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FBI alerta, protestas armadas en 50 estados por investidura de Joe Biden

WASHINGTON D.C.- El Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos advirtió sobre posibles protestas armadas pro–Trump que se están planificando en Washington D.C. y en las 50 capitales de las entidades del país en el período previo a la toma de posesión del presidente electo, Joe Biden, el 20 de enero, dijo una fuente federal que solicitó el anonimato por ser una investigación abierta.

Ante las amenazas de más violencia de los partidarios del presidente saliente Donald Trump, la Guardia Nacional fue autorizada a enviar hasta 15 mil soldados a Washington D.C y se prohibió a los turistas visitar el Monumento a Washington hasta el 24 de enero, cuatro días después de que Joe Biden asuma como presidente, agregó la fuente del FBI que investiga las protestas pro–Trump.

El comité inaugural de Joe Biden dijo que el tema de la ceremonia será “Estados Unidos unido”.
El país lidia con las consecuencias del asalto al Capitolio tras las protestas pro–Trump en el lugar.
FBI vs protestas pro–Trump

Las masivas protestas pro–Trump que investiga el FBI son para rechazar la asunción de Joe Biden y Kamala Harris. Foto: Reuters.
La fuente policial, hablando bajo condición de anonimato, dijo que las advertencias sobre las protestas pro–Trump del FBI fueron desde el 16 de enero y, al menos, hasta el 20 de enero para las capitales estatales y durante los tres días previos al Día de la Inauguración en Washington D.C. El jefe de la Oficina de la Guardia Nacional, el general Daniel Hokanson, dijo que habrá alrededor de 10 mil soldados en Washington D.C.

El FBI advirtió que los efectivos militares podrían aumentar hasta 15 mil, dependiendo de las protestas pro–Trump. Foto: Reuters.
El senador Chris Murphy, quien dijo que enviaría una carta al Departamento de Defensa, informó que no está claro si el FBI y la Guardia Nacional serán suficientes para proteger la capital de la nación de las protestas pro–Trump y que también podrían necesitarse tropas en servicio activo: “No tengo miedo de prestar juramento afuera”, dijo Joe Biden a los periodistas en Newark, Delaware.

El Servicio de Parques suspenderá las visitas al Monumento a Washington.
Esto, por preocupaciones de seguridad por amenazas de interrumpir la inauguración.
En una carta al secretario interino de Seguridad Nacional, Chad Wolf, que se hizo pública el domingo, la alcaldesa de Washington D.C., Muriel Bowser, pidió un nuevo enfoque de la seguridad después de lo que llamó el “ataque terrorista sin precedentes” de la semana pasada. El FBI trabaja para desarticular a los grupos extremistas que impulsarán las protestas pro–Trump.

Declaran alerta en Washington por investidura de Biden
A días de la toma del Capitolio por parte de sus seguidores, Donald Trump declaró estado de emergencia en Washington, capital de Estados Unidos, a fin de garantizar la seguridad durante la toma de posesión de su sucesor, Joe Biden.

La medida decretada por el mandatario que perdió las elecciones el pasado 3 de noviembre y llamó a sus simpatizantes a manifestarse el 6 de enero, mientras el Congreso de Estados Unidos discutía la certificación de Biden, estará en vigor a partir de este 11 de enero y hasta el 24 del mismo mes, días después de la entrada al poder del demócrata.
https://www.unotv.com/internacional/fbi-advierte-sobre-masivas-protestas-pro-trump-el-20-de-enero/

Estados Unidos, se aproxima la hora cero

Dos actitudes completamente opuestas en el enfrentamiento a la pandemia y en la forma de hacer política. Frente a la sobriedad y disciplina de Biden, Trump muestra machismo, irresponsabilidad y escasa reflexión. Fotos: Getty y AP.

Por: José R. Oro, Ingeniero cubano residente en los Estados Unidos.

Desde el Gobierno de Abraham Lincoln, pasando por Franklin D. Roosevelt hasta la fecha, las sucesivas administraciones estadounidenses han logrado sobrepasar las pruebas a que su “democracia”, tal y como la consideran el establishment, ha sido sometida.
Los asesinatos del propio Lincoln (presidente de 1861 a 1865), James Garfield (1881-1881), William McKinley (1897-1901) y John F. Kennedy (1960-1963), la Gran Depresión (desde finales de 1929 y durante toda la década de los treinta) fueron momentos de prueba, cruciales pudiéramos decir, de si ese “sistema democrático”, con todos los defectos inherentes al capitalismo, podría sobrevivir. Y lo hizo. Este 3 de noviembre, ese sistema en completa crisis podría terminar en un caos –del autoritarismo a la total desfachatez ajena a cualquier principio o ética políticos– que afectaría a toda la humanidad, o en un escenario –de la cordura y el sentido común a una visión más realista y democrática del estado de cosas– que podría ser el primer paso de su fortalecimiento hacia formas sociales más avanzadas que las actuales, que se pudiera llamar el New Deal II,(1) lo que pide el pueblo estadounidense.
Se han publicado recientemente en Cubadebate varios artículos sobre el impacto de estas elecciones en política exterior, por lo que este se refiere más a la política interior estadounidense.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2020/10/12/elecciones-presidenciales-en-estados-unidos-2020-una-nueva-politica-hacia-cuba/#.X4cohdBKjcs
http://www.cubadebate.cu/opinion/2020/10/14/una-ralea-politica-que-apesta-y-se-ira-por-las-canerias/#.X4coodBKjcs
Es menos probable, por lo que vemos hasta hoy, que Trump pueda ser reelecto “por las buenas”. También es casi seguro que su carencia de escrúpulos y moral lo llevaría a tratar de escamotear los resultados, por muy ampliamente adversos que estos sean para él.
Por todo ello, muchos pensamos que para Estados Unidos se acerca la hora cero, tanto si Trump es reelecto como si Biden gana las elecciones y después no satisface las expectativas de quienes lo eligieron en un enfrentamiento tan despiadado y crucial como el de estos meses.
La oposición a Trump y al fascismo, representada por la candidatura de Joe Biden y Kamala Trump, se tiene que enfrentar a una difícil votación, donde lo que menos cuenta es la voluntad del pueblo, aunque se espera que en el voto popular la fórmula demócrata gane por muchos millones de boletas más que Trump.
La oposición a Trump y a la ultraderecha supremacista, representada por la candidatura de Joe Biden y Kamala Trump, se tiene que enfrentar a una difícil votación, donde lo que menos cuenta es la voluntad del pueblo, el voto popular, aunque se espera que ganen por muchos millones de boletas más que Trump.
Trump afila sus cuchillos
Trump, respaldado por un ejército de abogados, ha estado organizando las condiciones para socavar un resultado electoral en que no sea vencedor, y los legisladores republicanos se encontraron la semana pasada en la sorprendente posición de tener que aprobar una resolución para asegurar a los estadounidenses que habría una transición pacífica del poder si él pierde, en medio del furor generalizado por los comentarios más recientes y descarados de Trump.
En ese contexto, quedó algo más claro cómo podría desarrollarse la crisis constitucional si Trump, derrotado, convence o chantajea con su característica matonería a sus aliados políticos para que se unan a él en no reconocer el resultado.
Una crisis así pudiera parecer poco probable para algunos. El éxito de Trump en tal escenario dependería de que persuadiera a las legislaturas en los estados con votaciones de estrecho margen, de aceptar sus infundadas afirmaciones de fraude. La ansiedad popular se intensificó cuando Trump declaró que no se comprometería con una transición pacífica si algunos estados continúan enviando boletas por correo a todos los votantes registrados, que es la ley en varios de ellos.
Los líderes de la campaña de Trump negaron que tal estrategia esté bajo consideración, pero un alto funcionario de ese grupo, que habló bajo condición de anonimato, dijo que el equipo legal exploraría todas las opciones para garantizar la reelección del presidente. Agregaron que Trump no planea mantenerse en el poder si pierde de manera justa. Pero, como es evidente y harto conocido, para Trump no existe ninguna forma “justa” de perder.
Los pronunciamientos de Trump preocupan incluso a algunos en el Pentágono, después de que dijera a principios de este año que planeaba desplegar una masiva fuerza militar el día de las elecciones, en lo que describió como un “esfuerzo” para la supervisión del escrutinio.
Ninguna ley permite al presidente autorizar tal fuerza para uso interno, pero el despliegue de la Guardia Nacional por parte de Trump alrededor de la Casa Blanca durante las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial (para tomarse una propagandística foto con una Biblia) ha mostrado cómo podría responder a protestas poselectorales si Biden es el ganador y el mandatario se niega a dejar el cargo.
Los comandantes militares enfrentarían una situación hasta ahora inimaginable, recibiendo órdenes de un “comandante en jefe” que ha perdido las elecciones. Es decir, se configuraría un golpe de Estado. Por todo lo que se conoce, afortunadamente Trump no tiene un nivel de control en las Fuerzas Armadas y la comunidad de inteligencia.
El peor de los casos es que el estado de no definición se prolongue hasta mediados de enero y que la Cámara de Representantes y el Senado estén en disputa sobre quién debería ocupar la Casa Blanca cuando el mandato del presidente expire el 20 de enero, según la Constitución.
“Trump ha roto tantas normas y ha hecho declaraciones tan incendiarias, incluso acerca de no aceptar una transición pacífica del poder, que mis alarmas están activadas y sonando”, dijo Richard L. Hasen, autor de Election Meltdown: Dirty Tricks, Distrust, and the Threat to American Democracy.2 “No significa que esto vaya a suceder. Pero sí significa que tenemos razón en preocuparnos de que suceda”.
Con suficiente anticipación, los abogados demócratas que trabajan con la campaña de Biden están examinando las leyes electorales en los estados en disputa, así como las reglas de la Constitución para contar los votos electorales. Les preocupa que Trump mantenga una ventaja en la noche de las elecciones en un estado crucial, declare la victoria antes de que se cuente la mayor parte de las boletas por correo y envíe a sus abogados a los tribunales para tratar de detener un conteo completo. Es una trastada que Trump mismo ha señalado que podría ocurrir, al declarar repetidamente que las boletas por correo son fraudulentas.
Tal acción legal podría crear una oportunidad para que los legisladores estatales republicanos en estados como Pensilvania, Michigan y Wisconsin declaren que emitirán los votos electorales de su estado a favor de Trump. En Michigan, esos mismos legisladores republicanos se niegan a denunciar el intento de golpe de Estado local donde se planeaba el secuestro de la gobernadora de ese estado y el ataque a varios edificios públicos, con hasta ahora 13 arrestados miembros de una organización de supremacistas blancos vinculada al movimiento racista y terrorista Boogaloo.
Los gobernadores demócratas en cada uno de esos estados podrían interponerse en el camino, llevando al Congreso una lista de electores que compiten por Biden, lo que provocaría una mayor disputa del proceso. Nada como esto ha sucedido en Estados Unidos desde la contienda de 1876 entre el republicano Rutherford B. Hayes y el demócrata Samuel Tilden. Y solo a nivel de un estado (Florida), en las infames elecciones del 2000.
La mayoría de los líderes republicanos parecen rechazar que su país vuelva a pasar por algo así, sin que se produzca un resultado electoral muy estrecho y con evidencia convincente de que los recuentos de votos fueron defectuosos. Varios republicanos en el Congreso hicieron declaraciones recientemente prometiendo una transición pacífica.
Los demócratas han usado esta controversia para energizar a sus votantes, instándolos a votar masivamente para que no haya disputas sobre el vencedor.
“Una victoria decisiva de Biden hará que sea prácticamente imposible que Trump niegue los resultados, y es nuestro mejor medio para defender la democracia”, dijo Bernie Sanders. Trump está “sembrando las semillas del caos, la confusión y usa teorías de conspiración al poner en duda la integridad de esta elección y, si pierde, justificar por qué debería permanecer en el cargo”.
La campaña de Trump, que ya ha gastado 1 000 millones de dólares de los 1 300 millones que ha recaudado, ha pagado aproximadamente 30 millones de dólares en los últimos dos años, en su equipo legal. Sus seguidores cuentan significativamente con menos fondos que los candidatos demócratas tanto en la campaña presidencial como en varias para el Senado y la Cámara de Representantes.
En un escenario contrario, la campaña electoral de Trump lucha agresivamente para reducir la participación de los votantes. Contra la elegibilidad para votar por correo, se trata de eliminar a los votantes de las listas, endurecer los requisitos de identificación de los votantes, reducir o prohibir el uso de buzones y descartar las boletas por correo que tienen fallas técnicas o llegan después del día de las elecciones (aunque hayan sido enviadas antes).
En fin, obstaculizar que el pueblo vote masivamente y hacer que los consejos electorales de los estados no tengan más remedio que confirmar que Biden ganó.
La democracia del asesinato
Que Estados Unidos es una democracia es una afirmación de ingenua aceptación en varias partes del mundo, pero siempre acompañada de dudas muy grandes. Y hay numerosos hechos que demuestran la limitada calidad institucional de esa democracia.
Quizás entre los más profundos cuestionamientos está el derecho del voto (y muchos otros derechos) de los ciudadanos de piel negra, de la mujer y de otros grupos minoritarios. Algunos dirán que la decimoquinta enmienda de la Constitución establece que los Gobiernos de Estados Unidos no pueden impedir a un ciudadano votar excusando motivos de raza, color o condición anterior de servidumbre (es decir, esclavitud), enmienda que fue ratificada el 3 de febrero de 1870, un lustro después del fin de la Guerra Civil. Pero en la realidad es diferente.
Solo en 1964, el presidente Lyndon Johnson firmó la Civil Rights Act (Ley de Derechos Civiles) que da al Gobierno federal poder para luchar contra la segregación, y en 1965, en el momento de mayor incidencia de Martin Luther King en la vida pública, el Congreso de EE.UU. aprobó la Ley de Derechos Electorales. Su implementación plena en la vida diaria, como bien sabemos, aún está lejos de haberse logrado.
La “democracia del asesinato”, sea a tiros o por ejecución aparentemente legal. Martin Luther King Jr. y Malcolm X, líderes contra la discriminación racial; Robert F. Kennedy, quien enfrentó al crimen organizado y la corrupción; los esposos Rosenberg, Ethel víctima de feminicidio judicial, y Harvey Milk, primer hombre abiertamente homosexual electo para un cargo público en los Estados Unidos. Víctimas del fascismo y el odio.
No es menos cierto que, en esas fechas, conspiraciones aún no aclaradas habían envuelto los asesinatos del presidente John F. Kennedy (22 noviembre de 1963), Malcolm X (21 de febrero de 1965), Martin Luther King (4 de abril de 1968) y, pocos días después, el 6 de junio, Robert F. Kennedy.
Estos eran líderes muy diferentes, representando organizaciones de amplia presencia nacional, con vastas redes, fuerte logística y recursos materiales, y fueron asesinados por el fascismo estadounidense, pero el movimiento progresista alcanzó algunos logros históricos que hoy están en gravísimo peligro ante la posibilidad de una “reelección” de Trump.
Ni los presidentes escapan a la “democracia del asesinato”. Las historias de A. Lincoln, J. Garfield, W. McKinley y John F. Kennedy lo demuestran palmariamente.
En abril de 2014, el presidente Barack Obama homenajeó la lucha por los derechos civiles de los años sesenta, y puso énfasis en el hilo histórico de aquella búsqueda que se remontaba desde los inicios de la nación hasta el presente, remarcando que los sesenta abrieron “nuevas puertas de oportunidad no solo para negros y blancos, sino también para mujeres, latinos, asiáticos, nativos americanos, homosexuales y estadounidenses con discapacidad”.
Esa mirada puesta en lo social, en la universalización de los derechos civiles, contrasta radicalmente con la mirada y la práctica políticas de Trump. “Yo tengo la autoridad”, ha dicho el mandatario, en una definición de su protagonismo frente a los gobernadores: “Yo tengo la autoridad definitiva”.
Sin embargo, no es así. La Constitución de Estados Unidos es sumamente ambigua sobre el poder relativo de los Gobiernos estatales y el Gobierno nacional. Y si el Artículo VI, la llamada “cláusula de supremacía”, establece que las leyes federales prevalecen sobre las nacionales, la Décima Enmienda precisa que los estados son los que deciden, excepto en aquellas cuestiones en las que la Constitución declara de forma explícita la supremacía federal.
Ese choque de concepciones acerca del ejercicio del poder dejó al desnudo otra expresión autoritaria a pocas semanas de la elección nacional que resolverá si Trump continúa en su Gobierno, personalista y alejado de toda cordura y del respeto a la legalidad, o se abre paso una visión más apegada al derecho, de la mano de Joe Biden.
Recientemente, el académico Lawrence Douglas presentó un libro titulado ¿Se atreverá? Trump y el inminente colapso electoral de 2020. El análisis explora respuestas a partir de una estratagema que es peligrosa, pero no novedosa, de parte de Trump: comenzar a sembrar dudas acerca de un eventual fraude electoral; muy señaladamente, en este caso, en torno al voto por correo.
No necesita evidencias, ni le preocupa buscarlas o que existan o no: simplemente lanza a las redes sociales o al aire las versiones que se ajustan a su conveniencia o a sus caprichos, en las que va del más grosero bullying al absurdo y la ignorancia más cruda. Siempre hay seguidores, también para eso.
Esa estrategia no es novedosa. La usó en 2016, cuando en uno de los debates con Hillary Clinton manifestaba que no se comprometía a aceptar el resultado si perdía. Douglas coincide con un grupo de legisladores demócratas y unos pocos republicanos en su preocupación acerca de la inconsecuencia de Trump. “¿Y qué si Trump no coopera en una hipotética transición de poderes?”.
El temor de una zona muy importante del sistema político de EE.UU. es qué sucedería si el presidente no “concede”, no reconoce, no acepta la derrota y desafía la Constitución.
Para Douglas, académico, “las leyes federales asumen que los líderes acatarán las normas y concederán la derrota. El sistema simplemente no está preparado para ese desafío. Y menos con la composición actual de la Cámara de Representantes y el Senado, dividido en el control por demócratas y republicanos. Esto también ocurre en estados clave como Wisconsin, Pensilvania y Michigan, cuyas cámaras legislativas deben enviar un documento con los resultados electorales”.
Trump con su “as bajo la manga” para controlar la Corte Suprema, Amy Coney Barrett. La nominación de una nueva magistrada a las puertas de una elección presidencial (menos de un mes), sin precedentes en siglo y medio. Sin máscaras contra la COVID-19, con Trump positivo en esos momentos.
La preocupación de Douglas y de otros muchos académicos, así como legisladores, incluso republicanos, es que no se fían de la conciencia democrática de Trump, que en verdad, y la realidad lo ha demostrado muchas veces, es inexistente. Trump ha estado sembrando dudas sobre los “votos por correo”, pues ante una votación cerrada se abriría un compás de incertidumbre que demoraría, quizás, semanas. El mandatario ya ha sembrado las semillas para justificar un golpe de Estado o cualquier otra acción antidemocrática.
Trump no es Gore, quien en el 2000 prefirió parar el recuento y aceptar la derrota, anteponiendo a los suyos los intereses de la nación. Pero nadie cree que eso se repita con Trump. La Constitución fija el 20 de enero como el día en que debe haber un nuevo presidente en funciones. Si el resultado no estuviera firme, la Ley de Sucesión Presidencial de 1947 establece que Nancy Pelosi sería designada presidenta en funciones.
Las dudas de muchos son principalmente dos: cuál será la conducta de la dirección militar, y cómo intervendrá la Corte Suprema, aún más si se integra como magistrada la actual nominada de Trump, la jueza reaccionaria Amy Coney Barrett.
Pero ni el equipo demócrata de Biden, Harris, Sanders, Ocasio-Cortez, entre otros, es tan apocado como Gore, ni el pueblo estadounidense es el de hace dos décadas. Y no está con la guardia baja.
Son fuertes los indicios de que Estados Unidos puede tener este mes de noviembre su hora cero, en la dirección del sentido común y políticas más avanzadas en áreas como ley y orden, economía, inmigración, salud, política interior y exterior y medioambiente.
Notas:
1 En realidad el New Deal original de Franklin D. Roosevelt tuvo dos porciones sucesivas que algunos llaman el primer y el segundo New Deal Aquí lo considero, para más claridad, como uno solo.
2 Richard L. Hasen. La crisis de las elecciones: Trucos sucios y la amenaza a la democracia americana, Yale University Press, febrero, 2020.

Retoma Trump campaña presidencial con ataques frontales a Biden

WASHINGTON.— El presidente Donald Trump empieza este lunes un maratón de actos en tres estados claves, con la esperanza de recuperar el terreno perdido frente a su rival demócrata, Joe Biden, antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos el 3 de noviembre.

Trump se presentará en Florida, en Pensilvania y en Iowa en los próximos tres días, un recorrido exigente para el presidente estadounidense de 74 años, que se dice “inmunizado” contra el covid-19 diez días después de dar positivo al coronavirus y meter los frenos a su campaña a la reelección.

En una retahíla de tuits matutinos, el presidente volvió a atacar a los periodistas, a los demócratas y a su rival en las presidenciales, “Joe el dormido”.

Segunda intervención de Estados Unidos en Cuba, en 1906

Enmienda Platt. Foto tomada del libro “La fruta que no cayó” (página 83). Editora Capitán San Luis.

Un hecho poco tratado, aunque se estudia en las clases de Historia en las escuelas, es que las tropas de Estados Unidos intervinieron y ocuparon dos veces a Cuba y quedaron pensando en una tercera vuelta que nunca ocurrirá

Pedro Ríoseco

internet@granma.cu

Un hecho poco tratado, aunque se estudia en las clases de Historia en las escuelas, es que las tropas de Estados Unidos intervinieron y ocuparon dos veces a Cuba y quedaron pensando en una tercera vuelta que nunca ocurrirá.

En 1899 primero y el 29 de septiembre de 1906 después, en ambas ocupaciones decidieron sobre el futuro del país, impusieron la Enmienda Platt, robaron una parte de nuestro territorio en Guantánamo, se adueñaron de las mejores tierras del país y de sus recursos naturales, suscribieron abusivos tratados comerciales y dejaron el país sin fondos públicos y endeudado.

Estados Unidos, dos tuercas y una rosca

Elsa Claro

(Periodista cubana especializada en temas internacionales)

Cosa rara una votación unánime en cualquiera de las dos cámaras legislativas norteamericanas. Pero acaba de ocurrir, haciendo posible acciones de voluntad conjunta entre republicanos y demócratas con un mismo contenido y una sola dirección. Eso anticipa una resolución del Senado revalidando “su apoyo a una transición pacífica del poder”. Dentro del sobresaturado ámbito electoral estadunidense el suceso resalta como uno de los alertas con mayor peso emitidos por un nivel de decisiones que hasta el momento protegió por mayoría a Donald Trump.

El propio mandatario, con sus excesos y bufonadas, promueve rechazos. Acompañarlo en sus intentos de mantenerse en el cargo, aunque pierda el 3 de noviembre, compromete de modo muy serio la credibilidad de la formación política predominante en cargos activos y diputados.

Las últimas declaraciones del presidente, siempre ambivalentes al poner en duda si aceptará una derrota, fue la gota que faltaba en un pantano resbaloso y maloliente.

“Estamos en momentos difíciles, y que el presidente aborde el tema de colocarse hasta por encima nuestros controles” no tiene antecesores y debe ser atajado. El criterio pertenece a Joe Manchin, demócrata, quien presentó  el texto certificado por todos los congresistas sin una sola excepción. Aludió, asimismo, al tono autocrático del presidente, sugerido o repetido en definitiva, provocando alarma en los dos bandos, incluso entre quienes no lo dicen, pero igual sienten temor.

Esos miedos no son abstractos. Tienen base y se vienen advirtiendo por diferentes vías y pensadores viendo crecer la osadía de fuerzas paramilitares aupadas por Trump con su retórica mendaz y despampanante, llegando a extremos como calificar de comunistas a la otra cara de la moneda nacional  en esencia indivisa. No es un secreto.

Los dramas no suelen ser divertidos y este menos. Alrededor de 200 huestes irregulares conformadas por civiles y ex militares, se apertrechan y salen de sus escondites animados por Trump. Hace rato no temen mostrar sus preferencias y se suman a la policía para sofrenar las protestas recientes, o la emprenden por su cuenta. Igual en las marchas contra el confinamiento por el coronavirus, o en pautas referidas al derecho auto concedido de sustituir las estructuras del orden. Todo ello está excitado  por Trump de manera –se me permitirá repetirlo- muy irresponsable.

La prescripción emitida por el senado, es lamentable, no implica un obligado cumplimiento, pero evidencia el raramente compartido rechazo a vulnerar la Constitución y, al propio tiempo, lo peligroso de proseguir alimentando a sectores fanáticos con armas de asalto cuando no es simple teoría presumir que quien las posee desea usarlas. En la praxis se ha visto a través de la violencia introducida en la oleada de protestas socio-raciales, respondiendo a las sugerencias del magnate.

Ante el amplio espectro de personajes refiriéndose a un posible trastorno en la sucesión  y hasta de una guerra civil, cabe tomar en serio esos recelos.

Los procura la actitud de Trump: “Tengo que ver. Miren… tengo que ver”, declaró Trump en el programa “Fox News Sunday”. “No, no voy a decir simplemente que sí. No voy a decir que no”. O “Deshazte de las papeletas (votos por correo, que estigmatiza) y tendrás una muy tranquila-no habrá transferencia, francamente. Habrá una continuación”. “Las papeletas están fuera de control. ¿Lo sabes y los demócratas lo saben mejor que nadie”.

Lo insolente de esas ¿insinuaciones o aseveraciones? se cimentan con el apoyo que recibe de  los supremacistas blancos, grupos en infortunada convergencia con sectas y embaucadores superlativos como los de QAnon, capaces de balandronadas y falacias inimaginables para darle soporte a Donald y alimento a las cuadrillas ultraconservadoras.

Al Gore, vicepresidente bajo Willian Clinton, declaró ante los micrófonos de la Fox News que los militares  expulsarían a Trump de la Casa Blanca si pierde y él no abandona el cargo en enero de 2021. Joe Biden, por su lado y en otro momento, coincidió con la formulación de quien en  el 2000 sufrió un percance de cuya legitimad todavía se duda por el controvertido litigio experimentado en el recuento de votos en la Florida, cuando el alboroto concluyó con un fallo de la Corte Suprema, otorgando 5 votos en favor de George W. Bush y 4 para Gore.

Biden coincidió en que los militares sacarían a Trump de la Casa Blanca, si ocurre una anomalía. La incertidumbre fue despejada por el  general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien ante el congreso dijo que el Pentágono se atiene a su asignado carácter de apoliticidad.Si hay disputa, recordó, son los tribunales federales y el Congreso los capacitados para dilucidarla. Pese a negar una incierta intervención de las fuerzas armadas, se recuerda que Milley participó junto con el ex secretario de defensa James Mattis, de un diálogo con la revista ‎‎The Atlantic, donde este último criticó al presidente, impugnando su decisión de usar tropas para contener las manifestaciones populares.

Olivia Troye, adjunta al equipo del incondicional vice Mike Pence, aseguró,en declaraciones a la CNN, estar temerosa pues durante su etapa en las esferas de gobierno, “(…) tuve conversaciones a puerta cerrada con personal de la Casa Blanca y otros funcionarios, incluidos miembros de la comunidad de inteligencia, y, en verdad, discutimos, ¿qué pasará si pierde (Trump) y se niega a irse?”.

Mitch McConnell, líder de la mayoría del Senado y figura hasta ahora proclive a defender a Trump o no dar criterio sobre las controversiales salidas de tono típicas del jefe de estado, escribió en su cuenta de Twitter: “El ganador de las elecciones del 3 de noviembre será investido el 20 de enero. Habrá una transición ordenada, tal como la hubo cada cuatro años desde 1792”. Fue  un inconfundible aludido a lo aprobado en la Cámara Alta. Sus cercanos confirmaron la posición del conocido político, aseverando que los propios republicanos se enfrentarían a Trump si este pierde las elecciones y decidiera quedarse en la Sala Oval.

Que las reacciones adversas a la contingencia de infringir las reglas sean bipartidistas no implica que existan garantías sobre un hipotético fracaso de Trump en los cercanos comicios. Tiene seguidores y trata de hacerse con más. Por esos días intensifica su empeño de entregar otro cheque de ayuda a los afectados por la pandemia y lo emprende como si el dinero saliera de su bolsillo y no fuera una especie de reintegro de los impuestos ciudadanos.

Tampoco alude a que es el Congreso quien debe aprobarlo y que él propone dedicar 1.5 billones de dólares rápido, para influir en los comicios, mientras los demócratas apuestan por un paquete de estímulo ascendente a 2.2 billones. En medio de ese litigio aparecen denuncias, referidas a que su administración permitió que el Pentágono usara parte de los  fondos aprobados para frenar la amplificación de la enfermedad. El diario Washington Post publicó datos revelándola compra de recursos bélicos, y el traspaso a manos de empresas privadas, por esa vía, de “centenares de millones de dólares previstos para equipamiento y atenciones sanitarias”.

Algunas conjeturas, como las manejadas por el Transition Integrity Project (TIP) son escalofriantes pero atendibles. Ese conclave, conformado por unos 100 personajes de los dos partidos y con experiencias diversas, aventuran que si Trump no tiene el añorado éxito y se viera presionado para abandonar el primer puesto del país, en el lapso entre noviembre y enero estaría en capacidad de favorecer, subrepticiamente, asuntos referidos a sus negocios (con fondos estatales), o de orden político (develar documentos comprometedores para altas figuras nativas o extranjeras, quizás usarlos como moneda de cambio) y, de similar forma, emprender pactos comerciales o de otro tipo nada fáciles de deshacer por quien gane.

Las recomendaciones emitidas por el TIP “para evitar una crisis”, arguyen que las elecciones estarán marcadas por un panorama político y legal caótico. “También evaluamos que es probable que el presidente Trump impugne el resultado por medios legales y extralegales, en un intento por aferrarse poder. Los acontecimientos recientes, incluida la propia falta de voluntad del presidente para comprometerse a cumplir con los resultados de la elección, la aceptación por parte del Fiscal General de las infundadas afirmaciones de fraude electoral del presidente y el despliegue sin precedentes de agentes federales para sofocar las protestas, subrayan los extremos a los que puede llegar Trump” propiciando un conflicto violento.

Las elecciones de este tipo en Estados Unidos siempre fueron agitadas, pero no al extremo de estas ni con una proyección tan alarmante. En medio, subyace la COVID-19, los 7 millones de contagiados y las más de 200 mil muertes de estadounidenses que a escala de pugna por el poder, casi no aparecen, pero son parte de una crisis múltiple con acento político-moral ineludible y difícilmente reparable. (Cubadebate).

Trump vs Biden: El primer debate presidencial

Rafael González Morales

Profesor e Investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana

El martes 29 de septiembre se realizará el primer debate presidencial entre Donald Trump y Joseph Biden en la Universidad Western Reserve en Cleveland. Aunque la evidencia histórica es abrumadora al demostrar que este tipo de eventos no son determinantes en los resultados de las elecciones, millones de personas en Estados Unidos y en el mundo seguirán de cerca este espectáculo político. La mayoría de los espectadores se harán una pregunta clave: ¿quién ganó el debate?

Se trata esencialmente de un show que está diseñado para enfocarse más en la forma y las apariencias que en el contenido. La opinión pública estadounidense se concentra más en el comportamiento de los contendientes que en sus posiciones políticas. De hecho, si alguno se percibe como débil o poco enérgico, si muestra nerviosismo, si manifiesta inseguridad o si comete errores mentales evidentes, puede ser suficiente para que la gran prensa lo declaren el perdedor de la noche. En la práctica, son los medios de comunicación los que actúan como los jueces de esta disputa, lo que incide en la percepción del público.

El ambiente político en que se inserta este debate, y en especial, la agresiva campaña de descrédito protagonizada por Trump contra Biden encontrará en este evento su punto culminante de realización. El mandatario estadounidense ha esperado con ansiedad este momento al considerar que es su mayor oportunidad para demostrar que el aspirante demócrata no está mentalmente capacitado para ser presidente, carece de energía para ese cargo y no cuenta con el temperamento apropiado.

Por lo tanto, será un debate sin precedentes debido a que uno de los participantes se centrará en adoptar un comportamiento abiertamente confrontacional, agresivo, temerario y grosero. En esencia, Trump se mostrará tal y como es. Hace unos meses, Hillary Clinton sintetizó cómo sería ese estilo: “Él irá preparado para insultar, burlarse y amenazar con su presencia”. A partir de la conducta previsible del aspirante republicano, las miradas estarán enfocadas en cómo Biden manejará esta situación.

En esencia, la estrategia republicana será provocar a Biden y convertir el debate en un ejercicio de demostración de quién se ve más fuerte y seguro. No obstante, la ofensiva para proyectar a un rival demócrata incapaz, frágil e inferior también es un arma de doble filo y podría ser un error de alcance estratégico que solo se sabrá la noche del próximo martes. Si Biden se presenta sin cometer errores graves y se maneja adecuadamente, entonces se derrumbará el estereotipo que ha tratado de imponer Trump para desviar la atención y evitar una discusión sobre los graves problemas que están golpeando al pueblo estadounidense.

En este sentido, el debate se organizará en 6 segmentos de 15 minutos cada uno. Los temas que se abordarán serán los siguientes: historia de vida de Trump y Biden; la Corte Suprema; la COVID – 19; la economía; raza y violencia en las ciudades y la integridad de las elecciones. El moderador será Chris Wallace, quien es uno de los presentadores de Fox News. La primera pregunta será dirigida a Donald Trump, quien tendrá aproximadamente dos minutos para responder.

A partir de los temas previstos y atendiendo a las circunstancias que vive Estados Unidos, es obvio que en principio Trump se encuentra en una posición a la defensiva si el debate se enfoca en el desastroso manejo de las múltiples crisis por las que transita su país. Por esta razón, sus esfuerzos estarán encaminados en tomar la iniciativa y personalizar el intercambio convirtiéndolo en un verdadero caos. En este sentido, el rol del moderador puede marcar la diferencia debido a que tiene el gran desafío que el debate no se le vaya de las manos y se imponga el ritmo del aspirante republicano.

Biden no solo tendrá que lidiar con el reto de conducirse sin cometer desatinos que puedan ser explotados por Trump sino que deberá convencer y persuadir a un electorado demócrata muy diverso y heterogéneo que va desde posiciones moderadas hasta los denominados progresistas. En este último grupo, precisamente se encuentran votantes que todavía no están convencidos con el candidato demócrata y, en última instancia, si se sienten decepcionados podrían abstenerse de votar.

El primer debate transcurrirá en un momento en que cerca del 90% de los electores ya tomaron una decisión sobre por quién votarán. Según una encuesta reciente de NBC/Wall Street Journal, el 11% está todavía indeciso. Aunque los debates presidenciales no son suficientes para determinar por sí solos el resultado de las elecciones, en una contienda como está muy reñida que la diferencia en determinados estados decisivos podría ser de 20 mil o 30 mil votos reviste especial interés aquellos votantes que esperan a este tipo de eventos para tomar una decisión definitiva.

Según ese propio sondeo, el 18% de los indecisos plantearon que los debates eran muy importantes para decidir su voto. En unas elecciones que se espera ocurra un incremento sustancial de la participación en los comicios estaríamos hablando de un potencial de cientos de miles de votantes en esta situación, lo que constituye una cifra no despreciable. A partir de estos elementos y teniendo en cuenta las particularidades de esta campaña presidencial y las circunstancias sin precedentes que vive Estados Unidos, tal vez los debates tengan un impacto mayor en determinar quién asumirá la Casa Blanca en enero del 2021. (Tomado de Contexto Latinoamericano).

Nueva medida de Estados Unidos arrecia el bloqueo contra Cuba

Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, dijo este lunes a través de un tuit que la sanción contra la empresa cubana de remesas American International Services (AIS), se hará efectiva a partir de este martes 29 de septiembre. La acción se suma al cerco unilateral de Washington contra la nación antillana, repudiado por la comunidad internacional.

Gobiernos de Cuba y China firman proyectos de cooperación

El embajador de la nación asiática, Chen Xi, y el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz, suscribieron en La Habana los documentos relativos a la cooperación bilateral. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Deny Extremera San Martín, Ismael Francisco

Periodista de Cubadebate. Ha trabajado en Radio Reloj, Casa de las Américas y otras instituciones y proyectos periodísticos.

En el día que marca el aniversario 60 del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y China, los Gobiernos de ambos países firmaron este lunes en La Habana documentos que oficializan dos proyectos de cooperación bilateral y el acta de entrega y recepción de un donativo de insumos médicos para apoyar el enfrentamiento a la COVID-19 en la isla.

El embajador de la nación asiática, Chen Xi, y el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz, suscribieron el canje de notas entre ambos Gobiernos que oficializa la ejecución del proyecto para la adquisición de productos de acero destinados a reparación, mantenimiento y construcción por un monto de 93.5 millones de yuanes de Renminbi.

Igualmente, firmaron el canje de notas que oficializa la ejecución del proyecto “Modernización tecnológica de la Aduana General de la República de Cuba 2018”, por 15.5 millones de yuanes de Renminbi.

El tercer documento suscrito fue el acta de recepción y entrega de la segunda partida de insumos médicos para la prevención y control de la COVID-19, ofrecido por el Gobierno chino a su par cubano.

Florida en el epicentro electoral: Dilemas del voto por correo

Rafael González Morales

(Profesor e Investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de la Habana)

 En estos tiempos de intensa campaña presidencial, la Florida se ha convertido en el escenario clave de la disputa entre los candidatos. Es el centro de la cobertura mediática electoral, el territorio donde más dinero se gasta en anuncios televisivos y, en la práctica, es una especie de “laboratorio de ensayo” para promover el odio, el miedo y la violencia política. El sur de la Florida que tradicionalmente es golpeado por huracanes, en estos momentos parecería que está siendo azotado con especial intensidad por el “fantasma del comunismo”.

Sin lugar a dudas, sus 29 votos electorales lo ubican como el estado pendular que puede determinar el resultado de las elecciones. Por ende, tanto Trump como Biden tratarán de emplear todos los medios a su alcance para imponerse. Teniendo en cuenta las diferentes aritméticas y las opciones reales que tiene cada candidato para lograr los 270 votos electorales necesarios, Trump está prácticamente obligado a ganar la Florida para reelegirse. En este sentido, la evidencia histórica es abrumadora debido a que desde 1924 ningún candidato republicano ha llegado a la Casa Blanca sin triunfar en ese estado sureño.

Por su parte, a Biden no le es imprescindible la Florida para convertirse en presidente debido a que cuenta con más votos electorales seguros y exhibe una posición más favorable que su contrincante en varios de los estados decisivos. No obstante, su equipo de campaña es muy activo en ese territorio. Están enfrascados en lograr una victoria que saben dejaría a Trump sin posibilidades y podría asegurarle la presidencia.

A partir de este contexto, los republicanos han concluido que en la Florida no tienen otra alternativa que emplear “todas las opciones sobre la mesa”. Bajo esa premisa el voto por correo constituye uno de sus blancos de ataque priorizados por dos razones fundamentales: es una de las modalidades de ejercicio del sufragio que tendrá un crecimiento exponencial en millones de electores y la mayoría de las personas que la emplearán serán votantes registrados como demócratas. Por lo tanto, el comportamiento del voto por correo no solo será decisivo para ganar la Florida, sino que podría determinar quién será el próximo presidente de Estados Unidos.

Según la División de Elecciones de la Florida, hasta el 19 de septiembre se habían solicitado 4,6 millones de boletas por correo. De ese total, corresponden a votantes demócratas 2,1 millones que representa el 46,5 por ciento de las solicitudes. Los registrados como republicanos ascienden a 1,4 millones y los independientes 970 mil. En este momento, los demócratas aventajan a los republicanos por 703 326 boletas solicitadas.

Si tenemos en cuenta que hasta el 24 de octubre los electores pueden acceder a este tipo de voto, entonces estas cifras se incrementarán, llegando a duplicar las 2,7 millones de boletas por correo que se enviaron en las elecciones presidenciales del 2016. En términos prácticos, será una avalancha que sobrepasará las capacidades organizativas y logísticas de las autoridades electorales locales, los centros de votación y el servicio postal. Se enfrentarán a un escenario desconocido y sin precedentes que contribuirá al incremento de las irregularidades electorales y, en especial, se crearán condiciones favorables para las maniobras republicanas.

Cuando se ejerce el voto por correo, pueden darse situaciones que traen como resultado que las boletas no sean contadas. Las más frecuentes son: los errores cometidos por los electores durante el ejercicio del sufragio y que las boletas lleguen a los centros de votación después del horario establecido. Según la legislación electoral de la Florida, los votos por correo no pueden ser contabilizados si arriban a los precintos electorales el día de las elecciones después de las 7 pm, salvo excepciones como votantes en el extranjero y miembros de las fuerzas armadas.

Las boletas que llegan atrasadas se deben a dos causas principales: los electores envían su voto el mismo día de la elección y por problemas asociados al servicio postal que se encarga de la distribución. Este último aspecto, en estas elecciones tendrá un impacto determinante no solo porque esa agencia no está preparada para gestionar un flujo de millones de boletas sino porque existe una voluntad explícita de los republicanos de limitar sustancialmente su funcionamiento como una manera de suprimir el voto de las bases demócratas.

Según el sitio web especializado Político, en las elecciones primarias realizadas en la Florida en el mes de agosto más de 35 000 boletas enviadas por correo no fueron contadas. La mayoría se rechazaron no por errores de los electores sino por llegar después de la hora límite. En esos comicios el 60 por ciento del voto fue por correo y los demócratas representaron el 50 por ciento de los votantes, así como aportaron el 47 por ciento de las boletas que no se contaron.

De acuerdo a Daniel Smith, profesor de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y experto en temas electorales, esta cifra muestra que en noviembre puede presentarse un “gran problema” cuando se incremente sustancialmente este tipo de voto. En ese sentido, afirmó: “podríamos superar las 100 mil boletas por correo que no se cuenten”. Si tomamos en consideración que Donald Trump superó a Hillary Clinton en el 2016 en este estado por una ventaja de 112 911 votos, entonces existe la posibilidad real que en estas elecciones los votos por correo que no se contabilicen puedan marcar la diferencia en la disputa por los 29 votos electorales.

Tomando como referencia una exhaustiva investigación del propio Smith sobre las boletas rechazadas en la Florida durante las elecciones del 2016 y 2018, las principales causas de anulación son: la firma del votante no coincide exactamente con la que consta en los registros electorales, la boleta no está firmada y la firma no se suscribió dentro del recuadro establecido. Entre ambos comicios se declararon nulas más de 58 000.

Según el estudio, el mayor por ciento de las boletas anuladas proviene de electores jóvenes entre 18 y 21 años, votantes con discapacidad que requieren asistencia, hispanos y afroamericanos. Es decir, recae en un segmento de grupos predominantemente demócratas. Entre los condados con más alta tasa de rechazo están Miami-Dade, Broward y Palm Beach.

En todo este proceso de certificación de validez de la boleta por correo, el papel fundamental lo desempeña la junta de revisión a nivel de condado que tiene la potestad para anular o no este tipo de votos. En la práctica, esta autoridad electoral tiene amplias facultades discrecionales y las decisiones de sus miembros pueden tener un impacto significativo en el resultado electoral.

La complejidad del clima político que prevalece en la Florida, el control republicano de la gubernatura y de ambas cámaras estaduales, así como de la maquinaria política constituyen factores que la campaña de Trump podría aprovechar para incidir en el desempeño de los funcionarios electorales. El ambiente de caos, confusión e incertidumbre ya está presente y tiene alcance nacional. Por lo tanto, se ha erigido como el entorno natural de las elecciones.

Por demás las regulaciones del estado permiten que los denominados “observadores electorales” participen durante el proceso de verificación de las boletas por correo, e incluso, pueden cuestionar su validez. Es conocido que los republicanos desplegarán este tipo de personas en los centros de votación considerados claves. Sin lugar a dudas, en el estado sureño se desarrollarán con intensidad estas maniobras intimidatorias, lo que constituirá una fuente de tensiones y enfrentamientos.

En la investigación del profesor de la FIU, se arriba a una conclusión muy ilustrativa: “nuestro estudio solo muestra la punta del iceberg porque se limita a las boletas anuladas, pero no se incluyen las que llegan después de las 7 pm a los centros de votación”. Precisamente uno de los pilares en que descansa la estrategia republicana es en socavar el funcionamiento del servicio postal de tal forma que decenas de miles de boletas no arriben a tiempo y en el peor de los casos que ni siquiera sean entregadas en los precintos electorales. Las propias autoridades locales están planteando que los electores deben enviar su voto como mínimo 10 días antes del 3 de noviembre. De lo contrario, es muy difícil que sea contado.

Teniendo en cuenta las vulnerabilidades del voto por correo y las oportunidades que se presentan en la Florida para que los republicanos incidan en este proceso, los demócratas están obligados a movilizarse y sortear varios obstáculos.

En esencia, el triunfo en la Florida de los aspirantes está condicionado por el comportamiento de dos variables que se contraponen. En el caso de Trump, será la capacidad de su equipo de campaña y seguidores para suprimir el voto de las bases demócratas empleando a ultranza la premisa que “el fin justifica los medios”. Por su parte, su contrincante dependerá de que se genere una avalancha de electores motivados fundamentalmente por ejercer su voto contra el actual mandatario estadounidense independientemente de si simpatizan o no con Biden.

No podemos descartar que este escenario pueda ocurrir, pero si nos guiamos exclusivamente por las encuestas jamás podremos percatarnos que es una posibilidad cierta debido a que la mayoría de esos votantes posiblemente no estén siendo contemplados en esas muestras calificadas como “representativas”. La realidad que vive Estados Unidos es muy compleja e incierta, pero también constituye en sí misma el principal detonante para provocar una oleada de votantes contra Trump que solo se podrá constatar el 3 de noviembre.

Elecciones presidenciales Estados Unidos 2020: ¿Cómo se comporta el voto cubanoamericano?

Abel González Santamaría

Abogado cubano, Doctor en Ciencias Políticas y Máster en Relaciones Internacionales. Investigador de las Relaciones Interamericanas y Seguridad Nacional.

Estados Unidos es el tercer país más poblado del mundo, con 331 millones de habitantes. Según la Oficina del Censo de ese país cerca de 60 millones son de origen hispano o latino, de ellos 2 millones 300 mil son de origen cubano. Se estima que más de 1 millón 300 mil nacieron en la Isla y el resto son descendientes con 50% o más de sangre cubana. La mayoría residen en los estados de la Florida, Nueva Jersey, Nueva York, California y Texas. Se calcula que más de 1 millón 200 mil, que representa el 70%, viven en la Florida.

Para las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre, están registrados para ejercer su derecho al voto aproximadamente 268 millones de estadounidenses, de los cuales 32 millones son de origen hispano o latino. Dentro de ese grupo minoritario más de 1 millón son cubanoamericanos, de ellos alrededor de 650 mil están registrados en la Florida.

Protagonizan EU y China agarrón en Naciones Unidas

NACIONES UNIDAS.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió el martes en la Asamblea General de la ONU que se responsabilice a China por la pandemia de covid-19, mientras el jefe de la organización alertó contra una Guerra Fría entre las dos potencias mundiales.

A seis semanas de la elección presidencial en la que busca la reelección, y detrás de su rival demócrata Joe Biden en los sondeos, Trump incluso se refirió al covid-19 como “el virus chino”.

El presidente chino, Xi Jiping, aseguró por su parte que China no tiene intención de entrar en una “guerra fría” y deploró que se “politice” la lucha contra el covid-19.

“Debemos hacer responsables a las naciones que liberaron esta plaga al mundo, China”, dijo Trump en un discurso virtual y pregrabado a raíz de la pandemia.

“Quienes atacan el excepcional desempeño ambiental de Estados Unidos al mismo tiempo que ignoran la polución rampante en China no están interesados en el medio ambiente. Solo quieren castigar a Estados Unidos”, afirmó.

El mandatario estadunidense, que ya ha denunciado cómo China silenció inicialmente los primeros casos de coronavirus a fines del año pasado en la ciudad de Wuhan, ha anunciado que retirará a su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“El gobierno chino, y la OMS -que está virtualmente controlada por China- declararon falsamente que no había pruebas de transmisión de persona a persona”, dijo Trump en referencia a declaraciones de la OMS al inicio de la pandemia, que luego fueron corregidas.

Los críticos aseguran que Trump busca trasladar la culpa por su manejo de la crisis en Estados Unidos, donde la pandemia ha superado los 200 mil muertos, más que en cualquier otro país.

Biden asegura que mantendrá a Estados Unidos en la OMS si gana las elecciones del 3 de noviembre.

Trump disemina “un virus político”: China

Luego de la intervención de Trump, China acusó al mandatario estadunidense de diseminar “un virus político” en las Naciones Unidas.

“Cuando la comunidad internacional está peleando realmente duro contra la COVID-19, Estados Unidos está diseminando un virus político en la Asamblea General”, dijo a periodistas el embajador de China ante la ONU, Zhang Jun.

“Tengo que enfatizar que el ruido estadounidense es incompatible con la atmósfera general de la Asamblea General”, añadió.

En plena pandemia que ha dejado casi un millón de muertes en el mundo, la Asamblea General de la ONU arrancó este martes con más discursos de líderes que nunca antes en sus 75 años de historia, pero todos virtuales y pregrabados con días de anticipación, en un cuartel general de la organización semivacío.

Noam Chomsky alerta sobre posibilidades de una nueva guerra civil en Estados Unidos

El actual es un momento “notable, único, importante”, describió Noam Chomsky. “Difícil” pero a la vez “lleno de esperanza para un mejor futuro”. Es un momento de “confluencia de distintas crisis muy fuertes” y sin fronteras: “catástrofes ambientales, amenaza de una guerra nuclear, la pandemia, destrucción de la democracia”. El lingüista advirtió, además, sobre un “riesgo inminente” de guerra civil en Estados Unidos.

Chomsky brindó la conferencia magistral “Internacionalismo o extinción” en el marco de la primera cumbre (virtual) de la Internacional Progresista, que emergió en mayo para unir, organizar y movilizar a las fuerzas progresistas en un frente común y así frenar el avance de la derecha en el mundo.

“La Internacional Progresista (IP) tiene un papel crucial para determinar qué curso va a seguir la historia. La vida humana está en peligro directo y los grandes poderes imperialistas del momento están enfrentándose. El poder británico se está saliendo de Europa, volviéndose más un satélite de Estados Unidos de lo que ya era. Para la significación del futuro es importante ver qué pasa en la hegemonía global, disminuida por los delirios de Trump, pero con el poder y las ventajas militares de Estados Unidos”, reflexionó el pensador de 91 años.

Cerca de la medianoche

Una posible reelección de Trump sería una crisis final, terminal, que puede tener consecuencias muy serias. Hay otras crisis también: son las que hacen que le falten cinco a la medianoche. A la extinción. Hace 75 años vivimos debajo de este reloj que hace tic-tac”, deslizó Chomsky.

Al momento del lanzamiento de la bomba atómica se creía que la inteligencia humana había llegado al punto de “tener la capacidad de destrucción total de su especie”. Todavía no se sabía que, más tarde, “iba a destruir el medio ambiente de esta manera, que ahora nos acerca a un punto final”. A su vez, cada año de Trump en el poder también significa estar más cerca de la medianoche.

En tiempos de Covid-19 confluyen “las mismas crisis de siempre”, a las que la pandemia se suma: la amenaza de una guerra nuclear, la catástrofe ecológica, la destrucción de la democracia. “Podría parecer fuera de lugar el tema de la democracia. No lo es. Es ese desmoronamiento el que permite las otras dos amenazas de exterminación. Los ciudadanos informados, comprometidos en un proceso democrático real, no dejarían que pasen estas otras dos amenazas”, explicó.

“Estas tres amenazas han ido en aumento gracias a las políticas de Trump. Ha ido desmoronando las políticas de control de las armas y desarrollado armas más peligrosas; ha disminuido las protecciones contra las amenazas de una guerra nuclear. Se ha dedicado a destruir el medio ambiente y cualquier sustento de la vida. Ha abierto los últimos lugares protegidos contra la explotación petrolera, por ejemplo.”

En síntesis, el presidente de Estados Unidos lleva adelante “políticas sistemáticas de desmantelamiento de las políticas de regulación para proteger al medio ambiente y a las poblaciones de las contaminaciones tóxicas ante la explotación petrolera de la energía fósil”.

En la charla, Chomsky definió desde un principio el rol de la Internacional Progresista en este complejo panorama mundial: “No entremos en pánico ahora y actuemos en función de esto. Las crisis que estamos enfrentando en este momento único son internacionales. Las catástrofes ambientales, la guerra nuclear, la pandemia… no tienen frontera ninguno de estos peligros. Puede haber diferencias entre países, pero hay troncos comunes”.

Riesgos de una guerra civil en Estados Unidos

En otro pasaje, cuestionó el hecho de que Trump otorgue cargos en el gobierno sin aprobación del Senado, a los que “va cambiando para que estén dispuestos” a seguir su voluntad. “No hay voces independientes. El Congreso había establecido hace mucho tiempo que un inspector general monitoree el trabajo de la rama ejecutiva, pero viendo la corrupción que ha dejado Trump en Washington podemos ver claramente que no está funcionando”, criticó. “Trump empezó a decir que si no le gusta el resultado de las elecciones no va a dejar su puesto. Es una amenaza directa”, alertó.

Si bien “la jefatura militar publicó una carta en la que recordó su deber constitucional de sacar del poder a un presidente que no quisiera dejarlo”, hay que tener en cuenta a las unidades paramilitares que “se han ido repartiendo en el país para asustar a la población”. “En ausencia de una victoria de Trump muy clara hay riesgos inminentes de guerra civil. Son palabras fuertes, que no habíamos escuchado nunca en voces públicas. No lo digo yo; lo dicen otras personas. Mucha gente tiene ese miedo. Nada de este estilo había pasado en la compleja historia de la democracia parlamentaria. La megalomanía que domina el mundo, la de Trump, para él ya no es suficiente. Podría no respetar la Constitución y hacer lo que él llama ‘negociar’ para un tercer mandato.”

El filósofo señaló que “la agenda de Trump para los ricos va más allá del neoliberalismo”. Los expertos en políticas fiscales han detectado que por primera vez en los últimos siglos los billonarios pagan menos impuestos que los trabajadores, lo cual les implica “una gran victoria dentro de la guerra de clase”. “Eso se llama tener la hegemonía”, sentenció.

El optimismo de la voluntad

La conferencia continuó con una mesa redonda con participación de la escritora y activista keniana Nanjala Nyabola, el activista y filósofo afroestadounidense Cornel West y el diputado laborista John McDonnell.

La de West –también actor de films como Matrix recargado– fue una intervención bella, poética. Sumó un factor más a la confluencia de crisis. Una crisis “de la imaginación”. Hay que dar, entonces, una lucha “intelectual e ideológica”. “Puede haber una crisis nuclear mañana, o una catástrofe económica y ecológica, pero hay también una catástrofe cívica: la gente no puede ni imaginar lo que se parecería a una vida pública vibrante y viva”, expresó el filósofo, e instó a recuperar valores perdidos: integridad intelectual, decencia, honestidad. “Lo mejor de la especie humana es el amor, la felicidad, el juego, la comunidad. Hay que alimentar una rebeldía colectiva para abrir mundos posibles.”

Haciéndose eco de lo planteado por los integrantes de la mesa, Chomsky se refirió a las “cualidades humanas” que emergieron en la pandemia, como la “ayuda mutua”. Se hace más fuerte allí donde las personas están más oprimidas y son más pobres. “Se juntan para ayudarse y conseguir comida, mucho más que la gente estancada en sus departamentos. Por ejemplo en Brasil, en las favelas. No tienen acceso a nada. El gobierno no ha hecho nada. Pero se están organizando y tienen sistemas de apoyo mutuo. ¿Quién lo empezó? Las bandas criminales de estos barrios. Transformaron su misión para organizar la ayuda mutua”, destacó.

Gramsci apareció varias veces en la conversación: “Estamos viviendo en la edad de los monstruos cuando el nuevo mundo todavía no ha emergido”, propuso el pensador, quien instó a mantener el pesimismo intelectual pero, también, el optimismo de la voluntad. “El movimiento de Black Lives Matter no salió de la nada. Ha sido un proceso de conciencia creciente durante muchos años. A la fecha es el movimiento social más grande de la historia de Estados Unidos, más que el de Luther King. Además es internacional. Los blancos y los negros juntos, luchando con ideas muy importantes. No sólo contra el asesinato de la Policía a los afroamericanos sino con ideas de cómo luchar contra el racismo y la opresión de clase. La IP se enfoca en estos temas para sacarnos de la edad de los monstruos y dejarnos entrar en un mundo de justicia”, dijo.

Finalmente, llamó a la sociedad a deshacerse de la industria de la energía fósil: “No la necesitamos”. Para él debería quedar en manos de la clase trabajadora y funcionar en base a “programas sostenibles”. “El banco mundial debería ser un banco público. Estamos cerca de esto a medida que la conciencia va cambiando. Hace diez años, después de la crisis de 2008 de las viviendas, Obama básicamente ha nacionalizado la industria automotriz. Si les devolvemos esa industria a los poderes van a seguir haciendo lo que siempre han hecho. Podríamos entregarla a las comunidades y a la fuerza trabajadora”, sugirió. Y concluyó: “Hace menos de 100 años la gente tenía en claro que las relaciones laborales de las fábricas eran intolerables. El Nuevo Acuerdo Verde tiene que tener eso en su centro”. (Tomado de Página 12)

EU mantiene restricción de cruces no esenciales en su frontera con México

CIUDAD DE MÉXICO.— La Embajada de Estados Unidos en México dio a conocer el acuerdo para ampliar una vez más el Acuerdo de Restricción Fronteriza entre ambos países, por lo menos hasta el 21 de octubre.

Edgar Ramírez, agregado del Departamento de Seguridad Nacional de la representación diplomática indicó que “aunque hay algunas señales de que la epidemia del Covid-19 podría estar amainando ligeramente, no se puede bajar la guardia todavía”.

Explicó que en un esfuerzo más por limitar la propagación del Coronavirus, el Gobierno de Estados Unidos continuará restringiendo los viajes no esenciales en la frontera compartida.

Detalló que los ciudadanos mexicanos y estadounidenses deben evitar los cruces a menos que el propósito sea considerado esencial.

“Debemos insistir: una pandemia global no es el momento para ir de compras, de paseo o a visitar a la familia del otro lado de la frontera. Y, por favor, ¡el migrar ilegalmente en estos tiempos de pandemia y calor mortal es la peor solución! Quédese en casa y manténgase a salvo”, agregó.

Complots, incendios y pandemia marcan la carrera electoral en Estados Unidos

La Coalición Latinos por Trump, ayer en un acto de respaldo al mandatario republicano en Phoenix, Arizona. A la derecha, el demócrata Joe Biden en un acto de campaña afuera del Museo de Historia Natural en Wilmington, Delaware. Foto AP.

David Brooks

(Periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en los Estados Unidos)

La batalla electoral presidencial, a 50 días de los comicios, fue marcada por un intercambio de acusaciones por incendios, pandemia y hasta «complots» de la izquierda y la derecha, mientras no pasa un día en que no se abordan los escenarios de una elección que culmina en crisis constitucional y hasta violencia armada en las calles.

El candidato presidencial demócrata Joe Biden acusó a Donald Trump de ser un «incendiario climático» que, de ser relecto, dejará en llamas a Estados Unidos, al abordar el tema de los incendios sin precedente en el noroeste del país cuya intensidad y dimensión son resultado del cambio climático, según expertos científicos.

Por su parte, el presidente Trump viajó a California –después de casi ignorar el tema de los incendios durante las últimas semanas–, donde reiteró su crítica de que el fuego es resultado del mal manejo del suelo forestal, y rehusó abordar el tema del cambio climático. Después de que afirmó que las temperaturas bajarán por sí solas –de la misma manera que había declarado que el Covid-19 desaparecería hace meses–, un funcionario estatal le señaló que el consenso científico apuntaba hacia lo opuesto. El presidente respondió: «no creo que la ciencia sepa».

Biden y los demócratas están buscando poner al centro del debate los temas del manejo de la pandemia y el cambio climático. Y Trump ha buscado desviar la atención de esos asuntos al poner su lema central de «la ley y el orden» y la amenaza de la «izquierda radical» para atemorizar a votantes y consolidar sus bases. «Ninguna ciudad, pueblo o suburbio estará seguro» si ganan los demócratas, repite.

Esta semana marcan seis meses desde que el magnate fue obligado a declarar una emergencia nacional por la pandemia, y Estados Unidos continúa en primer lugar a nivel mundial en el número de contagios y de muertes (más de 194 mil hasta ahora) por el nuevo coronavirus. Aunque sólo representa 5 por ciento de la población mundial, tiene 20 por ciento de los fallecidos por la pandemia. El total de más de 190 mil muertos es equivalente a 65 atentados del 11-S, señala Axios.

Mientras, el presidente fue criticado por haber violado los reglamentos estatales y las recomendaciones de expertos de salud pública al realizar un mitin de campaña en Nevada el fin de semana en un espacio cerrado sin medidas sanitarias. Al responder a preguntas al respecto, Trump insistió ayer en que «yo estoy en un escenario, y está a mucha distancia. Por eso no estoy nada preocupado», lo cual dejó asombrados a muchos, ya que no abordó el peligro que eso representaba para los miles de sus seguidores ahí.

Al mismo tiempo, uno de sus altos funcionarios en el Departamento de Salud acusó a científicos del Centro de Control de Enfermedades de «sedición» y denunció que funcionarios de esa agencia estaban formando una «unidad de resistencia» para minar al presidente. El secretario asistente de Salud, Michael Caputo, agregó en una conversación en vivo por su página de Facebook, que él podría ser asesinado y que agrupaciones de izquierda se estaban preparando para el conflicto armado después de la elección presidencial, declarando que cuando Trump insista en ser elegido para un segundo periodo, “los tiroteos comenzarán… si portan armas, compren municiones, damas y caballeros, porque va a ser difícil conseguirlas”.

Todo esto continúa nutriendo la especulación casi diaria en este país sobre si los comicios del 3 de noviembre detonarán una crisis constitucional en una nación con un sistema electoral que no garantiza un resultado completo ni transparente.

Por ahora, los sondeos mantienen a Biden con ventaja tanto nacional como en varios estados claves, pero aún se pronostica que la contienda será definida por el voto de unas cuantas entidades donde hay un margen de diferencia cerrado, lo cual se presta a una magna disputa política.

Cada día hay expertos, historiadores, políticos y abogados que especulan sobre varios escenarios, desde problemas técnicos severos hasta medidas de supresión y represión del voto, intervención extranjera en el proceso y un presidente que ya ha declarado que la elección era fraudulenta y que se niega a decir que respetará el resultado si no le es favorable.

« ¿Qué ocurre si Trump pierde pero rehúsa admitirlo? Un resultado disputado y el riesgo de disturbios civiles presenta un dilema para el Congreso, los tribunales y los militares», es la cabeza de un reportaje en el Financial Times este lunes.

El domingo, el New York Times publicó un artículo de opinión con el título: Son las 20 horas el día de las elecciones. Expertos compartan sus escenarios de pesadilla. La semana pasada, The Nation publicó un artículo titulado ¿Trump está planeando un golpe de Estado?

Esto se repite sin cesar y no hay conversación sobre las votaciones donde no esté presente la posibilidad de una grave crisis no sólo electoral y constitucional, sino hasta de violencia armada en las calles. Eso es nuevo. (Tomado de La Jornada).

Biden supera a Trump en 12 puntos en intención de voto

Joe Biden lidera la intención de voto a escala nacional en Estados Unidos con 12 puntos de ventaja sobre el presidente Donald Trump, según un sondeo de opinión de Reuters/Ipsos que también mostró que el número de votantes influenciables se había reducido en comparación con las últimas elecciones presidenciales.

La encuesta, realizada del 3 al 8 de septiembre y publicada este miércoles, mostró que el 52% de los posibles votantes planeaban apoyar a Biden, mientras que el 40% votaría por Trump. El 3% dijo que votaría por otro candidato, y sólo el 5% dijo que seguía indeciso a menos de dos meses de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

La encuesta reflejó que el número de votantes que aún no habían dado su apoyo a un candidato de un partido mayoritario era menos de la mitad de lo que lo era en 2016, y que Biden tenía actualmente la ventaja de ganar el voto popular a nivel nacional.

Incluso aunque el resto de votantes indecisos dieran su apoyo a Trump, según la encuesta, el republicano seguiría perdiendo el voto popular a favor de Biden.

Sin embargo, Trump todavía podría seguir en la Casa Blanca incluso sin el voto popular nacional porque las elecciones presidenciales de los Estados Unidos no se deciden por el voto general de los estadounidenses, sino por quién gana el llamado Colegio Electoral (Electoral College, en inglés), formado por “electores”.

Estos son elegidos en cada estado según las urnas y tienen la función de votar por el presidente y el vicepresidente, de manera que quien se lleva el gato al agua es aquel que consigue más estados.

Hace cuatro años, la demócrata Hillary Clinton obtuvo casi 3 millones de votos más que Trump. Sin embargo, al republicano le bastó con ganar por poco el Colegio Electoral para llevarse la presidencia.

Esta ha sido la primera vez que la encuesta de Reuters/Ipsos ha medido el apoyo a los candidatos a la presidencia de 2020 entre los posibles votantes.

En base a los votantes registrados, que incluyen aquellos con menos probabilidad de votar, Biden aventaja a Trump en 8 puntos porcentuales, en comparación con la ventaja de 7 puntos de una encuesta similar publicada la semana pasada.

Pandemia y confianza en el gobierno

El sondeo mostró que los probables votantes estaban motivados principalmente por la pandemia del coronavirus, que ha matado a más de 186 000 estadounidenses y dejado a millones sin trabajo, y por el restablecimiento de la confianza en el gobierno.

Preguntados por sus motivaciones para elegir presidente, el 28% dijo que era la capacidad percibida del candidato para gestionar el coronavirus, mientras el 23% dijo que era la capacidad para restaurar la confianza en el Gobierno. Otro 19% dijo que era la capacidad del candidato para impulsar la economía, y el 14% dijo que buscaba un candidato que fuera “duro con el crimen”.

El 51% de los posibles votantes dijeron que Biden lo haría mejor en la gestión de la pandemia en EEUU, mientras que el 38% dijo que sería Trump.

Pero el republicano tiene la ventaja cuando se trata de la percepción de quién sería “duro con el crimen y los disturbios civiles”, con el 45% eligiendo a Trump, mientras que el 40% dijo que Biden sería mejor en este sentido.

En la economía, ninguno de los candidatos tiene la ventaja entre los probables votantes: el 45% dijo que pensaba que Biden sería mejor para la economía nacional y la creación de empleo, mientras que el 45% apostaba por Trump.

Biden, que ha ido por delante de Trump durante la mayor parte del año en la mayoría de las encuestas de opinión nacionales, se ha beneficiado de una reciente migración hacia el bando demócrata de algunos de los votantes más fiables de los Estados Unidos: blancos con educación universitaria.

Aunque los blancos no universitarios siguen apoyando en gran medida a Trump frente a Biden, el presidente no ha consolidado el nivel de apoyo dominante que sí disfrutó con ese grupo hace cuatro años cuando se presentó a las elecciones contra Clinton.

Hasta ahora, las encuestas de opinión de otros medios de comunicación dan a Biden una pequeña ventaja sobre Trump en un puñado de estados competitivos, incluyendo Arizona, Wisconsin, Michigan, Pennsilvania y Florida. Esa ventaja también parece haberse reducido en algunos casos en las últimas semanas.

La encuesta Reuters/Ipsos se realizó de manera online, en inglés, en todo el territorio de los Estados Unidos. Recogió respuestas de 823 probables votantes, incluyendo 390 que se identificaron como demócratas y 351 que se identificaron como republicanos. Las encuestas tienen un margen de error —una manera de medir la precisión de los sondeos— de más o menos 4 puntos porcentuales. (Con información de Reuters).

Actualiza EU Alerta de Viaje para México; mejora a Nivel 3

CIUDAD DE MÉXICO.— El Gobierno de Estados Unidos actualizó su Alerta de Viaje para México al pasarla del nivel 4-el más alto de la escala- “No Viajar”, en que se encontraba desde el mes de marzo a Nivel 3 “Reconsiderar Viajes” frente a una leve mejoraría en las condiciones del Covid-19.

La embajada de Estados Unidos recordó que el nivel de México, al igual que los de otros países, se basa en la evaluación actual del Departamento de Estado y la Organización Mundial de Salud de las condiciones terrestres.

“Revisamos una variedad de fuentes de información sobre las condiciones locales, incluyendo el propio sistema de semáforos del Gobierno de México, que actualmente es rojo, naranja, o amarillo para todos los estados.

“El aviso de Alerta de México tiene en cuenta los últimos datos sobre los riesgos relacionados con COVID en México,  el aviso de salud para viajes de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC), y nuestra evaluación de las condiciones terrestres que podrían afectar el bienestar o la salud de los ciudadanos estadounidenses o nuestra capacidad para proporcionarles servicio de emergencia”, precisó.

Aclara; sin embargo, que los estados mexicanos que individualmente son calificados Nivel 4 debido a problemas de crimen o seguridad, permanecen en ese nivel, sólo el nivel del país cambió a Nivel 3 debido a Covid-19.

Estas entidades con problemas de violencia y crimen, y a donde la embajada norteamericana sugiere a sus ciudadanos no viajar, son: Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas

Destacó que el propósito de este Aviso es proporcionar a los ciudadanos estadounidenses datos actualizados y mantenerlos informados mientras están en el extranjero o planean viajar.

El Departamento de Estado está monitoreando de cerca las normas de salud y de seguridad globales y continuará actualizando información específica para los viajeros estadounidenses a medida que las condiciones evolucionen.

La Alerta de Viaje también considera los riesgos del crimen, terrorismo, disturbios civiles, desastres naturales, problemas de salud y otros intereses para los ciudadanos estadounidenses visitantes o residentes.

“En México, también aconsejamos que los ciudadanos estadounidenses ejerzan mayor precaución en México debido al crimen y el secuestro.

En esta actualización de la Alerta de Viaje se precisa que el aviso de nivel 3 de México no cambia el acuerdo de restricción fronteriza entre ambos países por lo que se mantienen limitados los viajes a través de la frontera terrestre a sólo casos esenciales.

Trump y la estrategia del caos

Rafael González Morales

(Periodista de Progreso Semanal)

En Estados Unidos, el proceso de elecciones presidenciales, se desarrolla en un contexto sin precedentes en la historia de esa nación. El pueblo estadounidense participará en unos comicios marcados por los efectos devastadores de la pandemia, las implicaciones del racismo sistémico y la crisis económica más severa desde la Gran Depresión, que según The New York Times se evidencia en los siguientes indicadores: caída récord del PIB en 9,5 por ciento en los últimos tres meses, 30 millones de personas han solicitado ayuda por estar desempleados y el gasto del consumidor ha decrecido en 10,1 por ciento.

A este complejo panorama se añade la obsesión de un presidente por reelegirse que ha llegado al extremo de quebrar las normas básicas que imperan en ese país sobre lo “políticamente correcto” y parecería que en este empeño no tiene límites visibles. A partir de esas circunstancias objetivas, Donald Trump y su equipo de campaña hace un tiempo concluyeron que no tenían posibilidades de ganar las elecciones en noviembre. Por lo tanto, decidieron que la única opción realista para imponerse sería el despliegue de una estrategia que desconociera y atacara los fundamentos del sistema electoral.

El plan está centrado en cuatro pilares fundamentales: desestimular y obstaculizar la participación de votantes que favorecen o se inclinan por el candidato demócrata; sabotear el funcionamiento del servicio postal; impedir que se creen las condiciones logísticas necesarias en los centros de votación y presionar directamente a las autoridades electorales a nivel local.

Esta concepción parte de la premisa de que ese país no está preparado para enfrentar las exigencias y desafíos que ha impuesto la COVID -19 a los comicios presidenciales. Las recientes elecciones primarias fueron una clara muestra de la gravedad de esta situación. Entre los principales problemas sobresalieron: retraso en la llegada de las boletas enviadas por correo, demora excesiva en el conteo de los votos, cierre masivo de centros de votación, requerimientos innecesarios para votar, largas colas, colapso de sitios webs electorales y votantes que no sabían dónde ejercer el sufragio. Esto provocó que en algunos condados de estados decisivos como Wisconsin y Pennsylvania los resultados tardaran diez días en conocerse.

Esta realidad es un adelanto en pequeña escala de lo que podría ocurrir el 3 de noviembre. Todo esto fue posible debido a los serios problemas estructurales, organizativos y funcionales de un sistema electoral estadounidense que está al borde del colapso. Cuando apenas faltan dos meses para el primer martes de noviembre, lo más peligroso es que no existe la posibilidad real de revertir esta situación. Trump y su equipo interpretan que estas vulnerabilidades constituyen oportunidades únicas para lograr sus propósitos. Por lo tanto, no basta con que las condiciones objetivas del país favorezcan a Joe Biden debido a que los republicanos tienen la capacidad de incidir en tres aspectos que resultan estratégicos: la decisión de votar o no, el ejercicio propiamente del voto y en su conteo.

Con relación al desestímulo de los votantes, las acciones están enfocadas en crear un ambiente de falta de confianza y credibilidad en el proceso electoral. Su principal exponente es Trump, quien durante un evento en Wisconsin enfatizó: “la única manera en que nosotros perdemos estas elecciones es si son manipuladas”. Contemplar el fraude como una posibilidad real e inevitable, constituye el eje central de esta campaña de desinformación que no solo promueve la confusión y el caos, sino que tiene como objetivo final preparar psicológicamente al pueblo estadounidense para que parezca natural que Trump se autoproclame ganador ante supuestas irregularidades electorales.

Según una encuesta realizada entre el 9 y 12 de agosto por Wall Street Journal y NBC News, el 45 por ciento de los votantes registrados no confían en que los resultados de las elecciones sean exactos y el 51 por ciento considera que el voto por correo no será contado adecuadamente. El ambiente de desconfianza y la percepción de fraude ya está presente en el electorado estadounidense, tendencia que debe profundizarse a medida que se acerque el 3 de noviembre.

Las maniobras para obstaculizar la participación en las urnas están estrechamente vinculadas a impedir que el Servicio Postal de Estados Unidos pueda garantizar la entrega de las boletas y su posterior distribución en los lugares habilitados para el conteo de los votos. En estos momentos, esa institución federal está en una situación crítica al no tener la infraestructura necesaria para manejar adecuadamente y en los tiempos requeridos un flujo estimado en decenas de millones de boletas. Por esa razón, los demócratas están presionando para aprobar un fondo de emergencia de 25 mil millones de dólares para que esa agencia pueda funcionar.

Por su parte, Trump hace apenas tres meses designó al frente del correo postal a Louis DeJoy, quien es su aliado incondicional y ha donado para sus campañas políticas más de 2 millones de dólares. Su objetivo al frente de esa institución es obstaculizar su funcionamiento para contribuir a que ocurran las siguientes situaciones: que a los votantes por correo no le lleguen sus boletas o en el mejor de los casos que arriben atrasadas, que no sean recogidas una vez ejercido el voto y que no se envíen a los centros de votación dentro de los plazos de tiempo establecidos, lo que impediría que sean contadas.

Esto podría suceder con cientos de miles de boletas de potenciales votantes demócratas y en las circunstancias actuales, los republicanos tienen la capacidad real de incidir en este proceso. De acuerdo a la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, hay 33 estados que exigen que las boletas deben ser recibidas por las autoridades electorales el día antes de las elecciones. Paralelamente, el Comité Nacional Republicano y grupos conservadores han gastado millones de dólares en la presentación de litigios en al menos 17 estados para limitar la expansión del voto por correo que es considerado por el candidato republicano como su principal desafío.

Sobre las condiciones logísticas en los centros de votación, las acciones están dirigidas a obstaculizar que estas instalaciones desarrollen su trabajo con celeridad, lo que tendría un impacto significativo en su capacidad para el procesamiento y conteo de las boletas. En estos momentos, se requieren principalmente máquinas de alta velocidad para el escaneo y contratar gran cantidad de personal debido a que, según el Centro para la Integridad Pública, más de la mitad de los que laboran habitualmente en estos lugares son personas vulnerables al COVID-19 por ser mayores de 61 años. Si estas problemáticas no tienen solución antes de noviembre, es altamente probable que varios estados se demoren días en divulgar los resultados, lo que es funcional a los intereses de Trump como parte de la promoción del caos.

Sobre las acciones de intimidación y presión a las autoridades electorales locales, la campaña de Trump y el Comité Nacional Republicano están trabajando intensamente en 15 estados para reclutar alrededor de 50 000 voluntarios que serían entrenados para desempeñarse como “observadores electorales”. En la práctica, estas personas incidirán directamente en los centros de votación y su entorno más cercano para asegurarse que en estos lugares se haga un “control más estricto de los votantes”, fundamentalmente negros, latinos y jóvenes. En determinados estados decisivos que se ganan por un estrecho margen, no es descartable que este tipo de tácticas intimidatorias sean determinantes. Debe recordarse que en las elecciones del 2000, en la Florida, la diferencia fue de 537 votos y hubo que esperar más de un mes para conocer el resultado final.

En cualquier caso, la estrategia de Trump contribuirá a que en estas elecciones sea más difícil votar, sea más complicado el escrutinio y probablemente el resultado oficial pueda tardar varios días. A partir de estos elementos, puede asegurarse que en términos prácticos está en curso un proceso de “secuestro” de las elecciones presidenciales y estamos en presencia de un candidato que ya se proclama vencedor sin todavía haberse contado ningún voto. Nunca esa nación ha enfrentado una situación de esta naturaleza. Por ello, no hay claridad sobre las eventuales implicaciones para Estados Unidos y el mundo de lo que algunos han llamado como un posible “Chernóbil electoral”. Tal vez por estas razones, Bernie Sanders en su reciente intervención en la Convención Nacional Demócrata dijo: “esta elección es la más importante en la historia moderna de este país”.

EU y Gran Bretaña siguen estrategia de Rusia de acelerar aprobación de vacuna contra Covid-19

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MOSCÚ.— Los comentarios de un alto funcionario estadunidense y los movimientos del Reno Unido hacia la posible aceleración de las vacunas contra el covid-19 muestran que Occidente ahora acepta que Rusia hizo bien en aprobar una vacuna en agosto, aseguró hoy un funcionario ruso.

Rusia otorgó la aprobación regulatoria a una vacuna contra el covid-19, la ‘Sputnik V’ este mes después de menos de dos meses de pruebas en humanos, lo que llevó a algunos expertos occidentales a cuestionar su seguridad y eficacia.

Desde entonces, el jefe de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos admitió que estaría dispuesto a eludir el proceso de aprobación normal para autorizar una vacuna contra el covid-19 siempre que los funcionarios estuvieran convencidos de que los beneficios superan los riesgos.

La semana pasada, el gobierno británico estableció planes que permitirían al regulador médico británico otorgar una autorización temporal para cualquier vacuna contra el coronavirus antes de recibir una licencia completa si cumple con los estándares de seguridad y calidad.

Washington y Londres están ahora “siguiendo exactamente el ejemplo de Rusia”, consideró Kirill Dmitriev, director del Fondo de Inversión Directa de Rusia, el fondo soberano de inversión de Rusia, que ha estado muy involucrado en el programa de vacunas de Rusia.

El mundo occidental se sorprendió por el éxito de Rusia (en la producción de una vacuna potencial) y tuvo que pasar por cuatro etapas para aceptar lo inevitable: negación, ira, depresión y, en última instancia, aceptación”, ironizó el funcionario ruso en un comunicado.

Declaraciones recientes muestran que ya hemos pasado la etapa de la depresión y ahora se ha aceptado que el enfoque de Rusia es el correcto”, agregó.

Rusia ha comenzado ahora los ensayos de fase III de la vacuna ‘Sputnik V’ que probarán su eficacia en un grupo más grande de voluntarios.

También se está preparando para aprobar una segunda vacuna contra el covid-19 a fines de septiembre o principios de octubre.

El ministro de Salud, Mikhail Murashko, ha dicho que la vacunación masiva de los grupos de alto riesgo comenzará en noviembre-diciembre.

“Laura” azota Luisiana y deja estela de daños e inundaciones

 

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LAKE ARTHUR.— El huracán “Laura” azotó la costa del Golfo de México durante horas con fuertes vientos, aguaceros torrenciales y marejadas luego de tocar tierra en el suroeste de Luisiana, cerca de la frontera con Texas, en la madrugada del jueves, amenazando la vida de los que no se marcharon.

Las autoridades habían pedido a los residentes que se fuesen, pero no todos les hicieron caso en una zona que ya quedó devastada por el paso del huracán Rita en 2005.

Videos publicados en redes sociales mostraron como los vientos de Laura azotaban un edificio alto en Lake Charles, rompiéndole las ventanas mientras los vidrios y los escombros caían al suelo.

“Hay algunas personas que siguen en la ciudad y la gente está llamando (…) pero no hay forma de llegar a ellos”, dijo Tony Guillory, presidente del órgano de gobierno de la parroquia de Calcasieu, a primera hora del jueves por teléfono desde un edificio del gobierno en Lake Charles, que se remecía por la tormenta.

Guillory dijo que espera que quienes se han quedado varados puedan ser rescatados más tarde en el día, pero teme que las carreteras bloqueadas, los cortes en las líneas eléctricas y las inundaciones obstaculicen esas labores. Las autoridades explicaron que los operativos de búsqueda y rescate comenzarán cuando las condiciones lo permitan.

Con más de 290,000 viviendas y negocios sin electricidad en los dos estados, los constantes relámpagos eran la única fuente de luz para algunos.

Laura ganó intensidad rápidamente antes de tocar tierra con vientos máximos sostenidos de 240 km/h (150mph), alrededor de la 01:00 CDT cerca Cameron, una comunidad de 400 habitantes de Luisiana ubicada a unos 48 kms (30 millas) de la frontera este de Texas, explicó el Centro Nacional de Huracanes (NHC, por sus siglas en inglés).

“Las marejadas ciclónicas letales con grandes y destructivas olas causarán daños catastróficos”, advirtieron los meteorólogos, añadiendo que podrían alcanzar los 4,5 o 6 metros (15 o 20 pies) en Port Arthur, Texas, y en parte de Luisiana, incluyendo Lake Charles.

“Estas marejadas podrían penetrar hasta alrededor de 65 kms (40 millas) en el interior desde la línea costera, y las inundaciones no retrocederán del todo en varios días”, afirmó el NHC.

Horas después de tocar tierra, Laura seguía siendo un huracán de categoría 2 con vientos máximos sostenidos de 175 km/h (110 mph). Su centro pasó por Lake Charles, avanzado en dirección norte a unos 24 km/h (15 mph), pero con vientos peligrosos que se extendían sobre gran parte de Luisiana y del este de Texas.

En la parroquia de Cameron, el lugar donde impactó, las autoridades dijeron que al menos 150 personas se negaron a desalojar y tenían previsto enfrentar el huracán en casas elevadas o vehículos de recreo. El resultado podría ser catastrófico ya que los meteorólogos advirtieron que toda la comunidad podría quedar completamente cubierta por el agua del océano.

Republicanos ya fijan su mirada en el 2024

 

WASHINGTON.— Los republicanos se enfocan actualmente en impulsar la reelección de Donald Trump durante su convención nacional. Pero también en lo qué, o en quién, se viene después.

Dejando a un lado los discursos, la propaganda y la teatralidad, se detectan las primeras maniobras con miras al futuro y a los potenciales candidatos a presidente para el 2024.

“Están pasando muchas cosas entre bambalinas”, aseguró el estratega republicano Alex Conant, quien trabajó con la campaña de Marco Rubio en el 2016.

Conant añadió que la puja empezará en serio después de los comicios de noviembre, en los que el electorado decidirá si Trump pasa a la historia como un malentendido que duró solo un término o como el fundador de un nuevo Partido Republicano.

En la convención participan una cantidad de posibles candidatos futuros, sobre todo Nikki Haley, exgobernadora de Carolina del Sur y exembajadora ante las Naciones Unidas, que habló el lunes por la noche, y el vicepresidente Mike Pence.

También tuvieron o tendrán el escenario para ellos los senadores Tom Cotton y Rick Scott, el secretario de estado Mike Pompeo y Don Trump Jr., hijo del presidente.

Muchos anticipan que en el 2024 se repetirá lo que sucedió en el 2016, en que una cantidad de senadores, gobernadores y figuras del partido se postularon junto a un personaje de la reality TV que pocos tomaron en serio.

Esta vez, “Mike Pence y Nikki Haley son, de lejos, los grandes favoritos”, sostuvo Scott Walker, exgobernador de Wisconsin y quien se postuló en el 2016.

“Hay otros, pero nadie está en ese nivel”.

Mucho dependerá de lo que pase con Trump en noviembre.

Si pierde, abrirá las puertas a detractores como el gobernador de Maryland Larry Hogan, un moderado que ha expresado alarma ante el manejo que hace Trump de la pandemia del coronavirus y que hace poco escribió un libro y lanzó una iniciativa que promueve “soluciones bipartidistas, de sentido común”.

Mike Pence, el fiel soldado

En el otro extremo está Pence, quien por años ha sido el más fiel soldado de Trump. Sus aliados saben que su futuro político podría depender de que Trump sea reelegido y trabajan denodadamente con ese fin.

Pence ha hecho 73 viajes a más de dos docenas de estados desde octubre. Ha mantenido conversaciones con grupos conservadores y ha dado 152 entrevistas.

Si Trump no gana en noviembre, habrá qué ver cómo afecta eso a Pence y si tiene el carisma o la ascendencia suficientes como para buscar la presidencia por sí solo. Hay quienes dicen que Pence lleva sobre sus hombros toda la carga que pesa sobre Trump, sin arrastrar a todos sus partidarios.

Un nombre que suena mucho es el de Haley, quien logró sobrevivir al gobierno de Trump con su reputación intacta, si no reforzada. Desde su partida, ha tratado de mantener un delicado equilibrio, mostrando cierta independencia del presidente aunque sin provocarlo directamente.

Nikki Haley, experiencia y vitalidad

En su discurso del lunes Haley promovió la candidatura de Trump al tiempo que se presentó a los votantes.

“Soy una hija orgullosa de inmigrantes de la India. Vinieron a Estados Unidos y se radicaron en una ciudad pequeña del sur”, expresó.

“Mi padre usaba un turbante. Mi madre un sari. Yo era una niña de tez morena en un mundo en blanco y negro”, relató.

Esa historia puede hacerla una candidata atractiva en momentos en que el electorado se rejuvenece y se hace cada vez más diverso. También puede argüir que tiene la experiencia necesaria.

Sea cual sea el resultado de la elección, los conservadores y los republicanos van a ver en Nikki Haley uno de los mensajeros de su causa más talentosos del país”, afirmó Rob Godfrey, quien fue portavoz de Haley cuando era gobernadora de Carolina del Sur.

Haley ha estado haciendo campaña a favor de varios candidatos republicanos al Senado.

“Está haciendo muchos amigos”, comentó Godfrey.

Este es el tipo de cosas que hacen potenciales candidatos entre bambalinas. Crean contactos, conocen a los donantes, a los dirigentes conservadores y a los líderes de los estados donde se realizan las primeras primarias, y tratan de alcanzar una proyección nacional.

Republicanos formalizan candidatura de Donald Trump

candidato

WASHINGTON.— Los republicanos abrieron este lunes su convención con la nominación formal del presidente estadunidense, Donald Trump, como su candidato para las elecciones de noviembre.

Sin sorpresa, los cerca de 330 delegados del Partido Republicano reunidos en Charlotte, Carolina del Norte, designaron al mandatario como su candidato, en el primer día de la convención republicana.

El mandatario arribó luego a la convención de Charlotte, ansioso por diferenciarse de su rival demócrata Joe Biden, recluido en su residencia en Delaware debido a la pandemia de covid-19.

Los delegados presentes en la sala comenzaron a votar por orden alfabético, comenzando con Alabama y hacia las hacia las 16h10 GMT Trump había superado los mil 276 votos necesarios para convertirse en el candidato republicano, sin ningún voto en contra.

Trump figura rezagado en las encuestas, que ubican a Biden como favorito, en momentos en que su gobierno se ve muy presionado por la gestión de la pandemia, que deja unos 176 mil muertos en el país y una economía en crisis, con millones de desempleados.

A diferencia del cónclave demócrata, que concluyó el jueves, y fue mayoritariamente virtual, en la convención republicana tendrán un mayor peso las actividades presenciales.

Joe Biden, candidato demócrata a la Presidencia de EU

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Los demócratas confirmaron la noche de este martes la nominación del ex vicepresidente Joe Biden a la Presidencia de Estados Unidos, de cara a los comicios del próximo 3 de noviembre, durante la convención nacional del partido que se celebra de modo virtual por la pandemia del coronavirus.

La votación de los delegados se produjo de manera telemática debido a la pandemia de coronavirus, que también ha hecho que la convención sea íntegramente virtual.

A lo largo de media hora, los compromisarios de 57 estados y territorios de Estados Unidos fueron anunciando sus votos. Entre los representantes de Vermont apareció Sanders, con mascarilla, aunque no pronunció ningún mensaje.

Se esperaba que Biden fuera confirmado como candidato demócrata a la Presidencia, ya que Sanders se retiró de la carrera electoral el pasado 8 de abril.

El veterano senador de 78 años arrancó las primarias como favorito, pero fue perdiendo impulso a medida que la contienda electoral, que comenzó con una veintena de aspirantes, se fue reduciendo.

Al finalizar la ronda de votación de este martes, la convención conectó en directo con la residencia de Biden en Delaware, quien apareció junto a su esposa Jill, celebrando la confirmación.

“Gracias, muchas gracias desde el fondo de mi corazón”, dijo Biden, quien agregó: “Nos vemos el jueves, gracias, gracias”.

Está previsto que el próximo jueves Biden cierre los cuatro días de convención con su discurso de aceptación de la nominación demócrata a la Presidencia.

Poco después de la votación de este martes, el ex vicepresidente lanzó un mensaje en su cuenta de Twitter: “Es el honor de mi vida aceptar la nominación del Partido Demócrata a presidente de EE.UU. de América”. (Fuente: DW)

Trump, Presidencia al estilo “el Estado soy yo” y “después de mí, el diluvio”

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Como se ha evidenciado en muchas ocasiones, Trump considera que él es el Estado mismo y la única medida de lo justo y correcto. Experto en fake news y acusaciones infundadas que ahora se centran en un posible fraude electoral de sus rivales, para él los problemas y las culpas son siempre de “los otros”. Foto: Reuters.

José R. Oro

(Ingeniero cubano residente en los Estados Unidos)

Se aproximan las elecciones generales en Estados Unidos, el próximo 3 de noviembre, en las que serán puestos a escrutinio “popular” la Presidencia y Vicepresidencia, 35 puestos senatoriales (de un total de 100) y los 435 escaños de la Cámara de Representantes. A nivel local, miles de funcionarios serán electos.

Escribo “popular” entre comillas, porque en 2016 Trump fue electo –acorde con el sistema electoral vigente– a pesar de haber obtenido casi tres millones de votos menos que su rival, Hillary Clinton.

Por todos los elementos que se tienen hasta hoy, Trump está en desventaja y varios de los estados “cambiantes” dan señales de inclinarse por el candidato demócrata Joe Biden o ven disminuir la ventaja original de Trump. Si, como se espera, hay una votación cerrada y Trump pierde estrechamente en algunos estados sufriendo una derrota a nivel de todo el país, hay serias preocupaciones acerca de un intento de golpe de Estado o de que no admita la derrota. Lo mismo podría pasar en la eventualidad de que Trump comience arriba en un estado pero al final del conteo de votos ganen allí los demócratas. Surgen varias preguntas sobre tal situación:

¿Por qué es tan intensa la preocupación de que Trump no admita su derrota si esta se produce, lo que es bastante posible, según las encuestas?

El título de este artículo incluye dos frases atribuidas a Luis XIV, el Rey Sol francés, que representan diáfanamente la personalidad política de Trump.

Como se ha evidenciado en muchas ocasiones Trump considera que él es el Estado mismo y que tiene todas las atribuciones para gobernar en las condiciones de un monarca absoluto, tal como Luis XIV sentado en el Palacio de Versalles (para Trump la Casa Blanca) y pensando al estilo de los siglos XVII y principios del XVIII. Más allá de su personalidad y fantasías, Trump no tiene ningún respeto o subordinación a las leyes, de las que se siente por encima y exento, lo que implica que no ser reelecto pueda parecerle algo intrínsecamente injusto e inmerecido para él y sus seguidores.

La segunda expresión manifiesta directamente –en un rango que va de la megalomanía a la mitomanía– el egocentrismo político y el más absoluto desprecio por lo que pudiera pasar en el futuro de Estados Unidos. Hitler también pensaba y actuaba así, llevando a Alemania a un desastre absoluto y expresando en sus días finales en el búnker de Berlín, que era un castigo merecido, porque los alemanes “no poseían el valor interno necesario”.

La megalomanía de Trump ha sido harto demostrada en distintas ocasiones, pero en el caso del enfrentamiento a la pandemia se ha evidenciado de una manera muy clara. A Trump y a muchos de sus seguidores les importan más el rendimiento de la economía y sus ganancias personales que la salud y la vida de las personas. Negar la ciencia, lo que dicen y repiten expertos y científicos serios y con décadas de carrera, incluso a pocos metros de distancia del presidente, ya es un problema mayor y roza el oscurantismo.

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Proyecciones del total de muertes causadas por la COVID-19 en Estados Unidos hasta el 3 de noviembre, tomado de Worldometers info. Valores de entre 220 000 y 240 000 fallecidos parecen probables.

Aparte de la lentitud al reaccionar a la emergencia sanitaria y el desprecio por el peligro que representa la COVID-19, la creencia de que la cloroquina es eficaz para enfrentar la enfermedad y que inyectarse o tomar desinfectantes sería una buena opción (hace poco retuiteó un video –eliminado por YouTube y Facebook por considerarlo fake news– en que ciertos médicos consideraban innecesarias las mascarillas y afirmaban que la hidroxicloroquina es el tratamiento para esta enfermedad), Trump ha sido el principal promotor de una reapertura económica a la que se oponen especialista y gobernadores, “reapertura” que puede causar, como se observa en la tabla y va mostrando la realidad, decenas o cientos de miles de nuevas fatalidades.

Para el día de las elecciones, podría haber más de nueve millones de contagios. La gestión de la COVID-19 es el Vietnam de Donald Trump y de la ultraderecha fascista del actual Estados Unidos, con todas sus consecuencias.

Además de esos elementos de la personalidad dictatorial y vengativa, caprichosa de Trump, quien no admite objeción o escollo alguno para sus deseos, hay un factor objetivo de enfrentamiento social. Las elecciones podrían ser apretadas y la decisión en los estados “cambiantes” podría producirse por unos pocos votos entre millones de votantes habilitados.

Esa situación de duda y suspicacia en torno a los resultados electorales ha sido catalizada por el propio Trump, quien en varias ocasiones ha expresado que, si gana, pues democracia pura y bella; si pierde, ha insinuado versiones sobre un fraude organizado por cualquiera, desde demócratas extremistas hasta el comunismo internacional.

Considerables disturbios podrían ocurrir en estados que se decidan por menos del 1% de los votos, como sucedió en las elecciones de 2016 en Michigan, Pensilvania, Nuevo Hampshire, Wisconsin, con un total de 50 votos electorales, e incluso en Florida, con 27 votos electorales, donde la diferencia a favor de Trump fue de 1.2%. Casos de este tipo, con resultados ajustados, van probablemente a suceder este 3 de noviembre. Si Trump pierde, aunque sea de forma aplastante (que no es lo que se espera, sino por escasa o moderada diferencia), es muy probable que haya dilación en el reporte de resultados, demandas legales, recuentos y otros manejos desestabilizadores por parte del mandatario y de la ultraderecha.

Diferencias entre las propuestas de 2016 y de 2020, significan la unidad del Partido Demócrata y un mayor atractivo para ir a votar por parte de las minorías.

La “desviación hacia el azul”, la gran diferencia con las elecciones de 2016:

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Diferencias entre las propuestas de 2016 y de 2020, significan la unidad del Partido Demócrata y un mayor atractivo para ir a votar por parte de las minorías.

La tabla arriba nos muestra algunas de las principales diferencias en el campo Demócrata entre las anteriores elecciones y las que se avecinan. Ya todas las principales cartas están sobre la mesa. Con la selección de la senadora Kamala Harris como compañera de fórmula de Joe Biden se completó “la desviación hacia el azul”, el movimiento del programa de Gobierno del Partido Demócrata hacia posiciones que en los Estados Unidos llaman confusamente liberales o progresistas, pero que son lo que denominaríamos en muchas partes del mundo de centroizquierda.

Algo que no se atrevió a hacer Hillary Clinton en 2016. Por eso, entre otras cosas, no logró la unidad dentro de su partido ni motivó a las minorías a ir a votar, perdiendo unas elecciones, que debió ganar, por estar tan distanciada y desatendida de los anhelos del pueblo. La candidatura Biden/Harris no solo desarrolla un programa, sino que convence a los votantes de su seriedad en tratar de llevarlo a cabo.

Trump, en cambio, está peleando su candidatura para la reelección en un país devastado por la pandemia, la incrementada desigualdad, la recesión y el racismo. Entonces, ¿qué está haciendo?: está peleando en una guerra de frases manidas y clichés, como en tiempos de R. Nixon, en un país muy diferente al de hace medio siglo y diferente, pese al poco tiempo transcurrido, al de 2016. Como buen monarca absoluto, Trump solo ofrece más de lo mismo.

La estrategia funcionó para él (apenas) en 2016, cuando derrotó con el voto de los colegios electorales a Hillary Clinton, considerada por muchos un icono de la generación de los años sesenta. Trump está tratando ahora de reeditar su campaña de 2016 avivando la división racial y rugiendo su grito de batalla contra los inmigrantes: “¡Terminemos el muro!”. Llama a Joe Biden “marioneta de la izquierda militante”, tuiteando que “ha sido atraído mucho más a la IZQUIERDA de lo que el loco Bernie Sanders nunca pensó posible”. Es decir, la misma música tradicional de la ultraderecha estadounidense: EE.UU. para los blancos, muerte al socialismo, abajo los inmigrantes (que son el problema, porque para Trump los culpables de todo son los otros, desde los inmigrantes y los chinos a los demócratas)… Y así. Aunque aún hay decenas de millones de votantes que responden a esas consignas, se ven ampliamente sobrepasados por aquellos que las rechazan.

Como resultado, la campaña de Trump está reuniendo a los votantes de derecha, ultraderecha y de pequeños grupos periféricos de la extrema izquierda. Pero no está abordando las preocupaciones de la gran mayoría de los estadounidenses promedio, más visiblemente después de que la COVID-19 ha costado la vida a miles de sus conciudadanos, sus bien zaheridos fellow Americans, los que rechazan en un porcentaje de entre 55% y 83% el “liderazgo” de Trump durante la pandemia. La cifra de muertos puede llegar a entre 220 000 y 290 000 (según los modelos usados) para el día de las elecciones generales, lo que es mucho más que el número de estadounidenses muertos en la Primera Guerra Mundial, Vietnam y Corea juntos.

El creciente y vibrante movimiento Black Lives Matter, que ha ganado mayor comprensión y apoyo en el total de la población estadounidense en los últimos meses, tiene una importancia fundamental en estas elecciones. Siempre las minorías han simpatizado con los candidatos menos conservadores, pero el 3 de noviembre será la primera vez que tengan una masiva asistencia a las urnas. La selección de la senadora de California Kamala Harri es considerada por muchos como el remate que garantizará una masiva participación de los votantes de las minorías.

Trump tiene demostrados delirios de grandeza y mesianismo, y quiere, al igual que casi todos los fascistas, ser un icono histórico (J. Bolsonaro es otro triste ejemplo actual). Para poder completar sus objetivos de hacer a “America grande de nuevo”, él “necesita” un segundo término y probablemente más (dijo el 14 de mayo de este año en Allentown, Pensilvania, que podría estar en la presidencia nueve o 13 años).

Supongo que también hay sólidos intereses materiales para Trump, su familia y allegados que requieren, para su materialización, controlar el poder político. Siempre pensando en el estilo de Luis XIV, Trump quizás se imagina ser el iniciador de una dinastía donde personas como su hija Ivanka, el yerno Jared Kushner y su primogénito Donald Jr. podrían estar vislumbrados como sus seguidores en la Casa Blanca después de que él salga en el 2025. Una idea como esta sería considerada como pura locura por un estadounidense promedio, pero no nos olvidemos de que Trump, en paralelo con su maldad, ha demostrado sobradamente vivir en “otro planeta”.

¿Como podría manifestarse tal situación en la práctica?

Ya desde ahora mismo, Trump y muchísimos republicanos creen que las elecciones no van a ser efectuadas de una forma justa y cabal. A eso se le llama en castellano “poner el parche antes de que se salga el grano”. Un 65% de los republicanos han sido convencidos por la demagogia de Trump de que las elecciones van a ser “irregulares”; de ellos, el 37% afirma no confiar mucho en los resultados, mientras que el 28% dice no confiar en lo absoluto.

¿Cuáles serían los resultados más probables de un intento de violar lo establecido por la Constitución y las leyes de Estado Unidos?

Una gran parte del pueblo estadounidense está convencido de que Donald Trump no es un líder para guiar al país en una lucha a muerte contra la pandemia ni de cara a otros problemas que enfrenta la nación. Como consecuencia, es probable que una gran parte de los votantes “indefinidos” decidan sustituirlo por un candidato como Joe Biden, quien, aunque no tenga un gran liderazgo personal, sí ha mostrado una probada capacidad de trabajar en equipo, permite actuar a los especialistas y los apoya.

Puede ser que este día de las elecciones se parezca más a una semana de elecciones o a un mes de las elecciones, gracias a las complicaciones relacionadas con el coronavirus y las diversas formas de votar. Si muchas personas no están dispuestas a esperar pacientemente los resultados finales, y si Trump y sus seguidores cínicamente ponen en duda la integridad del voto, los resultados podrían ser socialmente catastróficos.

Los estadounidenses se han acostumbrado a esperar resultados en la propia noche electoral. Abraham Lincoln se enteró de que había ganado en 1860 aguardando en la oficina de telégrafos hasta las dos de la madrugada. En 1948, en las elecciones que enfrentaron a Harry Truman y Thomas Dewey, el Chicago Daily Tribune anunció la victoria del candidato republicano Dewey en un gran titular de primera plana, para tener que rectificar y excusarse al día siguiente.

Aún está en el recuerdo un fenómeno tan irregular como el recuento de votos en el estado de Florida en las elecciones de 2000, donde Jeb Bush como gobernador del estado vio a su hermano George W. “ganarle” a Al Gore por 537 votos y, con los votos del colegio electoral floridano, obtener la presidencia 271 -266. Si eso se produjera ahora, de alguna forma parecida, el nivel de explosión social sería difícil de predecir, pero sería de inusitada envergadura, socavando las bases del injusto sistema bipartidista de manera irrevocable.

No es probable que Donald Trump y sus cómplices se salgan con la suya por la fuerza. Desde ahora, resulta evidente que Trump está perdiendo influencia política entre los congresistas de su propio partido, cada vez menos comprometidos con él. Una decisión en el Congreso o en la Corte Suprema de Justicia sería, con toda seguridad, aciaga para Trump. Cientos de millones de estadounidenses no aceptan más las manías caprichosas de Trump, la filosofía de que el “el Estado soy yo” o de que “después de mí, el diluvio”.

Estados Unidos suspende vuelos chárter privados a Cuba, en otra vuelta de tuerca al bloqueo

bloqueo

(Redacción Cubadebate)

El secretario de Estado Mike Pompeo anunció que ha dado órdenes al Departamento de Transporte para suspender los vuelos chárter privados entre Estados Unidos y Cuba.

La medida es una nueva vuelta de tuerca al genocida bloqueo estadounidense contra la nación caribeña y una muestra de la irracionalidad política de la Casa Blanca, en momentos en que la humanidad reclama el cese de medidas punitivas para que los países puedan contar con recursos para enfrrentar la letal pandemia de COVID-19.

Pompeo, uno de los adalides de las acciones agresivas contra Cuba, arguyó en un tuit, como disco ya rayado, que Cuba utiliza los fondos obtenidos por el turismo y los viajes para financiar “sus abusos e interferencia en Venezuela”.

La decisión se inscribe en los esfuerzos de la administración Trump de movilizar a los sectores anticubanos en la Florida, ante la baja en las encuestas electorales que el mandatario sufre en ese estado sureño, uno de los que más votos electorales aporta.

Today I asked the Department of Transportation to suspend private charter flights between the U.S. and Cuba. The Castro regime uses tourism and travel funds to finance its abuses and interference in Venezuela. Dictators cannot be allowed to benefit from U.S. travel.

— Secretary Pompeo (@SecPompeo) August 13, 2020

Senadores y representantes estatales en EU piden a gobernador de Minnesota colaboración con Cuba para enfrentar COVID-19

minnesota

Un grupo de 11 Senadores y Representantes estatales de Minnesota dirigieron una misiva al Gobernador de ese estado comunicando la resolución legislativa que solicita colaborar con Cuba para obtener asistencia y experiencia crucial para los residentes de Minnesota en medio de la pandemia y hace referencia al bloqueo contra la nación caribeña. Este es el texto de la carta:

Estimado gobernador Walz,

Le escribimos sobre la pandemia de COVID-19 que está arrasando el país. Como usted sabe, ha resultado en que nuestra nación tenga el mayor número de muertos y el mayor número de casos confirmados en el mundo. Aunque Minnesota lo ha hecho relativamente bien en comparación con otros estados, la pandemia ahora parece tener una energía renovada que amenaza con cruzar las fronteras estatales en un ataque que bien puede convertirse en el “incendio forestal” que el Dr. Michael Osterholm predice es inminente.

También sabemos que, como dijo recientemente un ex alto funcionario de seguridad nacional, “en un momento en que nuestro país necesita una respuesta orquestada, coordinada y con todas las manos a la obra, simplemente no hay mano en el timón, y. . . lamentablemente, no podemos seguir esperando a la administración “.

Dada la gravedad de la situación, creemos que es hora de empezar a pensar en colaborar y trabajar con socios fuera de nuestro marco habitual de referencia y zona de confort.

Con ese fin, poco antes de que la legislatura suspendiera sine die a fines de mayo, la Senadora Sandy Pappas es la autora de S.F. 4619, una resolución que ayudaría a abordar esa necesidad. Instó a nuestro liderazgo para mirar más allá de nuestras asociaciones tradicionales y considerar llegar a la nación de Cuba. El proyecto de ley complementario, H.F.4690, fue presentado en la Cámara por el Representante John Lesch.

La resolución expone una serie de razones para su propuesta, concluyendo, en parte, que, “la gente de Minnesota y Estados Unidos sigue en riesgo de contraer la enfermedad infecciosa; el La tasa de mortalidad del país por el virus se encuentra entre las más altas del mundo y respuesta cooperativa y comprometida de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de se requiere que el gobierno aborde el desastre “.

Luego le pidió a usted, gobernador Walz, que “ordenar al Departamento de Salud y a otras agencias, según corresponda, que investiguen el potencial para colaborar con Cuba para obtener asistencia y experiencia crucial para los residentes de Minnesota en medio de la pandemia “.

Como sabrá, la senadora Pappas se ha interesado desde hace algunos años en la singularidad de los desarrollos ocurridos en Cuba con respecto a su sistema médico y  biotecnología y ha llevado a tres delegaciones a Cuba para conocer más sobre ellos.

Como ella y otros saben ahora, y como se establece en la resolución, Cuba prácticamente ha conquistado COVID-19 y, al 6 de julio, con una población de 11,3 millones de personas, había contabilizado un acumulado de muertos de sólo 86 y un número total de casos de 2.380. La resolución señala además que, a fines de abril, 50 países habían solicitado ayuda a Cuba para combatir el virus, con la provincia de Lombardía en Italia, fuertemente afectada, entre las primeras en recibir la ayuda. Más de 80 países también han solicitado asistencia con los productos farmacéuticos de Cuba y actualmente existen 37 brigadas médicas cubanas en 30 países combatiendo COVID-19.

La resolución también reconoce el hecho de que Cuba tiene un largo historial de asistencia médica a otros países durante el ébola, la gripe porcina, el dengue y otras epidemias a los que ha enviado su brigadas Henry Reeve especialmente capacitadas, a menudo sin costo, para muchos de los más pobres del mundo naciones. Continúa señalando el éxito que ha tenido Cuba con su investigación sobre tratamiento para la COVID-19. El fármaco recombinante de interferón alfa-2B es el más conocido, pero también trabajando con medicamentos que estimulan la inmunidad y otras terapias, con “70 investigaciones en curso protocolos en Cuba relacionados con COVID-19 ”.Desafortunadamente, estos medicamentos aún no están disponibles aquí, debido al embargo de EE. UU., aunque se están realizando ensayos clínicos en otros países que podrían hacer que estarán disponibles en los EE. UU. en algún momento.

Sin embargo, el éxito de Cuba en el tratamiento de la pandemia tanto en casa como en otros países, no es solo por su sector biotecnológico, sino también tiene que ver con su apuesta por un alto estándar de la salud pública, con un sistema que involucra reuniones vecinales, salud puerta a puerta controles, pruebas, rastreo de contactos y puesta en cuarentena,

Si bien el embargo estadounidense crea claramente desafíos, en 2016 Cuba y EE. UU. negociaron un importante memorando de entendimiento destinado a “mejorar y ampliar los esfuerzos cooperativos en ciencias de la salud y biomédicas “entre los dos países. Este acuerdo no ha sido retirado y sigue vigente hoy. Además, como hemos aprendido de las historias sobre Cuba innovación e ingenio durante los últimos años de escasez y falta de recursos.

Creemos que puede haber formas imprevistas en las que podríamos beneficiarnos de trabajar con sus médicos y científicos.

Un desarrollo reciente ha sido la oferta de MEDICC, una organización con 30 años de historia de apoyar las colaboraciones en el cuidado de la salud entre Estados Unidos y Cuba, para trabajar con profesores de la Universidad de

Minnesota para enfocarse en aprender de la experiencia de Cuba con COVID-19. Se anticipa que el producto inicial del trabajo de los miembros de la facultad con MEDICC sería un foro de educación virtual para investigadores, profesionales y líderes políticos.

También debemos señalar que aunque la resolución de Minnesota que insta a la colaboración con Cuba no se presentó a tiempo para programar una audiencia, la noticia de su presentación fue recibida con gran entusiasmo por parte de varios periódicos cubanos y estaciones de radio y televisión también como en Granma, el principal medio de comunicación del gobierno cubano.

Minnesota ha sido líder en tecnología y desarrollo médico a lo largo de los años y nosotros ahora tengo la posibilidad de escribir un nuevo capítulo en esa historia al llegar a un país que igualmente se ha convertido en un líder en ciencia y tecnología al mismo tiempo que demuestra un humanidad singular hacia otras naciones necesitadas.

Como el estado que ahora puede ser mejor conocido como el lugar donde George Floyd fue asesinado, nosotros tenemos la obligación con nuestra gente de color y comunidades indígenas de demostrar nuestra compromiso de abordar la gran disparidad del impacto de la pandemia en sus poblaciones.

Nuestra propuesta puede presentar una de las mejores oportunidades para hacerlo al reconocer y aprendiendo de un país cuyas brigadas médicas y alcance han traído consigo asistencia a las personas más pobres y menos favorecidas del mundo.

En conclusión, nos gustaría compartir nuestro agradecimiento por su destacado liderazgo, Gobernador Walz, en esta crisis actual, y le instamos a que considere aprovechar ese legado explorando esta oportunidad única de llegar al vecino del sur de nuestro país.

Sinceramente,

Senator Sandy Pappas

Representative Mary Kunesh-Podein

Representative Kristin Bahner

Senator Chuck Wiger

Representative Aisha Gomez

Representative Hodan Hassan

Senator Patricia Torres Ray

Senator Carolyn Laine

Senator Chris Eaton

Representative Sandra Masin

Representative John Lesch

La pandemia ha sido buen negocio para los multimillonarios en EU

Wall StreetDavid Brooks

(Periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en Estados Unidos)

La doble crisis –salud pública y económica– ha devastado la vida de millones, pero para unos cuantos multimillonarios la pandemia ha resultado ser buen negocio en Estados Unidos.

Entre el 18 de marzo y principios de agosto, la riqueza total de los multimillonarios estadounidenses (aquellos que poseen fortunas mayores a 1 000 millones de dólares) se incrementó en 685 000 millones de dólares.

Hoy día, los multimillonarios estadounidenses gozan de una riqueza combinada de más de 3.65 billones de dólares, revelaron investigadores de inequality.org, un proyecto del Institute for Policy Studies (IPS).

Unos 467 multimillonarios vieron incrementarse su riqueza desde mediados de marzo, cuando oficialmente se declaró una emergencia nacional por el coronavirus, con la riqueza total de este club incrementándose 30% desde inicios de la pandemia hasta la fecha.

Entre los que más se han beneficiado durante este periodo están Jeff Bezos (Amazon), con un incremento de su riqueza neta de 71 000 millones; Mark Zuckerberg (Facebook), con un incremento de 38 000 millones de su fortuna personal (de hecho, ya superó los 100 000 millones en su riqueza personal); Elon Musk (Tesla), con 46 000 millones, y Bill Gates, con 14 000 millones.

Durante ese periodo, unas 160 000 personas han fallecido por la COVID-19, entre un total de más de cinco millones de contagiados en Estados Unidos. A la vez, unos 30 millones están recibiendo beneficios de desempleo, sin contar a los que no tienen derecho a esa asistencia, incluido todo migrante indocumentado y sus familias. Nuevos cálculos indican que un tercio de los inquilinos en Estados Unidos no podrán pagar sus rentas en agosto, reportó Bloomberg.

El senador Bernie Sanders está promoviendo un proyecto de ley para imponer un impuesto de 60% sobre el incremento de estas fortunas durante este periodo, lo cual podría generar más de 400 000 millones de dólares para dedicarlos a gastos médicos de los más necesitados.

Un impuesto de emergencia sobre la riqueza de multimillonarios es justo lo que se requiere. Estos permanecerán miles de millones de dólares más ricos que el año pasado y una porción de su extrema riqueza sería desplegada para abordar la crisis de la COVID-19, argumenta Chuck Collins, director del programa sobre desigualdad de IPS.

Los nuevos datos son una actualización del informe sobre los multimillonarios en tiempos de pandemia, emitido este año (ips-dc.org/billionaire-bonanza-2020/). Para más detalles, lista completa de multimillonarios y más: inequality.org.

Por otro lado, aunque el Gobierno de Donald Trump ha beneficiado a los más ricos a través de una reducción en impuestos, desmantelamiento de normas y regulaciones y menos controles sobre el manejo de capital, los guardianes de Wall Street están invirtiendo cada vez más en la campaña del contrincante demócrata, Joe Biden.

De hecho, durante los últimos meses el sector financiero ha apoyado la candidatura de Biden cuatro veces más que la de Trump, otorgando hasta la fecha unos 44 millones de dólares para el demócrata frente a solo nueve millones para el presidente, según datos calculados por el Center for Responsive Politics.

Entre las razones de la creciente desconfianza hacia Trump, según varias entrevistas con altos ejecutivos de Wall Street en los últimos meses, incluido Jamie Dimon, el poderoso ejecutivo en jefe del banco estadunidense más grande, JPMorgan Chase, está el reconocimiento explícito de que la creciente desigualdad económica extrema no es sostenible.

Asimismo, cada vez más ejecutivos y banqueros expresan alarma por lo que llaman el caos del Gobierno de Trump, sobre todo en su inepto manejo de la crisis del coronavirus, reportó el New York Times. (Tomado de La Jornada)