bien sabemos, aún está lejos de haberse logrado.
La “democracia del asesinato”, sea a tiros o por ejecución aparentemente legal. Martin Luther King Jr. y Malcolm X, líderes contra la discriminación racial; Robert F. Kennedy, quien enfrentó al crimen organizado y la corrupción; los esposos Rosenberg, Ethel víctima de feminicidio judicial, y Harvey Milk, primer hombre abiertamente homosexual electo para un cargo público en los Estados Unidos. Víctimas del fascismo y el odio.
No es menos cierto que, en esas fechas, conspiraciones aún no aclaradas habían envuelto los asesinatos del presidente John F. Kennedy (22 noviembre de 1963), Malcolm X (21 de febrero de 1965), Martin Luther King (4 de abril de 1968) y, pocos días después, el 6 de junio, Robert F. Kennedy.
Estos eran líderes muy diferentes, representando organizaciones de amplia presencia nacional, con vastas redes, fuerte logística y recursos materiales, y fueron asesinados por el fascismo estadounidense, pero el movimiento progresista alcanzó algunos logros históricos que hoy están en gravísimo peligro ante la posibilidad de una “reelección” de Trump.
Ni los presidentes escapan a la “democracia del asesinato”. Las historias de A. Lincoln, J. Garfield, W. McKinley y John F. Kennedy lo demuestran palmariamente.
En abril de 2014, el presidente Barack Obama homenajeó la lucha por los derechos civiles de los años sesenta, y puso énfasis en el hilo histórico de aquella búsqueda que se remontaba desde los inicios de la nación hasta el presente, remarcando que los sesenta abrieron “nuevas puertas de oportunidad no solo para negros y blancos, sino también para mujeres, latinos, asiáticos, nativos americanos, homosexuales y estadounidenses con discapacidad”.
Esa mirada puesta en lo social, en la universalización de los derechos civiles, contrasta radicalmente con la mirada y la práctica políticas de Trump. “Yo tengo la autoridad”, ha dicho el mandatario, en una definición de su protagonismo frente a los gobernadores: “Yo tengo la autoridad definitiva”.
Sin embargo, no es así. La Constitución de Estados Unidos es sumamente ambigua sobre el poder relativo de los Gobiernos estatales y el Gobierno nacional. Y si el Artículo VI, la llamada “cláusula de supremacía”, establece que las leyes federales prevalecen sobre las nacionales, la Décima Enmienda precisa que los estados son los que deciden, excepto en aquellas cuestiones en las que la Constitución declara de forma explícita la supremacía federal.
Ese choque de concepciones acerca del ejercicio del poder dejó al desnudo otra expresión autoritaria a pocas semanas de la elección nacional que resolverá si Trump continúa en su Gobierno, personalista y alejado de toda cordura y del respeto a la legalidad, o se abre paso una visión más apegada al derecho, de la mano de Joe Biden.
Recientemente, el académico Lawrence Douglas presentó un libro titulado ¿Se atreverá? Trump y el inminente colapso electoral de 2020. El análisis explora respuestas a partir de una estratagema que es peligrosa, pero no novedosa, de parte de Trump: comenzar a sembrar dudas acerca de un eventual fraude electoral; muy señaladamente, en este caso, en torno al voto por correo.
No necesita evidencias, ni le preocupa buscarlas o que existan o no: simplemente lanza a las redes sociales o al aire las versiones que se ajustan a su conveniencia o a sus caprichos, en las que va del más grosero bullying al absurdo y la ignorancia más cruda. Siempre hay seguidores, también para eso.
Esa estrategia no es novedosa. La usó en 2016, cuando en uno de los debates con Hillary Clinton manifestaba que no se comprometía a aceptar el resultado si perdía. Douglas coincide con un grupo de legisladores demócratas y unos pocos republicanos en su preocupación acerca de la inconsecuencia de Trump. “¿Y qué si Trump no coopera en una hipotética transición de poderes?”.
El temor de una zona muy importante del sistema político de EE.UU. es qué sucedería si el presidente no “concede”, no reconoce, no acepta la derrota y desafía la Constitución.
Para Douglas, académico, “las leyes federales asumen que los líderes acatarán las normas y concederán la derrota. El sistema simplemente no está preparado para ese desafío. Y menos con la composición actual de la Cámara de Representantes y el Senado, dividido en el control por demócratas y republicanos. Esto también ocurre en estados clave como Wisconsin, Pensilvania y Michigan, cuyas cámaras legislativas deben enviar un documento con los resultados electorales”.
Trump con su “as bajo la manga” para controlar la Corte Suprema, Amy Coney Barrett. La nominación de una nueva magistrada a las puertas de una elección presidencial (menos de un mes), sin precedentes en siglo y medio. Sin máscaras contra la COVID-19, con Trump positivo en esos momentos.
La preocupación de Douglas y de otros muchos académicos, así como legisladores, incluso republicanos, es que no se fían de la conciencia democrática de Trump, que en verdad, y la realidad lo ha demostrado muchas veces, es inexistente. Trump ha estado sembrando dudas sobre los “votos por correo”, pues ante una votación cerrada se abriría un compás de incertidumbre que demoraría, quizás, semanas. El mandatario ya ha sembrado las semillas para justificar un golpe de Estado o cualquier otra acción antidemocrática.
Trump no es Gore, quien en el 2000 prefirió parar el recuento y aceptar la derrota, anteponiendo a los suyos los intereses de la nación. Pero nadie cree que eso se repita con Trump. La Constitución fija el 20 de enero como el día en que debe haber un nuevo presidente en funciones. Si el resultado no estuviera firme, la Ley de Sucesión Presidencial de 1947 establece que Nancy Pelosi sería designada presidenta en funciones.
Las dudas de muchos son principalmente dos: cuál será la conducta de la dirección militar, y cómo intervendrá la Corte Suprema, aún más si se integra como magistrada la actual nominada de Trump, la jueza reaccionaria Amy Coney Barrett.
Pero ni el equipo demócrata de Biden, Harris, Sanders, Ocasio-Cortez, entre otros, es tan apocado como Gore, ni el pueblo estadounidense es el de hace dos décadas. Y no está con la guardia baja.
Son fuertes los indicios de que Estados Unidos puede tener este mes de noviembre su hora cero, en la dirección del sentido común y políticas más avanzadas en áreas como ley y orden, economía, inmigración, salud, política interior y exterior y medioambiente.
Notas:
1 En realidad el New Deal original de Franklin D. Roosevelt tuvo dos porciones sucesivas que algunos llaman el primer y el segundo New Deal Aquí lo considero, para más claridad, como uno solo.
2 Richard L. Hasen. La crisis de las elecciones: Trucos sucios y la amenaza a la democracia americana, Yale University Press, febrero, 2020.

Trump endurece ofensiva contra Biden previo al debate final

WASHINGTON.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, endureció este martes su ofensiva contra la integridad de su rival demócrata, Joe Biden, a dos días del decisivo debate final televisado entre ambos antes de las elecciones del 3 de noviembre.

Trump, rezagado en las encuestas y temeroso de ser un presidente de un solo mandato, tiene un tono más agresivo que nunca.

¿Su ángulo de ataque? Los negocios del hijo de Biden, Hunter Biden, en Ucrania y China, cuando su padre era vicepresidente de Barack Obama (2009-2017).

Mayoría de estadounidenses critica manejo de Trump de la pandemia

WASHINGTON.— Cuando faltan menos de tres semanas de la jornada electoral, la mayoría de los estadounidenses critica enérgicamente el manejo de la pandemia del coronavirus por parte del presidente Donald Trump y el de su propia enfermedad, de acuerdo con una encuesta de The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research.

Según la encuesta, pocos confían en la información difundida por la Casa Blanca acerca de la salud de Trump. Los primeros informes fueron confusos y contradictorios y la Casa Blanca aún se niega a revelar cuándo dio negativo el presidente por última vez antes de que su enfermedad tomara estado público.

Retoma Trump campaña presidencial con ataques frontales a Biden

WASHINGTON.— El presidente Donald Trump empieza este lunes un maratón de actos en tres estados claves, con la esperanza de recuperar el terreno perdido frente a su rival demócrata, Joe Biden, antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos el 3 de noviembre.

Trump se presentará en Florida, en Pensilvania y en Iowa en los próximos tres días, un recorrido exigente para el presidente estadounidense de 74 años, que se dice “inmunizado” contra el covid-19 diez días después de dar positivo al coronavirus y meter los frenos a su campaña a la reelección.

En una retahíla de tuits matutinos, el presidente volvió a atacar a los periodistas, a los demócratas y a su rival en las presidenciales, “Joe el dormido”.

Encuestas en estados cruciales para la elección golpean la campaña de Trump

Simpatizantes de Donald Trump se manifiestan antes de la llegada de Joe Biden a un evento en Miami, Florida. Foto: Reuters

El demócrata Joe Biden está ampliando su ventaja contra el presidente Donald Trump en una serie de estados cruciales, según una nueva ronda de encuestas estatales publicadas este miércoles.

Encuestas de la Universidad de Quinnipiac muestran que Biden tiene una ventaja sobre Trump de 11 puntos porcentuales en Florida, 13 puntos en Pensilvania y 5 puntos en Iowa.

Vocera de Trump da positivo a Covid-19

WASHINGTON.— La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, informó este lunes que dio positivo a la prueba de covid-19, luego de que el presidente Donald Trump anunciara el viernes que se había contagiado de la enfermedad.

“Después de dar negativo de manera constante, incluso todos los días desde el jueves, di positivo para covid-19 el lunes por la mañana sin experimentar síntomas”, dijo McEnany en un comunicado.

La vocera del mandatario detalló que comenzará la cuarentena y continuará trabajando en forma remota.

Aclaró además que “ningún reportero, productor o miembro de la prensa” aparece como contacto cercano en el listado de los servicios médicos de la Casa Blanca.

Sin embargo, crecía la polémica por las precauciones, o la falta de precauciones, tomadas por la Casa Blanca y la familia Trump para evitar contagios del nuevo coronavirus.

El domingo, la portavoz del presidente celebró una rueda de prensa al aire libre con periodistas, sin usar máscara.

Los riesgos de Trump ante el Covid-19

WASHINGTON.— El presidente Donald Trump enfrenta varios factores que podrían aumentar los riesgos de que su infección de coronavirus se agrave, como la edad, la obesidad, el colesterol elevado y el hecho de ser hombre.

Trump y la primera dama Melania Trump, que también dio positivo, “están bien por el momento” y planean permanecer en la Casa Blanca mientras se recuperan y son monitoreados de cerca, según una declaración de su médico, el doctor Sean Conley.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo el viernes que Trump tenía síntomas leves de COVID-19.

Trump vs Biden: primero de tres rounds sin un claro ganador

OLD FORGE.— Con una gorra en la que se puede leer “policías para Trump”, Tom Keeney abandona la sala donde una decena de seguidores del presidente de Estados Unidos siguen el debate presidencial.

“Me cansé de oír a Biden”, dice Keeney, residente en Pensilvania, uno de los estados pendulares, donde no hay tradición histórica de votar por un partido y que suelen definir las elecciones presidenciales.

Dentro de la sala, en Old Forge, un distrito de clase trabajadora de Scranton, donde creció Joe Biden, la cobertura de Fox News del primer debate entre Trump y su rival demócrata suena a todo volumen. 

Las banderas de Trump y los mensajes antiaborto inundan las paredes; en el suelo, una figura de cartón del presidente con los dos pulgares hacia arriba da la bienvenida a los que entran al salón.

El grupo escucha en silencio mientras los dos candidatos se increpan uno al otro. Luego estalla en carcajadas cuando el presidente se refiere a su oponente de manera personal, pero con algo de desprecio, con un simple “Joe”.

“Creo que Trump lo está haciendo bien y que Joe Biden está teniendo dificultades para argumentar”, dice Doug Miller, de 30 años, con un gorra roja con el eslogan “Mantén la Grandeza de Estados Unidos”.

Jackie Smith, quien dice ser un ferviente seguidor del presidente, se fuma un cigarro fuera de la sala bajo la lluvia.

“Trump ha hecho mucho por nosotros en los cuatro años que lleva en el cargo”, dice.

Pensilvania, como Ohio, donde se llevó a cabo el debate, es un estado del “Rust Belt” (cinturón de óxido), donde se han destruido muchos puestos de trabajo en las últimas décadas a medida que la industria pesada ha perdido terreno. Trump ganó en ambos estados en 2016.

El presidente se esforzó por denigrar la agudeza mental de Biden antes del debate. Pero el candidato demócrata tuvo una mejor actuación de lo esperado, lo que frustró a los seguidores del republicano.

Los candidatos discuten sobre la Corte Suprema, la pandemia de coronavirus, el cambio climático, temas elegidos por el moderador del debate, Chris Wallace, quien asigna tiempo a cada candidato y no duda en criticar a Trump por interrumpir a su oponente.

Pero sus esfuerzos no gustan a esta audiencia.

“Siento que durante la mayor parte de la noche (Trump) no solo estuvo debatiendo con Joe Biden el dormión, sino que tuvo que debatir con Chris Wallace, que creo que es un completo tonto”, dice Miller.

Wallace trabaja en Fox News, un canal conservador, pero tiene reputación de enfrentarse con cualquiera, independientemente de sus ideas políticas.

Trump vs Biden: El primer debate presidencial

Rafael González Morales

Profesor e Investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana

El martes 29 de septiembre se realizará el primer debate presidencial entre Donald Trump y Joseph Biden en la Universidad Western Reserve en Cleveland. Aunque la evidencia histórica es abrumadora al demostrar que este tipo de eventos no son determinantes en los resultados de las elecciones, millones de personas en Estados Unidos y en el mundo seguirán de cerca este espectáculo político. La mayoría de los espectadores se harán una pregunta clave: ¿quién ganó el debate?

Se trata esencialmente de un show que está diseñado para enfocarse más en la forma y las apariencias que en el contenido. La opinión pública estadounidense se concentra más en el comportamiento de los contendientes que en sus posiciones políticas. De hecho, si alguno se percibe como débil o poco enérgico, si muestra nerviosismo, si manifiesta inseguridad o si comete errores mentales evidentes, puede ser suficiente para que la gran prensa lo declaren el perdedor de la noche. En la práctica, son los medios de comunicación los que actúan como los jueces de esta disputa, lo que incide en la percepción del público.

El ambiente político en que se inserta este debate, y en especial, la agresiva campaña de descrédito protagonizada por Trump contra Biden encontrará en este evento su punto culminante de realización. El mandatario estadounidense ha esperado con ansiedad este momento al considerar que es su mayor oportunidad para demostrar que el aspirante demócrata no está mentalmente capacitado para ser presidente, carece de energía para ese cargo y no cuenta con el temperamento apropiado.

Por lo tanto, será un debate sin precedentes debido a que uno de los participantes se centrará en adoptar un comportamiento abiertamente confrontacional, agresivo, temerario y grosero. En esencia, Trump se mostrará tal y como es. Hace unos meses, Hillary Clinton sintetizó cómo sería ese estilo: “Él irá preparado para insultar, burlarse y amenazar con su presencia”. A partir de la conducta previsible del aspirante republicano, las miradas estarán enfocadas en cómo Biden manejará esta situación.

En esencia, la estrategia republicana será provocar a Biden y convertir el debate en un ejercicio de demostración de quién se ve más fuerte y seguro. No obstante, la ofensiva para proyectar a un rival demócrata incapaz, frágil e inferior también es un arma de doble filo y podría ser un error de alcance estratégico que solo se sabrá la noche del próximo martes. Si Biden se presenta sin cometer errores graves y se maneja adecuadamente, entonces se derrumbará el estereotipo que ha tratado de imponer Trump para desviar la atención y evitar una discusión sobre los graves problemas que están golpeando al pueblo estadounidense.

En este sentido, el debate se organizará en 6 segmentos de 15 minutos cada uno. Los temas que se abordarán serán los siguientes: historia de vida de Trump y Biden; la Corte Suprema; la COVID – 19; la economía; raza y violencia en las ciudades y la integridad de las elecciones. El moderador será Chris Wallace, quien es uno de los presentadores de Fox News. La primera pregunta será dirigida a Donald Trump, quien tendrá aproximadamente dos minutos para responder.

A partir de los temas previstos y atendiendo a las circunstancias que vive Estados Unidos, es obvio que en principio Trump se encuentra en una posición a la defensiva si el debate se enfoca en el desastroso manejo de las múltiples crisis por las que transita su país. Por esta razón, sus esfuerzos estarán encaminados en tomar la iniciativa y personalizar el intercambio convirtiéndolo en un verdadero caos. En este sentido, el rol del moderador puede marcar la diferencia debido a que tiene el gran desafío que el debate no se le vaya de las manos y se imponga el ritmo del aspirante republicano.

Biden no solo tendrá que lidiar con el reto de conducirse sin cometer desatinos que puedan ser explotados por Trump sino que deberá convencer y persuadir a un electorado demócrata muy diverso y heterogéneo que va desde posiciones moderadas hasta los denominados progresistas. En este último grupo, precisamente se encuentran votantes que todavía no están convencidos con el candidato demócrata y, en última instancia, si se sienten decepcionados podrían abstenerse de votar.

El primer debate transcurrirá en un momento en que cerca del 90% de los electores ya tomaron una decisión sobre por quién votarán. Según una encuesta reciente de NBC/Wall Street Journal, el 11% está todavía indeciso. Aunque los debates presidenciales no son suficientes para determinar por sí solos el resultado de las elecciones, en una contienda como está muy reñida que la diferencia en determinados estados decisivos podría ser de 20 mil o 30 mil votos reviste especial interés aquellos votantes que esperan a este tipo de eventos para tomar una decisión definitiva.

Según ese propio sondeo, el 18% de los indecisos plantearon que los debates eran muy importantes para decidir su voto. En unas elecciones que se espera ocurra un incremento sustancial de la participación en los comicios estaríamos hablando de un potencial de cientos de miles de votantes en esta situación, lo que constituye una cifra no despreciable. A partir de estos elementos y teniendo en cuenta las particularidades de esta campaña presidencial y las circunstancias sin precedentes que vive Estados Unidos, tal vez los debates tengan un impacto mayor en determinar quién asumirá la Casa Blanca en enero del 2021. (Tomado de Contexto Latinoamericano).

Anuncia Trump nuevas sanciones a Cuba

WASHINGTON.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció hoy nuevas sanciones relacionadas con Cuba que prohibirán a los estadunidenses alojarse en lugares de propiedad del gobierno cubano, y que restringirán aún más la importación de cigarros y licores cubanos.

“Hoy, como parte de nuestra continua lucha contra la opresión comunista, anuncio que el Departamento del Tesoro prohibirá a los viajeros estadunidenses alojarse en propiedades del gobierno cubano”, dijo Trump en un evento en la Casa Blanca.

“También estamos restringiendo aún más la importación de alcohol y tabaco cubano”, agregó en una ceremonia en que se rindió homenaje a veteranos de Bahía de Cochinos y en el 40 aniversario de la llegada de los ‘marielitos’, unos 120 mil cubanos que llegaron a Florida desde el puerto de Mariel.

Desde que llegó en enero de 2017 a la Casa Blanca, Trump ha tomado medidas para endurecer el embargo económico contra Cuba de más de seis décadas y que se había flexbilizado durante el mandato de su predecesor demócrata, el presidente Barack Obama.

En junio de 2019, la administración Trump impuso nuevas y severas restricciones a los viajes a Cuba, al argumentar que la medida tenía como objetivo presionar aún más al gobierno comunista por su apoyo a su aliado, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El Departamento del Tesoro dijo que Washington no permitiría ya los viajes educativos e intercambios culturales, denominados “People to People”, una de las excepciones más populares a la prohibición general del turismo estadunidense a la isla caribeña.

También dijo que no autorizaría a las embarcaciones de pasajeros y recreativas, así como a las aeronaves privadas y corporativas a viajar a Cuba.

A principios de este año, Washington ordenó a Marriott International cerrar las operaciones hoteleras en Cuba.

Starwood Hotels, ahora propiedad de Marriott, había sido la primera empresa hotelera estadunidense en firmar un acuerdo con el gobierno cubano desde la revolución de 1959 en medio de la normalización de las relaciones bilaterales.

La Habana y Washington restablecieron sus nexos diplomáticos formales en julio de 2015, tras décadas de hostilidad.

Las nuevas reglas, que entrarán en vigor el jueves próximo, serán publicadas oficialmente en el Registro Federal, dijo la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, que también ha eliminado la autorización relacionada a presentaciones públicas, clínicas, talleres y competencias atléticas, entre otras.

Trump también había suspendido los vuelos chárter y comerciales a Cuba, con excepción de los vuelos a La Habana y limitó los envíos de remesas a mil dólares por trimestre. Y ha sancionado a compañías que participan en los envíos de petróleo venezolano a la isla.

Las sanciones de Estados Unidos se conocen cuando la economía cubana se ha paralizado aún más debido a la pandemia de coronavirus y la disminución de la ayuda de Venezuela, y cuando Trump y el aspirante demócrata a la presidencia del país Joe Biden están en una reñida carrera electoral en Florida.

Las nuevas medidas no tendrán un impacto real inmediato actualmente debido a que las fronteras del país están cerradas por la pandemia, según analistas locales. En 2019, un total de 498 mil ciudadanos estadunidenses visitaron Cuba y más de 550 mil cubano-estadunidenses, según el gobierno cubano.

En un discurso virtual el martes ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, criticó fuertemente al gobierno de Trump y dijo que era “un régimen marcadamente agresivo y moralmente corrupto”.

Noam Chomsky alerta sobre posibilidades de una nueva guerra civil en Estados Unidos

El actual es un momento “notable, único, importante”, describió Noam Chomsky. “Difícil” pero a la vez “lleno de esperanza para un mejor futuro”. Es un momento de “confluencia de distintas crisis muy fuertes” y sin fronteras: “catástrofes ambientales, amenaza de una guerra nuclear, la pandemia, destrucción de la democracia”. El lingüista advirtió, además, sobre un “riesgo inminente” de guerra civil en Estados Unidos.

Chomsky brindó la conferencia magistral “Internacionalismo o extinción” en el marco de la primera cumbre (virtual) de la Internacional Progresista, que emergió en mayo para unir, organizar y movilizar a las fuerzas progresistas en un frente común y así frenar el avance de la derecha en el mundo.

“La Internacional Progresista (IP) tiene un papel crucial para determinar qué curso va a seguir la historia. La vida humana está en peligro directo y los grandes poderes imperialistas del momento están enfrentándose. El poder británico se está saliendo de Europa, volviéndose más un satélite de Estados Unidos de lo que ya era. Para la significación del futuro es importante ver qué pasa en la hegemonía global, disminuida por los delirios de Trump, pero con el poder y las ventajas militares de Estados Unidos”, reflexionó el pensador de 91 años.

Cerca de la medianoche

Una posible reelección de Trump sería una crisis final, terminal, que puede tener consecuencias muy serias. Hay otras crisis también: son las que hacen que le falten cinco a la medianoche. A la extinción. Hace 75 años vivimos debajo de este reloj que hace tic-tac”, deslizó Chomsky.

Al momento del lanzamiento de la bomba atómica se creía que la inteligencia humana había llegado al punto de “tener la capacidad de destrucción total de su especie”. Todavía no se sabía que, más tarde, “iba a destruir el medio ambiente de esta manera, que ahora nos acerca a un punto final”. A su vez, cada año de Trump en el poder también significa estar más cerca de la medianoche.

En tiempos de Covid-19 confluyen “las mismas crisis de siempre”, a las que la pandemia se suma: la amenaza de una guerra nuclear, la catástrofe ecológica, la destrucción de la democracia. “Podría parecer fuera de lugar el tema de la democracia. No lo es. Es ese desmoronamiento el que permite las otras dos amenazas de exterminación. Los ciudadanos informados, comprometidos en un proceso democrático real, no dejarían que pasen estas otras dos amenazas”, explicó.

“Estas tres amenazas han ido en aumento gracias a las políticas de Trump. Ha ido desmoronando las políticas de control de las armas y desarrollado armas más peligrosas; ha disminuido las protecciones contra las amenazas de una guerra nuclear. Se ha dedicado a destruir el medio ambiente y cualquier sustento de la vida. Ha abierto los últimos lugares protegidos contra la explotación petrolera, por ejemplo.”

En síntesis, el presidente de Estados Unidos lleva adelante “políticas sistemáticas de desmantelamiento de las políticas de regulación para proteger al medio ambiente y a las poblaciones de las contaminaciones tóxicas ante la explotación petrolera de la energía fósil”.

En la charla, Chomsky definió desde un principio el rol de la Internacional Progresista en este complejo panorama mundial: “No entremos en pánico ahora y actuemos en función de esto. Las crisis que estamos enfrentando en este momento único son internacionales. Las catástrofes ambientales, la guerra nuclear, la pandemia… no tienen frontera ninguno de estos peligros. Puede haber diferencias entre países, pero hay troncos comunes”.

Riesgos de una guerra civil en Estados Unidos

En otro pasaje, cuestionó el hecho de que Trump otorgue cargos en el gobierno sin aprobación del Senado, a los que “va cambiando para que estén dispuestos” a seguir su voluntad. “No hay voces independientes. El Congreso había establecido hace mucho tiempo que un inspector general monitoree el trabajo de la rama ejecutiva, pero viendo la corrupción que ha dejado Trump en Washington podemos ver claramente que no está funcionando”, criticó. “Trump empezó a decir que si no le gusta el resultado de las elecciones no va a dejar su puesto. Es una amenaza directa”, alertó.

Si bien “la jefatura militar publicó una carta en la que recordó su deber constitucional de sacar del poder a un presidente que no quisiera dejarlo”, hay que tener en cuenta a las unidades paramilitares que “se han ido repartiendo en el país para asustar a la población”. “En ausencia de una victoria de Trump muy clara hay riesgos inminentes de guerra civil. Son palabras fuertes, que no habíamos escuchado nunca en voces públicas. No lo digo yo; lo dicen otras personas. Mucha gente tiene ese miedo. Nada de este estilo había pasado en la compleja historia de la democracia parlamentaria. La megalomanía que domina el mundo, la de Trump, para él ya no es suficiente. Podría no respetar la Constitución y hacer lo que él llama ‘negociar’ para un tercer mandato.”

El filósofo señaló que “la agenda de Trump para los ricos va más allá del neoliberalismo”. Los expertos en políticas fiscales han detectado que por primera vez en los últimos siglos los billonarios pagan menos impuestos que los trabajadores, lo cual les implica “una gran victoria dentro de la guerra de clase”. “Eso se llama tener la hegemonía”, sentenció.

El optimismo de la voluntad

La conferencia continuó con una mesa redonda con participación de la escritora y activista keniana Nanjala Nyabola, el activista y filósofo afroestadounidense Cornel West y el diputado laborista John McDonnell.

La de West –también actor de films como Matrix recargado– fue una intervención bella, poética. Sumó un factor más a la confluencia de crisis. Una crisis “de la imaginación”. Hay que dar, entonces, una lucha “intelectual e ideológica”. “Puede haber una crisis nuclear mañana, o una catástrofe económica y ecológica, pero hay también una catástrofe cívica: la gente no puede ni imaginar lo que se parecería a una vida pública vibrante y viva”, expresó el filósofo, e instó a recuperar valores perdidos: integridad intelectual, decencia, honestidad. “Lo mejor de la especie humana es el amor, la felicidad, el juego, la comunidad. Hay que alimentar una rebeldía colectiva para abrir mundos posibles.”

Haciéndose eco de lo planteado por los integrantes de la mesa, Chomsky se refirió a las “cualidades humanas” que emergieron en la pandemia, como la “ayuda mutua”. Se hace más fuerte allí donde las personas están más oprimidas y son más pobres. “Se juntan para ayudarse y conseguir comida, mucho más que la gente estancada en sus departamentos. Por ejemplo en Brasil, en las favelas. No tienen acceso a nada. El gobierno no ha hecho nada. Pero se están organizando y tienen sistemas de apoyo mutuo. ¿Quién lo empezó? Las bandas criminales de estos barrios. Transformaron su misión para organizar la ayuda mutua”, destacó.

Gramsci apareció varias veces en la conversación: “Estamos viviendo en la edad de los monstruos cuando el nuevo mundo todavía no ha emergido”, propuso el pensador, quien instó a mantener el pesimismo intelectual pero, también, el optimismo de la voluntad. “El movimiento de Black Lives Matter no salió de la nada. Ha sido un proceso de conciencia creciente durante muchos años. A la fecha es el movimiento social más grande de la historia de Estados Unidos, más que el de Luther King. Además es internacional. Los blancos y los negros juntos, luchando con ideas muy importantes. No sólo contra el asesinato de la Policía a los afroamericanos sino con ideas de cómo luchar contra el racismo y la opresión de clase. La IP se enfoca en estos temas para sacarnos de la edad de los monstruos y dejarnos entrar en un mundo de justicia”, dijo.

Finalmente, llamó a la sociedad a deshacerse de la industria de la energía fósil: “No la necesitamos”. Para él debería quedar en manos de la clase trabajadora y funcionar en base a “programas sostenibles”. “El banco mundial debería ser un banco público. Estamos cerca de esto a medida que la conciencia va cambiando. Hace diez años, después de la crisis de 2008 de las viviendas, Obama básicamente ha nacionalizado la industria automotriz. Si les devolvemos esa industria a los poderes van a seguir haciendo lo que siempre han hecho. Podríamos entregarla a las comunidades y a la fuerza trabajadora”, sugirió. Y concluyó: “Hace menos de 100 años la gente tenía en claro que las relaciones laborales de las fábricas eran intolerables. El Nuevo Acuerdo Verde tiene que tener eso en su centro”. (Tomado de Página 12)

Trump arremete contra México otra vez por el narcotráfico

WASHINGTON.— Donald Trump, amenazó el miércoles con penalizar a México si no hace “más” para combatir el narcotráfico.

A menos que el gobierno mexicano demuestre un progreso sustancial en el próximo año respaldado por datos verificables, México correrá un grave riesgo de que se concluya que no ha cumplido de manera demostrable sus compromisos internacionales de control de drogas”, dijo el mandatario en un memorando publicado por la Casa Blanca.

Trump ya había advertido en 2019 al gobierno de Andrés Manuel López Obrador que consideraría descertificar a México en su lucha antidrogas, lo cual implica un cese de la asistencia financiera y del respaldo de Washington en organismos internacionales.

México es la fuente de casi toda la heroína y metanfetamina incautada en Estados Unidos y una ruta de tránsito para la mayor parte de la cocaína disponible en el país, según agencias estadounidenses.

Trump reconoció que tras su exhortación hace un año, México aprobó “con éxito” reformas para el decomiso de activos, aumentó las extradiciones de narcotraficantes a Estados Unidos, produjo el primer estudio en 17 años sobre el cultivo de amapola (materia prima de la heroína), y elaboró una estrategia contra las drogas.

Pero señaló que “si bien estas son señales de progreso, se debe hacer más”.

Por eso, urgió al gobierno de López Obrador a desbaratar las organizaciones criminales, seguir extraditando a sus integrantes, incrementar las confiscaciones de droga, e implementar un programa de desarrollo sostenible alternativo para erradicar el cultivo de amapola.

También lo instó a parar la “alarmante tendencia” a la producción en su territorio de fentanilo, la principal droga vinculada a muertes por sobredosis en Estados Unidos, y de metanfetamina, así como a fortalecer los mecanismos para impedir el tráfico de precursores desde China.

“México debe demostrar claramente su compromiso de desmantelar los cárteles y sus empresas criminales y hacer más para proteger las vidas de los ciudadanos mexicanos y estadounidenses amenazados por estos grupos”, subrayó Trump.

El presidente estadounidense hizo estas advertencias en un memorando que por ley debe enviar anualmente al secretario de Estado en el marco de las asignaciones de gastos, en el que identifica los principales países de tránsito y producción de drogas, y determina si éstos han incumplido sus obligaciones de lucha antinarcóticos.

El mandatario volvió a descertificar a Bolivia y a Venezuela “por haber fallado de manera demostrable durante los 12 meses anteriores en cumplir con sus obligaciones bajo los acuerdos internacionales contra el narcotráfico”.

Complots, incendios y pandemia marcan la carrera electoral en Estados Unidos

La Coalición Latinos por Trump, ayer en un acto de respaldo al mandatario republicano en Phoenix, Arizona. A la derecha, el demócrata Joe Biden en un acto de campaña afuera del Museo de Historia Natural en Wilmington, Delaware. Foto AP.

David Brooks

(Periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en los Estados Unidos)

La batalla electoral presidencial, a 50 días de los comicios, fue marcada por un intercambio de acusaciones por incendios, pandemia y hasta «complots» de la izquierda y la derecha, mientras no pasa un día en que no se abordan los escenarios de una elección que culmina en crisis constitucional y hasta violencia armada en las calles.

El candidato presidencial demócrata Joe Biden acusó a Donald Trump de ser un «incendiario climático» que, de ser relecto, dejará en llamas a Estados Unidos, al abordar el tema de los incendios sin precedente en el noroeste del país cuya intensidad y dimensión son resultado del cambio climático, según expertos científicos.

Por su parte, el presidente Trump viajó a California –después de casi ignorar el tema de los incendios durante las últimas semanas–, donde reiteró su crítica de que el fuego es resultado del mal manejo del suelo forestal, y rehusó abordar el tema del cambio climático. Después de que afirmó que las temperaturas bajarán por sí solas –de la misma manera que había declarado que el Covid-19 desaparecería hace meses–, un funcionario estatal le señaló que el consenso científico apuntaba hacia lo opuesto. El presidente respondió: «no creo que la ciencia sepa».

Biden y los demócratas están buscando poner al centro del debate los temas del manejo de la pandemia y el cambio climático. Y Trump ha buscado desviar la atención de esos asuntos al poner su lema central de «la ley y el orden» y la amenaza de la «izquierda radical» para atemorizar a votantes y consolidar sus bases. «Ninguna ciudad, pueblo o suburbio estará seguro» si ganan los demócratas, repite.

Esta semana marcan seis meses desde que el magnate fue obligado a declarar una emergencia nacional por la pandemia, y Estados Unidos continúa en primer lugar a nivel mundial en el número de contagios y de muertes (más de 194 mil hasta ahora) por el nuevo coronavirus. Aunque sólo representa 5 por ciento de la población mundial, tiene 20 por ciento de los fallecidos por la pandemia. El total de más de 190 mil muertos es equivalente a 65 atentados del 11-S, señala Axios.

Mientras, el presidente fue criticado por haber violado los reglamentos estatales y las recomendaciones de expertos de salud pública al realizar un mitin de campaña en Nevada el fin de semana en un espacio cerrado sin medidas sanitarias. Al responder a preguntas al respecto, Trump insistió ayer en que «yo estoy en un escenario, y está a mucha distancia. Por eso no estoy nada preocupado», lo cual dejó asombrados a muchos, ya que no abordó el peligro que eso representaba para los miles de sus seguidores ahí.

Al mismo tiempo, uno de sus altos funcionarios en el Departamento de Salud acusó a científicos del Centro de Control de Enfermedades de «sedición» y denunció que funcionarios de esa agencia estaban formando una «unidad de resistencia» para minar al presidente. El secretario asistente de Salud, Michael Caputo, agregó en una conversación en vivo por su página de Facebook, que él podría ser asesinado y que agrupaciones de izquierda se estaban preparando para el conflicto armado después de la elección presidencial, declarando que cuando Trump insista en ser elegido para un segundo periodo, “los tiroteos comenzarán… si portan armas, compren municiones, damas y caballeros, porque va a ser difícil conseguirlas”.

Todo esto continúa nutriendo la especulación casi diaria en este país sobre si los comicios del 3 de noviembre detonarán una crisis constitucional en una nación con un sistema electoral que no garantiza un resultado completo ni transparente.

Por ahora, los sondeos mantienen a Biden con ventaja tanto nacional como en varios estados claves, pero aún se pronostica que la contienda será definida por el voto de unas cuantas entidades donde hay un margen de diferencia cerrado, lo cual se presta a una magna disputa política.

Cada día hay expertos, historiadores, políticos y abogados que especulan sobre varios escenarios, desde problemas técnicos severos hasta medidas de supresión y represión del voto, intervención extranjera en el proceso y un presidente que ya ha declarado que la elección era fraudulenta y que se niega a decir que respetará el resultado si no le es favorable.

« ¿Qué ocurre si Trump pierde pero rehúsa admitirlo? Un resultado disputado y el riesgo de disturbios civiles presenta un dilema para el Congreso, los tribunales y los militares», es la cabeza de un reportaje en el Financial Times este lunes.

El domingo, el New York Times publicó un artículo de opinión con el título: Son las 20 horas el día de las elecciones. Expertos compartan sus escenarios de pesadilla. La semana pasada, The Nation publicó un artículo titulado ¿Trump está planeando un golpe de Estado?

Esto se repite sin cesar y no hay conversación sobre las votaciones donde no esté presente la posibilidad de una grave crisis no sólo electoral y constitucional, sino hasta de violencia armada en las calles. Eso es nuevo. (Tomado de La Jornada).

Biden supera a Trump en 12 puntos en intención de voto

Joe Biden lidera la intención de voto a escala nacional en Estados Unidos con 12 puntos de ventaja sobre el presidente Donald Trump, según un sondeo de opinión de Reuters/Ipsos que también mostró que el número de votantes influenciables se había reducido en comparación con las últimas elecciones presidenciales.

La encuesta, realizada del 3 al 8 de septiembre y publicada este miércoles, mostró que el 52% de los posibles votantes planeaban apoyar a Biden, mientras que el 40% votaría por Trump. El 3% dijo que votaría por otro candidato, y sólo el 5% dijo que seguía indeciso a menos de dos meses de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

La encuesta reflejó que el número de votantes que aún no habían dado su apoyo a un candidato de un partido mayoritario era menos de la mitad de lo que lo era en 2016, y que Biden tenía actualmente la ventaja de ganar el voto popular a nivel nacional.

Incluso aunque el resto de votantes indecisos dieran su apoyo a Trump, según la encuesta, el republicano seguiría perdiendo el voto popular a favor de Biden.

Sin embargo, Trump todavía podría seguir en la Casa Blanca incluso sin el voto popular nacional porque las elecciones presidenciales de los Estados Unidos no se deciden por el voto general de los estadounidenses, sino por quién gana el llamado Colegio Electoral (Electoral College, en inglés), formado por “electores”.

Estos son elegidos en cada estado según las urnas y tienen la función de votar por el presidente y el vicepresidente, de manera que quien se lleva el gato al agua es aquel que consigue más estados.

Hace cuatro años, la demócrata Hillary Clinton obtuvo casi 3 millones de votos más que Trump. Sin embargo, al republicano le bastó con ganar por poco el Colegio Electoral para llevarse la presidencia.

Esta ha sido la primera vez que la encuesta de Reuters/Ipsos ha medido el apoyo a los candidatos a la presidencia de 2020 entre los posibles votantes.

En base a los votantes registrados, que incluyen aquellos con menos probabilidad de votar, Biden aventaja a Trump en 8 puntos porcentuales, en comparación con la ventaja de 7 puntos de una encuesta similar publicada la semana pasada.

Pandemia y confianza en el gobierno

El sondeo mostró que los probables votantes estaban motivados principalmente por la pandemia del coronavirus, que ha matado a más de 186 000 estadounidenses y dejado a millones sin trabajo, y por el restablecimiento de la confianza en el gobierno.

Preguntados por sus motivaciones para elegir presidente, el 28% dijo que era la capacidad percibida del candidato para gestionar el coronavirus, mientras el 23% dijo que era la capacidad para restaurar la confianza en el Gobierno. Otro 19% dijo que era la capacidad del candidato para impulsar la economía, y el 14% dijo que buscaba un candidato que fuera “duro con el crimen”.

El 51% de los posibles votantes dijeron que Biden lo haría mejor en la gestión de la pandemia en EEUU, mientras que el 38% dijo que sería Trump.

Pero el republicano tiene la ventaja cuando se trata de la percepción de quién sería “duro con el crimen y los disturbios civiles”, con el 45% eligiendo a Trump, mientras que el 40% dijo que Biden sería mejor en este sentido.

En la economía, ninguno de los candidatos tiene la ventaja entre los probables votantes: el 45% dijo que pensaba que Biden sería mejor para la economía nacional y la creación de empleo, mientras que el 45% apostaba por Trump.

Biden, que ha ido por delante de Trump durante la mayor parte del año en la mayoría de las encuestas de opinión nacionales, se ha beneficiado de una reciente migración hacia el bando demócrata de algunos de los votantes más fiables de los Estados Unidos: blancos con educación universitaria.

Aunque los blancos no universitarios siguen apoyando en gran medida a Trump frente a Biden, el presidente no ha consolidado el nivel de apoyo dominante que sí disfrutó con ese grupo hace cuatro años cuando se presentó a las elecciones contra Clinton.

Hasta ahora, las encuestas de opinión de otros medios de comunicación dan a Biden una pequeña ventaja sobre Trump en un puñado de estados competitivos, incluyendo Arizona, Wisconsin, Michigan, Pennsilvania y Florida. Esa ventaja también parece haberse reducido en algunos casos en las últimas semanas.

La encuesta Reuters/Ipsos se realizó de manera online, en inglés, en todo el territorio de los Estados Unidos. Recogió respuestas de 823 probables votantes, incluyendo 390 que se identificaron como demócratas y 351 que se identificaron como republicanos. Las encuestas tienen un margen de error —una manera de medir la precisión de los sondeos— de más o menos 4 puntos porcentuales. (Con información de Reuters).

Trump y la estrategia del caos

Rafael González Morales

(Periodista de Progreso Semanal)

En Estados Unidos, el proceso de elecciones presidenciales, se desarrolla en un contexto sin precedentes en la historia de esa nación. El pueblo estadounidense participará en unos comicios marcados por los efectos devastadores de la pandemia, las implicaciones del racismo sistémico y la crisis económica más severa desde la Gran Depresión, que según The New York Times se evidencia en los siguientes indicadores: caída récord del PIB en 9,5 por ciento en los últimos tres meses, 30 millones de personas han solicitado ayuda por estar desempleados y el gasto del consumidor ha decrecido en 10,1 por ciento.

A este complejo panorama se añade la obsesión de un presidente por reelegirse que ha llegado al extremo de quebrar las normas básicas que imperan en ese país sobre lo “políticamente correcto” y parecería que en este empeño no tiene límites visibles. A partir de esas circunstancias objetivas, Donald Trump y su equipo de campaña hace un tiempo concluyeron que no tenían posibilidades de ganar las elecciones en noviembre. Por lo tanto, decidieron que la única opción realista para imponerse sería el despliegue de una estrategia que desconociera y atacara los fundamentos del sistema electoral.

El plan está centrado en cuatro pilares fundamentales: desestimular y obstaculizar la participación de votantes que favorecen o se inclinan por el candidato demócrata; sabotear el funcionamiento del servicio postal; impedir que se creen las condiciones logísticas necesarias en los centros de votación y presionar directamente a las autoridades electorales a nivel local.

Esta concepción parte de la premisa de que ese país no está preparado para enfrentar las exigencias y desafíos que ha impuesto la COVID -19 a los comicios presidenciales. Las recientes elecciones primarias fueron una clara muestra de la gravedad de esta situación. Entre los principales problemas sobresalieron: retraso en la llegada de las boletas enviadas por correo, demora excesiva en el conteo de los votos, cierre masivo de centros de votación, requerimientos innecesarios para votar, largas colas, colapso de sitios webs electorales y votantes que no sabían dónde ejercer el sufragio. Esto provocó que en algunos condados de estados decisivos como Wisconsin y Pennsylvania los resultados tardaran diez días en conocerse.

Esta realidad es un adelanto en pequeña escala de lo que podría ocurrir el 3 de noviembre. Todo esto fue posible debido a los serios problemas estructurales, organizativos y funcionales de un sistema electoral estadounidense que está al borde del colapso. Cuando apenas faltan dos meses para el primer martes de noviembre, lo más peligroso es que no existe la posibilidad real de revertir esta situación. Trump y su equipo interpretan que estas vulnerabilidades constituyen oportunidades únicas para lograr sus propósitos. Por lo tanto, no basta con que las condiciones objetivas del país favorezcan a Joe Biden debido a que los republicanos tienen la capacidad de incidir en tres aspectos que resultan estratégicos: la decisión de votar o no, el ejercicio propiamente del voto y en su conteo.

Con relación al desestímulo de los votantes, las acciones están enfocadas en crear un ambiente de falta de confianza y credibilidad en el proceso electoral. Su principal exponente es Trump, quien durante un evento en Wisconsin enfatizó: “la única manera en que nosotros perdemos estas elecciones es si son manipuladas”. Contemplar el fraude como una posibilidad real e inevitable, constituye el eje central de esta campaña de desinformación que no solo promueve la confusión y el caos, sino que tiene como objetivo final preparar psicológicamente al pueblo estadounidense para que parezca natural que Trump se autoproclame ganador ante supuestas irregularidades electorales.

Según una encuesta realizada entre el 9 y 12 de agosto por Wall Street Journal y NBC News, el 45 por ciento de los votantes registrados no confían en que los resultados de las elecciones sean exactos y el 51 por ciento considera que el voto por correo no será contado adecuadamente. El ambiente de desconfianza y la percepción de fraude ya está presente en el electorado estadounidense, tendencia que debe profundizarse a medida que se acerque el 3 de noviembre.

Las maniobras para obstaculizar la participación en las urnas están estrechamente vinculadas a impedir que el Servicio Postal de Estados Unidos pueda garantizar la entrega de las boletas y su posterior distribución en los lugares habilitados para el conteo de los votos. En estos momentos, esa institución federal está en una situación crítica al no tener la infraestructura necesaria para manejar adecuadamente y en los tiempos requeridos un flujo estimado en decenas de millones de boletas. Por esa razón, los demócratas están presionando para aprobar un fondo de emergencia de 25 mil millones de dólares para que esa agencia pueda funcionar.

Por su parte, Trump hace apenas tres meses designó al frente del correo postal a Louis DeJoy, quien es su aliado incondicional y ha donado para sus campañas políticas más de 2 millones de dólares. Su objetivo al frente de esa institución es obstaculizar su funcionamiento para contribuir a que ocurran las siguientes situaciones: que a los votantes por correo no le lleguen sus boletas o en el mejor de los casos que arriben atrasadas, que no sean recogidas una vez ejercido el voto y que no se envíen a los centros de votación dentro de los plazos de tiempo establecidos, lo que impediría que sean contadas.

Esto podría suceder con cientos de miles de boletas de potenciales votantes demócratas y en las circunstancias actuales, los republicanos tienen la capacidad real de incidir en este proceso. De acuerdo a la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, hay 33 estados que exigen que las boletas deben ser recibidas por las autoridades electorales el día antes de las elecciones. Paralelamente, el Comité Nacional Republicano y grupos conservadores han gastado millones de dólares en la presentación de litigios en al menos 17 estados para limitar la expansión del voto por correo que es considerado por el candidato republicano como su principal desafío.

Sobre las condiciones logísticas en los centros de votación, las acciones están dirigidas a obstaculizar que estas instalaciones desarrollen su trabajo con celeridad, lo que tendría un impacto significativo en su capacidad para el procesamiento y conteo de las boletas. En estos momentos, se requieren principalmente máquinas de alta velocidad para el escaneo y contratar gran cantidad de personal debido a que, según el Centro para la Integridad Pública, más de la mitad de los que laboran habitualmente en estos lugares son personas vulnerables al COVID-19 por ser mayores de 61 años. Si estas problemáticas no tienen solución antes de noviembre, es altamente probable que varios estados se demoren días en divulgar los resultados, lo que es funcional a los intereses de Trump como parte de la promoción del caos.

Sobre las acciones de intimidación y presión a las autoridades electorales locales, la campaña de Trump y el Comité Nacional Republicano están trabajando intensamente en 15 estados para reclutar alrededor de 50 000 voluntarios que serían entrenados para desempeñarse como “observadores electorales”. En la práctica, estas personas incidirán directamente en los centros de votación y su entorno más cercano para asegurarse que en estos lugares se haga un “control más estricto de los votantes”, fundamentalmente negros, latinos y jóvenes. En determinados estados decisivos que se ganan por un estrecho margen, no es descartable que este tipo de tácticas intimidatorias sean determinantes. Debe recordarse que en las elecciones del 2000, en la Florida, la diferencia fue de 537 votos y hubo que esperar más de un mes para conocer el resultado final.

En cualquier caso, la estrategia de Trump contribuirá a que en estas elecciones sea más difícil votar, sea más complicado el escrutinio y probablemente el resultado oficial pueda tardar varios días. A partir de estos elementos, puede asegurarse que en términos prácticos está en curso un proceso de “secuestro” de las elecciones presidenciales y estamos en presencia de un candidato que ya se proclama vencedor sin todavía haberse contado ningún voto. Nunca esa nación ha enfrentado una situación de esta naturaleza. Por ello, no hay claridad sobre las eventuales implicaciones para Estados Unidos y el mundo de lo que algunos han llamado como un posible “Chernóbil electoral”. Tal vez por estas razones, Bernie Sanders en su reciente intervención en la Convención Nacional Demócrata dijo: “esta elección es la más importante en la historia moderna de este país”.

Un émulo destacado

N. Mario Rizzo M.

(Especial para UNQR)

Caricaturas de Daydier, jokcuba@gmail.com

El Presidente Jair Messias Bolsonaro “se hizo famoso por sus posiciones nacionalistas y conservadoras, por la defensa de la dictadura militar de 1964, por sus críticas a la izquierda, por haber considerado la tortura como una práctica anticomunista legítima, por sus posiciones contrarias a los derechos LGBT y por varias otras declaraciones controvertidas durante la campaña electoral de Brasil, las cuales le valieron cerca de 30 pedidos de casación y tres condenas judiciales. Sus posiciones políticas generalmente son clasificadas como alineadas a los discursos de extrema derecha aunque él se ha autodefinido como de centroderecha” según dice la Wikipedia, pero realmente lo que quizás haya adornado más su postura política es la admiración que profesa por Donald Trump y la fidelidad a las ideas de este por más deascabelladas que resulten.

Así ha dicho que “si la población hubiera consumido masivamente hidroxicloroquina Brasil no habría llegado a los 100 mil muertos”. Ese medicamento es producido, entre otros, por un laboratorio donde Trump posee importantes acciones y no es recomendado por la OMS que incluso asegura ha llevado a la muerte a más de 100 norteamericanos que han confiado su curación a tal droga, pero Trump sí lo recomienda; Bolsonaro dice que la tomó cuando estuvo con la enfermedad por lo que algunos se preguntan si será que fue por ella  que no terminó en la tumba

Cito algo publicado recientemente en Brasil: “Emulando en maldad con su admirado Trump, Bolsonaro ha decidido que no destinará fondos públicos para financiar a grupos ambientalistas a los que el Estado les venía cediendo un porcentaje de las penalidades que pagaban depredadores de la Amazonia pescados in fraganti, simplemente porque su idea es terminar con la industria de multas que para él es el Instituto Brasileño de Medio Ambiente.”

Bolsonaro 2

Vale destacar que este año la deforestación de la Amazonia, hasta este momento, es mayor que durante todo el año pasado, cuando fue noticia en todo el mundo, pero eso se ha logrado mantener como sin importancia, principalmente porque se habla de medidas que no tienen ningún efecto, o porque lo que se plantea es que la región es rica en recursos minerales que son necesarios para el país. Muchos, infelizmente, aceptan e ceeen en esta postura.

Luego agregan: “Trump niega el cambio climático como líder de un país que ha vuelto a ser por primera vez desde 1973, el mayor productor mundial de petróleo, por encima de Rusia y Arabia Saudita, mientras que Bolsonaro lo hace defendiendo los intereses de la industria minera y del agronegocio, abriendo la puerta a una fase de saqueo neocolonial que vendría a sumarse a lo ya sufrido por los lugares más saqueados del planeta.”

A todo eso se suma que abandonados a su suerte, sin asistencia médica, ni gobierno que quiera hacerlo, la población indígena de la Amazonia brasileña sigue extinguiéndose, mientras el presidente Jair Bolsonaro aprobó que 525 kilómetros cuadrados –área mayor que la ciudad de Sao Paulo- hayan sido completamente deforestados en tierras reclamadas por los aborígenes, y presionó al legislativo para que apruebe la entrega del 25% del bien llamado Pulmón del Planeta a empresas privadas, esto también reportado por un medio local.

Hay que recordar que Bolsonaro fue quien hizo salir de Brasil a cientos de médicos cubanos que prestaban sus servicios en las zonas más apartadas y pobres, donde muchos médicos locales se niegan a laborar. En eso también quiso ser como Trump, quien censura a Cuba “por explotar a sus médicos sometiéndolos a una especie de esclavitud moderna”, como si todos los miles de galenos cubanos repartidos por el mundo no lo hiciesen de forma totalmente voluntaria.

La República Federal de Brasil sobrepasa los 210 millones de habitantes, pero al acumular hace unos días más de 110.000 fallecidos alcanzó la cifra de 476 fallecidos por millón de habitantes,  el total de infectados había llegado a 3.413.392 personas. Sin embargo Bolsonaro dijo que ningún país del mundo ha hecho tanto como Brasil en el enfrentamiento a la pandemia, y se lo siguen creyendo.

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Una comparación entre el estado de Paraná, con algo más de 11 millones de habitantes, similar a Cuba, y que es uno de los estados del Sur de Brasil, región caracterizada por un elevado desarrollo social y con una población mayoritariamente formada por inmigrantes europeos, muestra cifras alarmantes pues el 22 de agosto  acumulaba 115.584 casos confirmados y 2.926 muertos. Mientras que Cuba, por igual fecha sólo contaba 91 fallecidos. Es de destacar que en todos los estados de Brasil el nivel de pruebas PCR es bajísimo, o sea, hay muchos casos que nunca se confirmaron y muertes que nunca se relacionaron a la Covid19.

Si bien Bolsonaro durante su campaña electoral denostó a mujeres, negros, homosexuales e indígenas, muchos pastores evangélicos convencieron a gran cantidad de brasileños de que con un presidente llamado Messias estarían protegidos y a salvo. Fue así como el oscuro Capitán, se hizo con la presidencia  luego de haber pasado por 9 partidos políticos  tal como sigue: PSC (2016-2018), PP (2005-2016), PFL (2005), PTB (2003-2005), PPB (1995-2003), PPR (1993-1995), PP (1993), PDC (1989-1993). Actualmente es un presidente sin partido, aunque parece que debe volver al que lo eligió, el PSC. Nada, ¡juegos políticos!

El cambio climático no es cierto, eso dicen tanto Trump como Bolsonaro, pues según ellos “detrás del climatismo hay una ideología de izquierda proclive a aumentar las regulaciones y la intervención del Estado, y esto hay que evitarlo”, no importa que caigan los inocentes, esos desheredados de la Tierra.

Un hombre que tal vez fue católico, pero que más bien se acerca a lo sostenido por ciertas sectas evangélicas de oscuras proyecciones, logrando su apoyo y la movilización de grandes masas a su favor, está cada vez más lejos, no de las ideas comunistas, sino del evangelio de humildad y amor a los pobres proclamado por el Papa Francisco, líder de la iglesia católica.

López Obrador, en spot de campaña de Donald Trump

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WASHINGTON.— Un spot de campaña del presidente Donald Trump muestra a Andrés Manuel López Obrador durante la firma del tratado comercial, mejor conocido como T-MEC.

El video fue proyectado como parte de la Convención Republicana donde se le nombró candidato republicano a la reelección en la presidencia de Estados Unidos.

En un fragmento del video sale López Obrador saliendo de la Casa Blanca para la ceremonia en el pasado mes de julio.

En el material se enlistan los logros alcanzados a cuatro años de gobierno de Trump, uno de ellos es precisamente la entraba en vigor de un nuevo acuerdo comercial para sustituir el TLCAN.

Diversos analistas han comentado que un eje central de la campaña de Trump es crear un discurso con los migrantes para lo que podría recurrir a mostrar el diálogo que sostiene con el gobierno mexicano de López Obrador.

Republicanos ya fijan su mirada en el 2024

 

WASHINGTON.— Los republicanos se enfocan actualmente en impulsar la reelección de Donald Trump durante su convención nacional. Pero también en lo qué, o en quién, se viene después.

Dejando a un lado los discursos, la propaganda y la teatralidad, se detectan las primeras maniobras con miras al futuro y a los potenciales candidatos a presidente para el 2024.

“Están pasando muchas cosas entre bambalinas”, aseguró el estratega republicano Alex Conant, quien trabajó con la campaña de Marco Rubio en el 2016.

Conant añadió que la puja empezará en serio después de los comicios de noviembre, en los que el electorado decidirá si Trump pasa a la historia como un malentendido que duró solo un término o como el fundador de un nuevo Partido Republicano.

En la convención participan una cantidad de posibles candidatos futuros, sobre todo Nikki Haley, exgobernadora de Carolina del Sur y exembajadora ante las Naciones Unidas, que habló el lunes por la noche, y el vicepresidente Mike Pence.

También tuvieron o tendrán el escenario para ellos los senadores Tom Cotton y Rick Scott, el secretario de estado Mike Pompeo y Don Trump Jr., hijo del presidente.

Muchos anticipan que en el 2024 se repetirá lo que sucedió en el 2016, en que una cantidad de senadores, gobernadores y figuras del partido se postularon junto a un personaje de la reality TV que pocos tomaron en serio.

Esta vez, “Mike Pence y Nikki Haley son, de lejos, los grandes favoritos”, sostuvo Scott Walker, exgobernador de Wisconsin y quien se postuló en el 2016.

“Hay otros, pero nadie está en ese nivel”.

Mucho dependerá de lo que pase con Trump en noviembre.

Si pierde, abrirá las puertas a detractores como el gobernador de Maryland Larry Hogan, un moderado que ha expresado alarma ante el manejo que hace Trump de la pandemia del coronavirus y que hace poco escribió un libro y lanzó una iniciativa que promueve “soluciones bipartidistas, de sentido común”.

Mike Pence, el fiel soldado

En el otro extremo está Pence, quien por años ha sido el más fiel soldado de Trump. Sus aliados saben que su futuro político podría depender de que Trump sea reelegido y trabajan denodadamente con ese fin.

Pence ha hecho 73 viajes a más de dos docenas de estados desde octubre. Ha mantenido conversaciones con grupos conservadores y ha dado 152 entrevistas.

Si Trump no gana en noviembre, habrá qué ver cómo afecta eso a Pence y si tiene el carisma o la ascendencia suficientes como para buscar la presidencia por sí solo. Hay quienes dicen que Pence lleva sobre sus hombros toda la carga que pesa sobre Trump, sin arrastrar a todos sus partidarios.

Un nombre que suena mucho es el de Haley, quien logró sobrevivir al gobierno de Trump con su reputación intacta, si no reforzada. Desde su partida, ha tratado de mantener un delicado equilibrio, mostrando cierta independencia del presidente aunque sin provocarlo directamente.

Nikki Haley, experiencia y vitalidad

En su discurso del lunes Haley promovió la candidatura de Trump al tiempo que se presentó a los votantes.

“Soy una hija orgullosa de inmigrantes de la India. Vinieron a Estados Unidos y se radicaron en una ciudad pequeña del sur”, expresó.

“Mi padre usaba un turbante. Mi madre un sari. Yo era una niña de tez morena en un mundo en blanco y negro”, relató.

Esa historia puede hacerla una candidata atractiva en momentos en que el electorado se rejuvenece y se hace cada vez más diverso. También puede argüir que tiene la experiencia necesaria.

Sea cual sea el resultado de la elección, los conservadores y los republicanos van a ver en Nikki Haley uno de los mensajeros de su causa más talentosos del país”, afirmó Rob Godfrey, quien fue portavoz de Haley cuando era gobernadora de Carolina del Sur.

Haley ha estado haciendo campaña a favor de varios candidatos republicanos al Senado.

“Está haciendo muchos amigos”, comentó Godfrey.

Este es el tipo de cosas que hacen potenciales candidatos entre bambalinas. Crean contactos, conocen a los donantes, a los dirigentes conservadores y a los líderes de los estados donde se realizan las primeras primarias, y tratan de alcanzar una proyección nacional.

Republicanos formalizan candidatura de Donald Trump

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WASHINGTON.— Los republicanos abrieron este lunes su convención con la nominación formal del presidente estadunidense, Donald Trump, como su candidato para las elecciones de noviembre.

Sin sorpresa, los cerca de 330 delegados del Partido Republicano reunidos en Charlotte, Carolina del Norte, designaron al mandatario como su candidato, en el primer día de la convención republicana.

El mandatario arribó luego a la convención de Charlotte, ansioso por diferenciarse de su rival demócrata Joe Biden, recluido en su residencia en Delaware debido a la pandemia de covid-19.

Los delegados presentes en la sala comenzaron a votar por orden alfabético, comenzando con Alabama y hacia las hacia las 16h10 GMT Trump había superado los mil 276 votos necesarios para convertirse en el candidato republicano, sin ningún voto en contra.

Trump figura rezagado en las encuestas, que ubican a Biden como favorito, en momentos en que su gobierno se ve muy presionado por la gestión de la pandemia, que deja unos 176 mil muertos en el país y una economía en crisis, con millones de desempleados.

A diferencia del cónclave demócrata, que concluyó el jueves, y fue mayoritariamente virtual, en la convención republicana tendrán un mayor peso las actividades presenciales.

Trump, Presidencia al estilo “el Estado soy yo” y “después de mí, el diluvio”

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Como se ha evidenciado en muchas ocasiones, Trump considera que él es el Estado mismo y la única medida de lo justo y correcto. Experto en fake news y acusaciones infundadas que ahora se centran en un posible fraude electoral de sus rivales, para él los problemas y las culpas son siempre de “los otros”. Foto: Reuters.

José R. Oro

(Ingeniero cubano residente en los Estados Unidos)

Se aproximan las elecciones generales en Estados Unidos, el próximo 3 de noviembre, en las que serán puestos a escrutinio “popular” la Presidencia y Vicepresidencia, 35 puestos senatoriales (de un total de 100) y los 435 escaños de la Cámara de Representantes. A nivel local, miles de funcionarios serán electos.

Escribo “popular” entre comillas, porque en 2016 Trump fue electo –acorde con el sistema electoral vigente– a pesar de haber obtenido casi tres millones de votos menos que su rival, Hillary Clinton.

Por todos los elementos que se tienen hasta hoy, Trump está en desventaja y varios de los estados “cambiantes” dan señales de inclinarse por el candidato demócrata Joe Biden o ven disminuir la ventaja original de Trump. Si, como se espera, hay una votación cerrada y Trump pierde estrechamente en algunos estados sufriendo una derrota a nivel de todo el país, hay serias preocupaciones acerca de un intento de golpe de Estado o de que no admita la derrota. Lo mismo podría pasar en la eventualidad de que Trump comience arriba en un estado pero al final del conteo de votos ganen allí los demócratas. Surgen varias preguntas sobre tal situación:

¿Por qué es tan intensa la preocupación de que Trump no admita su derrota si esta se produce, lo que es bastante posible, según las encuestas?

El título de este artículo incluye dos frases atribuidas a Luis XIV, el Rey Sol francés, que representan diáfanamente la personalidad política de Trump.

Como se ha evidenciado en muchas ocasiones Trump considera que él es el Estado mismo y que tiene todas las atribuciones para gobernar en las condiciones de un monarca absoluto, tal como Luis XIV sentado en el Palacio de Versalles (para Trump la Casa Blanca) y pensando al estilo de los siglos XVII y principios del XVIII. Más allá de su personalidad y fantasías, Trump no tiene ningún respeto o subordinación a las leyes, de las que se siente por encima y exento, lo que implica que no ser reelecto pueda parecerle algo intrínsecamente injusto e inmerecido para él y sus seguidores.

La segunda expresión manifiesta directamente –en un rango que va de la megalomanía a la mitomanía– el egocentrismo político y el más absoluto desprecio por lo que pudiera pasar en el futuro de Estados Unidos. Hitler también pensaba y actuaba así, llevando a Alemania a un desastre absoluto y expresando en sus días finales en el búnker de Berlín, que era un castigo merecido, porque los alemanes “no poseían el valor interno necesario”.

La megalomanía de Trump ha sido harto demostrada en distintas ocasiones, pero en el caso del enfrentamiento a la pandemia se ha evidenciado de una manera muy clara. A Trump y a muchos de sus seguidores les importan más el rendimiento de la economía y sus ganancias personales que la salud y la vida de las personas. Negar la ciencia, lo que dicen y repiten expertos y científicos serios y con décadas de carrera, incluso a pocos metros de distancia del presidente, ya es un problema mayor y roza el oscurantismo.

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Proyecciones del total de muertes causadas por la COVID-19 en Estados Unidos hasta el 3 de noviembre, tomado de Worldometers info. Valores de entre 220 000 y 240 000 fallecidos parecen probables.

Aparte de la lentitud al reaccionar a la emergencia sanitaria y el desprecio por el peligro que representa la COVID-19, la creencia de que la cloroquina es eficaz para enfrentar la enfermedad y que inyectarse o tomar desinfectantes sería una buena opción (hace poco retuiteó un video –eliminado por YouTube y Facebook por considerarlo fake news– en que ciertos médicos consideraban innecesarias las mascarillas y afirmaban que la hidroxicloroquina es el tratamiento para esta enfermedad), Trump ha sido el principal promotor de una reapertura económica a la que se oponen especialista y gobernadores, “reapertura” que puede causar, como se observa en la tabla y va mostrando la realidad, decenas o cientos de miles de nuevas fatalidades.

Para el día de las elecciones, podría haber más de nueve millones de contagios. La gestión de la COVID-19 es el Vietnam de Donald Trump y de la ultraderecha fascista del actual Estados Unidos, con todas sus consecuencias.

Además de esos elementos de la personalidad dictatorial y vengativa, caprichosa de Trump, quien no admite objeción o escollo alguno para sus deseos, hay un factor objetivo de enfrentamiento social. Las elecciones podrían ser apretadas y la decisión en los estados “cambiantes” podría producirse por unos pocos votos entre millones de votantes habilitados.

Esa situación de duda y suspicacia en torno a los resultados electorales ha sido catalizada por el propio Trump, quien en varias ocasiones ha expresado que, si gana, pues democracia pura y bella; si pierde, ha insinuado versiones sobre un fraude organizado por cualquiera, desde demócratas extremistas hasta el comunismo internacional.

Considerables disturbios podrían ocurrir en estados que se decidan por menos del 1% de los votos, como sucedió en las elecciones de 2016 en Michigan, Pensilvania, Nuevo Hampshire, Wisconsin, con un total de 50 votos electorales, e incluso en Florida, con 27 votos electorales, donde la diferencia a favor de Trump fue de 1.2%. Casos de este tipo, con resultados ajustados, van probablemente a suceder este 3 de noviembre. Si Trump pierde, aunque sea de forma aplastante (que no es lo que se espera, sino por escasa o moderada diferencia), es muy probable que haya dilación en el reporte de resultados, demandas legales, recuentos y otros manejos desestabilizadores por parte del mandatario y de la ultraderecha.

Diferencias entre las propuestas de 2016 y de 2020, significan la unidad del Partido Demócrata y un mayor atractivo para ir a votar por parte de las minorías.

La “desviación hacia el azul”, la gran diferencia con las elecciones de 2016:

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Diferencias entre las propuestas de 2016 y de 2020, significan la unidad del Partido Demócrata y un mayor atractivo para ir a votar por parte de las minorías.

La tabla arriba nos muestra algunas de las principales diferencias en el campo Demócrata entre las anteriores elecciones y las que se avecinan. Ya todas las principales cartas están sobre la mesa. Con la selección de la senadora Kamala Harris como compañera de fórmula de Joe Biden se completó “la desviación hacia el azul”, el movimiento del programa de Gobierno del Partido Demócrata hacia posiciones que en los Estados Unidos llaman confusamente liberales o progresistas, pero que son lo que denominaríamos en muchas partes del mundo de centroizquierda.

Algo que no se atrevió a hacer Hillary Clinton en 2016. Por eso, entre otras cosas, no logró la unidad dentro de su partido ni motivó a las minorías a ir a votar, perdiendo unas elecciones, que debió ganar, por estar tan distanciada y desatendida de los anhelos del pueblo. La candidatura Biden/Harris no solo desarrolla un programa, sino que convence a los votantes de su seriedad en tratar de llevarlo a cabo.

Trump, en cambio, está peleando su candidatura para la reelección en un país devastado por la pandemia, la incrementada desigualdad, la recesión y el racismo. Entonces, ¿qué está haciendo?: está peleando en una guerra de frases manidas y clichés, como en tiempos de R. Nixon, en un país muy diferente al de hace medio siglo y diferente, pese al poco tiempo transcurrido, al de 2016. Como buen monarca absoluto, Trump solo ofrece más de lo mismo.

La estrategia funcionó para él (apenas) en 2016, cuando derrotó con el voto de los colegios electorales a Hillary Clinton, considerada por muchos un icono de la generación de los años sesenta. Trump está tratando ahora de reeditar su campaña de 2016 avivando la división racial y rugiendo su grito de batalla contra los inmigrantes: “¡Terminemos el muro!”. Llama a Joe Biden “marioneta de la izquierda militante”, tuiteando que “ha sido atraído mucho más a la IZQUIERDA de lo que el loco Bernie Sanders nunca pensó posible”. Es decir, la misma música tradicional de la ultraderecha estadounidense: EE.UU. para los blancos, muerte al socialismo, abajo los inmigrantes (que son el problema, porque para Trump los culpables de todo son los otros, desde los inmigrantes y los chinos a los demócratas)… Y así. Aunque aún hay decenas de millones de votantes que responden a esas consignas, se ven ampliamente sobrepasados por aquellos que las rechazan.

Como resultado, la campaña de Trump está reuniendo a los votantes de derecha, ultraderecha y de pequeños grupos periféricos de la extrema izquierda. Pero no está abordando las preocupaciones de la gran mayoría de los estadounidenses promedio, más visiblemente después de que la COVID-19 ha costado la vida a miles de sus conciudadanos, sus bien zaheridos fellow Americans, los que rechazan en un porcentaje de entre 55% y 83% el “liderazgo” de Trump durante la pandemia. La cifra de muertos puede llegar a entre 220 000 y 290 000 (según los modelos usados) para el día de las elecciones generales, lo que es mucho más que el número de estadounidenses muertos en la Primera Guerra Mundial, Vietnam y Corea juntos.

El creciente y vibrante movimiento Black Lives Matter, que ha ganado mayor comprensión y apoyo en el total de la población estadounidense en los últimos meses, tiene una importancia fundamental en estas elecciones. Siempre las minorías han simpatizado con los candidatos menos conservadores, pero el 3 de noviembre será la primera vez que tengan una masiva asistencia a las urnas. La selección de la senadora de California Kamala Harri es considerada por muchos como el remate que garantizará una masiva participación de los votantes de las minorías.

Trump tiene demostrados delirios de grandeza y mesianismo, y quiere, al igual que casi todos los fascistas, ser un icono histórico (J. Bolsonaro es otro triste ejemplo actual). Para poder completar sus objetivos de hacer a “America grande de nuevo”, él “necesita” un segundo término y probablemente más (dijo el 14 de mayo de este año en Allentown, Pensilvania, que podría estar en la presidencia nueve o 13 años).

Supongo que también hay sólidos intereses materiales para Trump, su familia y allegados que requieren, para su materialización, controlar el poder político. Siempre pensando en el estilo de Luis XIV, Trump quizás se imagina ser el iniciador de una dinastía donde personas como su hija Ivanka, el yerno Jared Kushner y su primogénito Donald Jr. podrían estar vislumbrados como sus seguidores en la Casa Blanca después de que él salga en el 2025. Una idea como esta sería considerada como pura locura por un estadounidense promedio, pero no nos olvidemos de que Trump, en paralelo con su maldad, ha demostrado sobradamente vivir en “otro planeta”.

¿Como podría manifestarse tal situación en la práctica?

Ya desde ahora mismo, Trump y muchísimos republicanos creen que las elecciones no van a ser efectuadas de una forma justa y cabal. A eso se le llama en castellano “poner el parche antes de que se salga el grano”. Un 65% de los republicanos han sido convencidos por la demagogia de Trump de que las elecciones van a ser “irregulares”; de ellos, el 37% afirma no confiar mucho en los resultados, mientras que el 28% dice no confiar en lo absoluto.

¿Cuáles serían los resultados más probables de un intento de violar lo establecido por la Constitución y las leyes de Estado Unidos?

Una gran parte del pueblo estadounidense está convencido de que Donald Trump no es un líder para guiar al país en una lucha a muerte contra la pandemia ni de cara a otros problemas que enfrenta la nación. Como consecuencia, es probable que una gran parte de los votantes “indefinidos” decidan sustituirlo por un candidato como Joe Biden, quien, aunque no tenga un gran liderazgo personal, sí ha mostrado una probada capacidad de trabajar en equipo, permite actuar a los especialistas y los apoya.

Puede ser que este día de las elecciones se parezca más a una semana de elecciones o a un mes de las elecciones, gracias a las complicaciones relacionadas con el coronavirus y las diversas formas de votar. Si muchas personas no están dispuestas a esperar pacientemente los resultados finales, y si Trump y sus seguidores cínicamente ponen en duda la integridad del voto, los resultados podrían ser socialmente catastróficos.

Los estadounidenses se han acostumbrado a esperar resultados en la propia noche electoral. Abraham Lincoln se enteró de que había ganado en 1860 aguardando en la oficina de telégrafos hasta las dos de la madrugada. En 1948, en las elecciones que enfrentaron a Harry Truman y Thomas Dewey, el Chicago Daily Tribune anunció la victoria del candidato republicano Dewey en un gran titular de primera plana, para tener que rectificar y excusarse al día siguiente.

Aún está en el recuerdo un fenómeno tan irregular como el recuento de votos en el estado de Florida en las elecciones de 2000, donde Jeb Bush como gobernador del estado vio a su hermano George W. “ganarle” a Al Gore por 537 votos y, con los votos del colegio electoral floridano, obtener la presidencia 271 -266. Si eso se produjera ahora, de alguna forma parecida, el nivel de explosión social sería difícil de predecir, pero sería de inusitada envergadura, socavando las bases del injusto sistema bipartidista de manera irrevocable.

No es probable que Donald Trump y sus cómplices se salgan con la suya por la fuerza. Desde ahora, resulta evidente que Trump está perdiendo influencia política entre los congresistas de su propio partido, cada vez menos comprometidos con él. Una decisión en el Congreso o en la Corte Suprema de Justicia sería, con toda seguridad, aciaga para Trump. Cientos de millones de estadounidenses no aceptan más las manías caprichosas de Trump, la filosofía de que el “el Estado soy yo” o de que “después de mí, el diluvio”.

Asesor de seguridad de Trump da positivo a Covid-19

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WASHINGTON.— El asesor de Seguridad Nacional Robert O’Brien dio positivo por el nuevo coronavirus, pero no hay riesgo de exposición al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, o al vicepresidente Mike Pence, dijo la Casa Blanca en un comunicado.

“Tiene síntomas leves y se ha autoaislado y trabaja desde un lugar seguro fuera del sitio. No hay riesgo de exposición al presidente o al vicepresidente. El trabajo del Consejo de Seguridad Nacional continúa sin interrupciones”, señaló el comunicado.

La Casa Blanca ha dicho que el personal se somete regularmente a pruebas de detección del virus y O’Brien es el funcionario de mayor rango en arrojar positivo en medio de la pandemia.

Un miembro del ejército de Estados Unidos que trabaja en la Casa Blanca dio positivo por coronavirus en mayo, al igual que el secretario de prensa del vicepresidente Mike Pence.

Para Trump, la crisis sanitaria no se resolverá paralizando las actividades del país, sino con nuevas vacunas y medicamentos.

La solución no llegará a través del tapabocas o el cierre de la economía, esperamos que sea el genio estadounidense que permita que las terapias y las vacunas prevalezcan”, dijo el jefe de gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, en declaraciones a la cadena ABC el domingo.

Cubano recorrerá 5 mil kilómetros en bicicleta para llamar atención a relaciones Cuba-EU

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LA HABANA.— Un extenso recorrido en bicicleta por cerca de 5.000 kilómetros a través de Estados Unidos inició el profesor cubanoamericano Carlos Lazo, con el objetivo de llamar la atención sobre las políticas de hostigamiento contra Cuba, reforzadas por la Casa Blanca a pesar de la pandemia del COVID-19.

“La idea que nos impulsa a mí, a los que me acompañan, a los que se unirán por el camino, y a los que pedalearán alrededor del mundo, es crear puentes de amor entre Cuba y EEUU, como si fuera un arcoíris maravilloso entre las costas estadounidenses del Pacífico y del Atlántico”, comentó a Sputnik el también activista por el mejoramiento de los vínculos entre los países.

La ruta, que inició en la ciudad de Seattle (noroeste), incluye transitar en bicicleta por los estados de Montana, Minneapolis, North Dakota, Minnesota, Wisconsin, Illinois, Indiana, Ohio, Pensilvania, Maryland y Washington D.C., donde hará paradas para conceder entrevistas a la prensa y conversatorios en escuelas, asociaciones, e iglesias.

También planean reunirse con congresistas, representantes de grupos políticos, incluso con el presidente de EEUU, Donald Trump, si fuera posible, para transmitirle su deseo de avanzar en la normalización de las relaciones entre Cuba y EEUU.

“Hablaremos con los hombres y mujeres de Estados Unidos, que es también nuestra nación”, declaró Lazo en un comunicado que circuló en sus redes sociales.

El activista destacó la necesidad de “tender puentes de amor entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos”.

“Sesenta años de discordia [entre ambas naciones] solo han traído miseria, dolor y resentimientos. Y los cubanos de a pie, sin distinción de ideologías, han sido los más perjudicados”, indicó.

Al comienzo de la pandemia del covid-19, el profesor Lazo dirigió una carta al presidente Trump pidiéndole que levantara las sanciones contra Cuba porque dificultan o impiden a la isla adquirir equipos médicos, alimentos y medicinas, a través de una petición hecha pública en las plataformas online Change.org y Avaaz.org, donde consiguió hasta ahora cerca de 20.000 firmas de apoyo.

“Desde niño, en Cuba, crecí en la tradición de peregrinar al Rincón (santuario) de San Lázaro (santo católico), para dar gracias por alguna promesa que se había cumplido, y de cierto modo este recorrido lo veo así, como una promesa que todavía no se ha cumplido, que entre los pueblos de Cuba, mi patria de nacimiento, y Estados Unidos, mi patria adoptiva, se construyan puentes de amor y de amistad, y haya un día en que no existan sanciones y que seamos buenos vecinos”, subrayó Lazo.

Carlos Lazo salió de Cuba rumbo a EEUU en una balsa rústica, hace 29 años, y más tarde participó en la guerra de Irak, como miembro del ejército estadounidense, donde fue condecorado con la Estrella de Bronce al Valor en 2004.

Ese mismo año protagonizó una campaña para conseguir la reanudación de los viajes familiares entre EEUU y Cuba que el entonces presidente George Bush había limitado.

Lidera además el proyecto Fábrica de Sueños, y en varias oportunidades a viajado a la isla con sus alumnos estadounidenses, para mostrarles la realidad que se vive en la isla. (Sputnik).

No se habló con Trump del muro fronterizo: López Obrador

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CIUDAD DE MÉXICO.— El presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció esta mañana su tradicional conferencia matutina desde Palacio Nacional luego de haber viajado a Estados Unidos en su primera visita oficial para reunirse con el presidente Donald Trump.

Al ser cuestionado sobre el tema del muro fronterizo, el primer mandatario señaló que tanto él como el presidente Donald Trump evitaron hablar del muro.

“Es un tema que no se trató porque procuramos que el encuentro se diera a partir de coincidencias, no de diferencias… no era un tema que nosotros quisiéramos tratar”.

Señaló que durante la cena “sí hubo una expresión, pero no con propósitos de imponer nada”.

López Obrador además agradeció a Trump no tocar el tema.

El presidente además agradeció a los paisanos migrantes que estuvieron pendientes de su visita a EU, también a los empresarios mexicanos que lo acompañaron y a los que desde México ofrecieron su respaldo.

Destacó la importancia que tienen los trabajadores mexicanos en EU, los cuales calcula suman 38 millones de paisanos y quienes aportan en remesas 35 mil millones de dólares al año.

Relación sólida EU-México; se decepcionaron quienes esperaban confrontación, coinciden

 

WASHINGTON.— El presidente Trump aseguró en conferencia de prensa que está muy agradecido con México y se siente feliz con el encuentro que sostuvo con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Luego de la reunión que sostuvieron ambos mandatarios, el presidente estadunidense destacó la solidez en la que se encuentra la relación Estados Unidos – México.

Al respecto aseguró que la ‘gente había apostado contra las relaciones entre ambos países, sin embargo, los lazos entre ambas naciones son muy fuertes.

“La gente apostaba en contra de esta relación, pero esta jamás había sido tan estrecha. Somos amigos, aliados y socios muy cercanos’, comentó el mandatario.

Durante el encuentro el presidente López Obrador firmó un documento, según se puede ver en una fotografía filtrada a medios.

Fallaron los pronósticos: AMLO

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, destacó frente al mandatario estadunidense que fallaron los pronósticos que auguraban que se pelearían, pero “no nos peleamos, somos amigos y lo vamos a seguir siendo”.

Momentos antes de la cena que se lleva a cabo en la Casa Blanca, y en la que ambos mandatarios están acompañados de sus comitivas, el presidente López Obrador resaltó que llegó hasta la Casa Blanca por invitación de su amigo, el presidente Donald Trump.

“Vengo a esta cena, a la que me ha invitado mi amigo el presidente Donald Trump, acompañado de empresarios mexicanos, de empresarios destacados no sólo, porque invierten, producen, generan empleos, sino también porque tienen una dimensión social; están pensando no sólo en la acumulación de ingresos, sino también en que nos vaya bien a todos, que le vaya bien a nuestro pueblo”, comentó.

López Obrador destacó que a diferencia de los tratados comerciales anteriores, en el T-MEC los productos tienen que llevar algo que se produzca en Canadá, en México y en Estados Unidos.

“El otro elemento que considero fundamental y de justicia, es el que se garanticen mejores salarios, mejores condiciones laborales para los trabajadores de los tres países; esto no se contemplaba en el anterior tratado, por eso nos da mucho gusto estar aquí en la Casa Blanca”, agregó el presidente López Obrador.

Intercambio de bates

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, intercambiaron bates de béisbol durante el encuentro que mantuvieron en la Casa Blanca.

A través de sus redes sociales, Marcelo Ebrard, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), publicó una imagen del momento del intercambio de bates.

“Intercambio de bates en la Casa Blanca, el béisbol es un espacio común”, escribió el canciller en su cuenta de Twitter.

El presidente López Obrador se reunió por primera vez la tarde del miércoles con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca.