Archivo de la etiqueta: Víctor Corcoba Herrero

PUNTOS LETALES DEL PLANETA

Por Víctor Corcoba Herrero

Cuántas muertes serán necesarias para darnos cuenta de que ya son demasiados los migrantes y refugiados que han fallecido en su intento de cruzar el Mediterráneo, convertido en el punto más letal del planeta. Deberíamos redoblar los esfuerzos por salvar vidas humanas. Confiemos en que la reunión de alto nivel, a celebrar el diecinueve de septiembre en la sede de la ONU en Nueva York, sirva como respuesta colectiva y como oportunidad única de acordar un marco de trabajo; lo que exige, naturalmente, una mayor solidaridad mundial, además de una responsabilidad compartida con los países que acogen a la mayor parte de los refugiados. A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo un respiro en un ambiente sumamente contaminado de contrariedades, pero es aliento a aliento cómo se mejora la vida de los humanos, cómo se esclarecen los hechos y cómo se divisa la verdadera realidad. Indudablemente, cuando se puede evitar un mal es una sandez aceptarlo; de ahí la necesidad de que el Mediterráneo deje ya de ser un cementerio de vivos. El silencio es a veces una mala respuesta, una respuesta amarguísima. Convendría, pues, que tomásemos la voz y la palabra, teniendo en cuenta que la cifra actual de víctimas es un 35% superior a la documentada durante el mismo periodo en 2015. El mar, siempre la mar con sus versos tejidos por el cielo, que es tan hondo en la calma como en la tempestad, también nos dicta sus abecedarios, pues al igual que ocurre en tierra firme, las profundidades y las zonas más apartadas del océano albergan lugares únicos que merecen un reconocimiento, jamás debieran merecerlo por ser necrópolis de almas que han luchado por la subsistencia. Seguir leyendo PUNTOS LETALES DEL PLANETA

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BUSCANDO SIGNOS QUE NOS ARMONICEN

Por Víctor Corcoba Herrero

No me gusta este mundo que deja a los jóvenes sin futuro, que a los niños en lugar de darles juguetes le entrega armas y que abandona a sus mayores en cualquier esquina. Tampoco me deleita la labor de esos seres humanos a los que les mueve únicamente el interés, saborear el poder, o recrearse en el llanto ajeno. Más de una vez he pensado que sollozamos al nacer porque pasamos de la poética al infierno, a un orbe de dementes donde todo es mentira, hasta cuando dicen hablarte con el corazón en los labios. Sin embargo, cuando fenecemos, apenas hacemos ruido, nos vamos en silencio. Con razón uno debe temerle a la vida, no a la muerte, máxime en una época en que nadie sabe en quien confiar, puesto que nos hemos despojado de ese innato soplo de sinceridad, nos hemos vuelto irrespetuosos; y, además, fríos e inhumanos como verdaderas montañas de hielo. Seguir leyendo BUSCANDO SIGNOS QUE NOS ARMONICEN

DROGAS Y ARMAS; EL GRAN PELIGRO ACTUAL

Por Víctor Corcoba Herrero

Cada día la humanidad cosecha más y nuevos peligros. Si las drogas ilícitas continúan siendo un efervescente riesgo para la salud de los humanos, también la multitud de violencias y conflictos nos están dejando sin aire para poder vivir. Nos lo recordaba hace unos días, Stephen O´Brien, coordinador humanitario de Naciones Unidas, al evaluar el devastador impacto de seis años de conflicto en Siria, afirmando que la expectativa de vida en ese país había descendido veinte años. De nada sirven los avances científicos y tecnológicos, si luego el clima generado entre nosotros es destructivo. Tanto las armas como las drogas deben seguir estando controladas. Y en este sentido, mal que nos pese, todos, sin exclusión alguna, tenemos un papel que desempeñar para protegernos, sobre todo a los más jóvenes y personas vulnerables, de las sustancias peligrosas, pero también de las atmósferas de odios y venganzas que sólo conducen a aprovecharnos, en cualquier momento, para perjudicar a los demás. Hoy por hoy, la necedad nos puede, y así, fabricamos más armas que nunca, o mostramos nuestra indiferencia ante unas alarmantes estadísticas, que nos muestran que cada año mueren por sobredosis vidas humanas que podrían haberse prevenido y salvado. Seguir leyendo DROGAS Y ARMAS; EL GRAN PELIGRO ACTUAL

DEPORTIVIDAD EN EL EQUIPO DE LA VIDA

Por Víctor Corcoba Herrero

Se dice que la felicidad del cuerpo se halla en la salud; y que la del alma, en la acción, en los valores, en el saber ser y estar. Por eso, es tan importante activar el deporte, ya no sólo como una forma de entretenerse, sino también como un instrumento de comunicar valores que promuevan el bien colectivo. Pensemos en la perseverancia, en la lealtad, en el compartir, en la solidaridad, en la disciplina, en el sacrificio, en el esfuerzo y en la tenacidad, para obtener resultados satisfactorios. Sin duda, más allá del talento se precisa un activo de coherencia estética para no perder nuestra orientación humana. Por desgracia, ahora lo que importa es provocar el mayor impacto, y cosechar el mayor triunfo a cualquier precio. Da igual cómo se consiga. No interesa el espíritu deportivo que, en el fondo, es una metáfora de nuestra vida, una imagen de los sacrificios necesarios para crecer en las virtudes que forman y conforman nuestro específico carácter. Precisamente, y dado que por estas fechas celebramos el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz (6 de abril), se me ocurre instar a los lectores, a tomar parte y partido, en programas de educación física y actividades deportivas, lo cual, indudablemente, contribuye a integrarnos todos con todos, y al tiempo, cosechamos también salud. Nada se entiende sin equipo, los mismos gobiernos, las organizaciones internacionales, y hasta la mismísima promoción de la conciencia ambiental, en un planeta tan castigado por las barbaries humanas, se comprendería sin la colaboración de cada ciudadano. Seguir leyendo DEPORTIVIDAD EN EL EQUIPO DE LA VIDA

OPORTUNIDAD DE VIDA PARA TODOS

Por Víctor Corcoba Herrero

Hemos de reconocer que cada día es más complicado, desde la diversidad de la familia humana, algo que debiera ser tan sencillo, como: convivir. Si fundamental, para ello, es crear un futuro de decencia y oportunidad de vida para todos, no menos esencial, es la falta de autocontrol del ciudadano actual, totalmente sumiso al mundo de las tecnologías. Ante estas realidades sin alma todo es posible. Ningún ser humano, de cualquier continente, se libra de caminar a la deriva, sin rumbo. Son muchas las incertidumbres. La inestabilidad y los conflictos, la siembra del terror, nos están dejando sin fibras, y lo que es peor, sin horizontes de humanidad. La falta de un liderazgo mundial, incapaz de poner orden y dar esperanza a sus moradores, lo único que hace es acrecentar el desconcierto. Esto es lo que le viene sucediendo a la Unión Europea desde hace algún tiempo, tras un cúmulo de despropósitos; y lo que también le pasa a otros continentes, donde la unidad del linaje humano está seriamente dañado. Ya está bien de hablar de mundos diversos, dentro de nuestro único mundo, en el que se debe garantizar una existencia humana, donde se active un solo corazón, para que nos podamos arropar unos a otros, en lugar de inclinarnos a unas formas de aislamiento creciente y egoísta que, en el fondo, a todos nos perjudica. Porque nos ahogan y nos impiden hasta caminar por una vida que se ha donado para disfrutarla. Seguir leyendo OPORTUNIDAD DE VIDA PARA TODOS

LA ESTUPIDEZ HUMANA

Por Víctor Corcoba Herrero

Somos de una estupidez supina. Nos mueve la simpleza de la veneración de los ídolos. Y, sin embargo, apenas nos conmueve que nuestros propios entornos sean poco saludables. ¿Dónde está nuestro intelecto?. La majadería insiste siempre, vuelve a todos los foros, que no suelen aportar nada para el cambio, sino más de lo mismo, a pesar de que la propia especie pensante esté en peligro. Lo que domina son las dinámicas de una economía sin moral alguna y de unas finanzas carentes de ética. Nada importa que las enfermedades no transmisibles como embolias, infartos, cáncer y padecimientos respiratorios representen dos tercios de las muertes debidas a espacios contaminados. Para desgracia nuestra, en lugar de despertar, continuamos torpemente impurificando aguas, desnaturalizando cauces, adulterando hasta el mismísimo aire, mientras nos quedamos tan indiferente, tan pasivos, tan adormecidos. A veces pienso que nos han adoctrinado en la indiferencia, en el borreguísimo de dejar pasar, de dejar hacer; pues, nada parece decirnos que unos 12,6 millones de personas mueran cada año debido a que viven o trabajan en entornos poco higiénicos, aunque lo avale un estudio reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Seguir leyendo LA ESTUPIDEZ HUMANA

EL GOZO DERIVA DEL AMOR QUE SE OFRECE

Por Víctor Corcoba Herrero

Se dice que nuestro planeta requiere de “un nuevo paradigma económico”, que reconozca “la paridad de los tres pilares del desarrollo sostenible”: el social, el económico y el medioambiental; porque, como ha destacado el Secretario General ( Ban Ki-moon): “juntos definen nuestra felicidad global”. Esta contundente afirmación, y a mi manera de ver acertada aseveración, fue realizada durante los encuentros que se llevaron a cabo en la Asamblea General, por iniciativa de Bután, un país que reconoce la supremacía de la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales desde principios de los setenta, cuando adoptó el concepto de un Índice de Felicidad Nacional Bruta para sustituir al más tradicional Producto Interior Bruto (PIB). En cualquier caso, la Asamblea General de Naciones Unidas, el 12 de julio de 2012, decretó el 20 de marzo, Día Internacional de la Felicidad, para reconocer la relevancia de ésta y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. También quien suscribe, aprovechando la onomástica, y dado que no es fácil caminar hacia la felicidad plena, apuesta por una mayor concienciación, a través de actividades educativas, para poder acrecentar nuestra humanidad mediante un amor incondicional, más puro y desprendido, observando que cuanto más se da, más le queda a uno.

Ciertamente, vivimos en un mundo cada día más deshumanizado, y por ende más infeliz, pues hemos de saber que el gozo deriva de nuestra generosidad. Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías que la vida nos depara cada día, mientras aguardan la gran felicidad que nunca llega como la esperan. Otras buscan la felicidad fuera de sí, como si la placidez estuviera fuera de nosotros, con la consabida frustración que esto conlleva. Tantas veces se nos olvida que la vida es para vivirla a corazón abierto, que en lugar de ir tirando, debemos ir viviendo, o sea creciendo, para conquistar en efecto la felicidad que constituye el anhelo y, asimismo, el tormento de todo ser humano. De ahí deriva la satisfacción de poder experimentar un modo menos egoísta de vivir. Es muy triste ver a una juventud deprimida, harta de vivir, debilitada. También es muy melancólico ver a unos niños sin infancia, o a unos abuelos sin el cariño de nadie. Por desgracia, esta cultura inhumana nos ha atrofiado nuestras venas más sensibles, y apenas tenemos tiempo para sentir nuestros propios latidos que son, en definitiva, los que nos permiten afrontar los grandes desafíos de nuestra propia existencia. Posiblemente deberíamos buscar otras esencias que mejorasen nuestro estilo de vida, más del alma que del cuerpo, más del espíritu, el cual necesita bien poco para digerir los abecedarios del amor. Al fin y al cabo, algo tan humano como amar, conlleva la sencillez de hallar en el bienestar del otro tu oportuna armonía.

Lo armónico es lo que en verdad nos hace sentirnos bien. A mi juicio, tenemos que rescatar el valor de ser felices. Nos lo merecemos, por el simple hecho de vivir. Tal vez, por ello, tengamos que despojarnos de aparentar lo que no somos, y mostrarnos como sí somos. La autenticidad siempre regenera. Tenemos que aprender a ser nosotros mismos. Por cierto, me viene a la memoria la respuesta que dio el Papa Francisco, cuándo le preguntaron si era feliz, y por qué era feliz. La contestación merece, cuando menos ser considerada, para que cada cual reflexione a su modo: “Absolutamente, soy absolutamente feliz. Y soy feliz porque…, no sé por qué… Quizá porque tengo un trabajo, no soy un desempleado, tengo un trabajo, un trabajo de pastor. Soy feliz porque he encontrado mi camino en la vida, y recorrer este camino me hace feliz. Y también es una felicidad tranquila, porque a esta edad no es la misma felicidad de un joven, hay una diferencia. Cierta paz interior, una paz grande, una felicidad que también viene con la edad. Es también un camino que ha tenido siempre problemas; también ahora hay problemas, pero esta felicidad no desaparece con los problemas, no. Ve los problemas, los sufre y después sigue adelante; hace algo para resolverlos, y después avanza a pesar de… los pesares. Pero en lo profundo del corazón reinan esta paz y esta felicidad. Efectivamente, para mí es una gracia de Dios. Es una gran gracia. No es mérito mío”. Cuánta verdad en lo que dice y en cómo lo dice. Deberíamos meditar sobre ello. No olvidemos que, cuando todo nace porque sí, también el sueño del amor nos pone en pie y nos invita a ser más de los demás que de nosotros mismos. Con razón se dice que no está la felicidad en vivir, sino en saber amar.

Conscientes, por tanto, de que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental, como señala la Resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas, el 28 de junio de 2012, y reconociendo la pertenencia de este gozo y del bienestar como objetivos y aspiraciones universales en la vida de los seres humanos de todo el mundo; sin duda, hoy es más necesario que nunca aplicar al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, para que pueda promoverse verdaderamente el ansiado desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza y el bienestar de todos los pueblos. Hasta ahora no hemos pasado de las buenas intenciones. Si en verdad fuésemos más compasivos y deseáramos la felicidad de los demás como algo propio, estoy convencido que hubiéramos apostado por la felicidad del amor, que es tanto como decir: ocuparse y preocuparse por el otro; pues la prosperidad que suele comprarse, apenas dura nada y se esfuma en un instante, y no en el preciso momento.

Indudablemente, el gozo deriva del amor que se ofrece, máxime en un mundo en el que las crisis humanitarias arrebatan una cantidad cada vez mayor de recursos a las economías, las comunidades y los individuos. Por cada persona que muere en un desastre hay centenares que sufren las consecuencias cuyas necesidades primarias básicas inmediatas es preciso cubrir, tales como alimento, agua, albergue, saneamiento o atención de salud. Sería, en consecuencia, un buen propósito que todos los seres humanos pudieran ser felices, conocieran la alegría de vivir en paz, y que todos pudiéramos, sin exclusión alguna, sentirnos parte de la familia humana. Esta aspiración gozosa viene de lejos, ya figuraba implícitamente en el compromiso asumido en la Carta de las Naciones Unidas de promover la concordia, la justicia, los derechos humanos, el progreso social y un mejor nivel de vida.

Ahora es el momento de propiciar buenas gobernanzas para que se haga realidad el bienestar de toda la familia humana, y no el de unos pocos privilegiados. Hemos de obrar por ese bien colectivo, sabiendo que el efectivo altruismo fomenta la dicha y nos ayudará a construir el futuro que queremos para todos. En todo caso, jamás nos perdamos. Yo para no perderse, sí me lo permite el lector, recomiendo beber a diario la cita del filósofo francés, Auguste Comte, de que “vivir para los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad”. No se abandone, pues, a otras fisionomías que no injertan tranquilidad. Seamos ejemplo para el mundo con nuestras actitudes de coherencia, que no es otra que un acto constante de amor, que tiene un modelo; la de servir a todo ser humano, como un poeta en guardia permanente.
Comentarios: corcoba@telefonica.net

LA MARGARITA DE LA INCERTIDUMBRE

Por Víctor Corcoba Herrero

Parece que la margarita de la incertidumbre en el mundo nos está dejando sin palabras. No acabamos de deshojarla. Abrigamos una multitud de inseguridades como jamás. Hasta los mismos cascos azules operan en escenarios cada vez más problemáticos. Hay un incremento galopante de peligros para trabajadores humanitarios en zonas de conflicto que no tiene precedente. Nadie respeta ya a nadie. Por desgracia, somos una generación irrespetuosa hasta con nuestra propia naturaleza, con los derechos humanos y nuestro hábitat, y así no podemos mirar al futuro con esperanza. Todo se distorsiona de manera grosera, en lugar de activar diálogos abiertos y compresivos. La estima por la vida de nuestros análogos apenas vale nada. Somos una sociedad interesada, aburrida, sin creatividad, que ha tomado la confrontación y la violencia como lenguaje. Únicamente entendemos de disputas. Ahí está el caso de China, donde lo prioritario no es conversar, sino tomar como estrategia los misiles. Olvidamos que la mejor defensa para mantener el sosiego es más de palabra que de armas. La necedad nos puede, y realmente invertimos más dinero en armamento militar que en programas de paz o en programas sociales, que nos hagan crecer como ciudadanos de bien. Seguir leyendo LA MARGARITA DE LA INCERTIDUMBRE

FAMILIAS ATORMENTADAS

Por Víctor Corcoba Herrero

Hemos fallado en tantas cosas que convendría despertar, cuando menos para huir de nuestras mil contrariedades. Quizás, lo prioritario, sea poner en orden nuestra extraviada existencia. Conviene desintoxicarnos de los muchos tormentos injertados en vena. Esta afligida sociedad lo desorienta todo y lo torna discordante, contradictorio, lo que genera un clima de violencia y frustración como jamás. No me extraña que aumenten las conductas suicidas ante la destrucción de nuestro propio interior. Por otra parte, la intranquilidad nos está dejando sin fuerzas y, lo que es peor, sin esperanza para poder reconstituirnos en la quietud. Parece que este lustro depresivo nos ha enraizado con sus amarguras, impidiéndonos levantar cabeza, y proseguir el camino del sosiego. A partir de este reconocimiento, los líderes mundiales no sólo han de admitir la urgencia de impulsar el crecimiento financiero, también deberían estimular las alianzas por la cual la especia humana se confraterniza desde mundos diversos, pero todos necesarios e imprescindibles para hacer familia.

Esta civilización de la que todos formamos parte, relacionada tantas veces con el amor, debería reflexionar mucho más sobre la exigencia del término, haciéndolo valer como afirmación de la persona. Hoy en parte las familias andan entristecidas por esa falta de compromiso de vivir en la verdad, pero también en la donación, en esa disponibilidad generosa de querer ayudar a crear un mundo de familias unidas, que son las que pueden transformar este ambiente tan inquieto que consume de manera excesiva y desordenada todos los recursos, sin contemplar que los derroches nos anulan cualquier nervio. Es urgente, entonces, propiciar otras sendas más humanas, por encima de los mercados y países. A veces da la impresión que solo existimos como maquinaria productiva y consumista, o bien como un objeto manipulable por el poder, olvidándonos que somos ciudadanos en diálogo permanente y que la convivencia va más allá de este engranaje frío que nos dilapida, hasta nuestro taxativo tiempo, para que no podamos ni pensar. También nuestro particular espacio, para que tampoco podamos sentirnos libres.

Por ello, debemos comprometernos a construir un medio social que aliente y sostenga una visión respetuosa con el ser humano; y la de éste, con su hábitat. Desde luego, me parece que no hay mayor tormento que no poder ser dueño de uno mismo, y permanecer solos en un mundo de desconsuelos, donde el terrorismo extremo y el fanatismo nos dejan sin aliento. Tal vez más que nunca hace falta que millones de familias atormentadas que viven en conflicto, con miserias crónicas y un miedo perenne, les mostremos nuestra compañía, la fraternidad que esperan y merecen. A propósito, el Secretario General de la ONU, acaba de subrayar la necesidad de que se restablezca la confianza en el orden mundial y en la capacidad de las instituciones regionales y nacionales para afrontar los retos más acuciantes que las naciones del planeta tienen en la actualidad. Por consiguiente, es un signo esperanzador, que para lograr este objetivo humanitario, Ban Ki-moon, haya convocado la primera Cumbre Mundial Humanitaria para el 23 y 24 de mayo próximos en Estambul, Turquía, y al hacerlo, recapacitemos sobre esta tormentosa realidad.

Indudablemente, no podemos vivir tranquilos si los líderes son incapaces de asumir sus encargos en prevenir y poner fin a los conflictos, pues los Estados deben cumplir con su obligación de respetar las normas establecidas por el derecho internacional humanitario. A mi juicio, la fraternización del mundo es una responsabilidad compartida, a la que todos estamos llamados, teniendo en cuenta que al crecer los males es conveniente que también crezca la compasión de la ciudadanía. Gran importancia tiene el quehacer de esa multitud silenciosa que enhebra la paz cada día, que luchan para garantizar la seguridad, el respeto de la dignidad humana y la defensa de los derechos humanos en los países atormentados por todo tipo de conflictos y tensiones. Será bueno, no dejar de dar por doquier lugar un claro y gozoso testimonio de humanidad, como ha hecho recientemente el militar y poeta español Guillermo de Jorge en un volumen, más del corazón que de la letra impresa, ante el peligro de la muerte, vivido en Irak y años después en Afganistán, donde describe el suplicio, más que con ardor guerrero, con furia poética, pues “supe del silencio cuando, el día más inesperado, nos cosieron a balazos”. ¡Qué radiante será el momento en el que podamos dormir sin miedo y despertarnos sin dolor!.
Comentarios: corcoba@telefonica.net

PENOSA REALIDAD ESPAÑOLA POR LA FALTA DE ÉTICA DE LAS RESPONSABILIDADES

Por Víctor Corcoba Herrero

Cuando un país se ha vuelto incapaz de gobernarse a sí mismo, quizás por no poner en valor la ética de las responsabilidades, sólo cabe la reflexión de todos para poder cambiar de actitudes. En su tiempo ya invitaba Confucio (551 AC-478 AC, Filósofo chino), a reconducir al Estado como se conduce a la familia, con autoridad, competencia y buen ejemplo. Lo que sucede es que para ello, hace falta pasar de las buenas intenciones, de la palabrería fácil a los hechos, para los que se necesita mucha capacidad de servicio, de entrega generosa y una fuerte ración de humildad. No olvidemos que la política, como poética de gobierno, es una de las formas más altas de entrega, porque es servir pacientemente al bien colectivo, sin exclusiones ni etiquetas. Por ello, también la ciudadanía en su conjunto, no puede lavarse las manos y cada ciudadano debe hacer algo, en la medida de sus posibilidades, para favorecer la comprensión y el entendimiento social. En consecuencia, pienso que los que gobiernan han de hacerlo con menos tácticas partidistas, con más respeto y fidelidad a la ciudadanía que representan; mientras, los gobernados, deben propiciar la participación y la colaboración requerida. Seguir leyendo PENOSA REALIDAD ESPAÑOLA POR LA FALTA DE ÉTICA DE LAS RESPONSABILIDADES

RECOBRAR LA QUIETUD EN UN MUNDO CONVULSO

Por Víctor Corcoba Herrero

El panorama del mundo contemporáneo es más bien desolador, ya que la sensación de amenaza te la encuentras en cualquier esquina del camino. Realmente, sí que es inquietante esta atmósfera, donde cohabita tanto mal físico y moral, que nos engancha en contradicciones, hasta llegarnos a impedir ser nosotros mismos. Tal desasosiego es advertido no sólo por quienes son arrinconados u oprimidos, sino también por quienes disfrutan de los privilegios de la riqueza, del progreso, del poder. También nos falta compasión en nuestros pulsos interiores, por eso tantas veces pensamos mal, juzgamos mal y hasta nos queremos mal, en parte por nuestros afanes egoístas. Deberíamos propiciar, empezando por nuestro yo interior, otro clima menos tenso, siendo fieles cada cual consigo. La misma lealtad tiene un latir sosegado. Téngase en cuenta que la oscuridad como la luz nos envuelve a todos, pero mientras unos la sobrellevan con un corazón tranquilo, otros levantan una barricada de nerviosismo que lo destruye todo. ¿Quién está en la buena sintonía? Quizás ninguno, porque nos ensimisma amarnos sin rivales. Todo el mundo busca con orgullo algo para sí, además con fuertes dosis de resentimiento en la mayoría de las veces, lo que dificulta el camino de la tranquilidad. Seguir leyendo RECOBRAR LA QUIETUD EN UN MUNDO CONVULSO

EL FANATISMO Y LO IRRACIONAL AVENTAJA A LA RAZÓN

Por Víctor Corcoba Herrero

Decía el inolvidable Antonio Machado que “tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar”. Es una evidencia que no le faltaba razón. En cada palabra, naturalmente, hay una chispa de vida. Pero hay que saber llenarse del vocablo justo y preciso, separándolo de doquier interés. Por desgracia, abundan demasiados predicadores que nos confunden. Hoy se habla bien poco del crecimiento inmoral de la humanidad, causante de tantos hechos con tintes de irracionalidad fanática, que nos retroceden como especie. Ahí están, como botón de muestra, las economías insensatas, absurdas, incoherentes, salvajes, fortaleciendo la desigualdad y, por ende, generando un mundo de contradicciones con final perverso. Dicha realidad, nos obliga a una profundización crítica, que se construye sobre la base de un diálogo de cooperación entre unos y otros. Indudablemente, las esperanzas crecen cuando se dan las bases de una futura condición de vida más sosegada, más rica de relaciones humanas, más respetuosa y libre, más compartida, o si quieren solidaria moralmente. Seguir leyendo EL FANATISMO Y LO IRRACIONAL AVENTAJA A LA RAZÓN

APUESTA POR UNA CULTURA INTEGRACIONISTA

Por Víctor Corcoba Herrero

De un tiempo a esta parte todo parece fracasar, pero yo creo que es una gran oportunidad para renacerse con más inteligencia, y esto se alcanza cultivándose, trabajando arduamente y aprendiendo del fracaso. Es verdad que el escenario internacional, al que debemos mirar con un corazón unido, exige compromisos y cambio de actitudes en muchas naciones, quizás utilizando los medios de la diplomacia, pero asimismo con el coraje preciso para activar relaciones más respetuosas, y por ende, de mucho más sosiego. Por una parte, observamos a un mundo que tiende a descolonizarse, lo que permite a numerosos pueblos acceder a la plena soberanía, a la gestión de sus propios asuntos, con una ciudadanía responsable dispuesta a servir a la colectividad que representa. A mi juicio, esta evolución es buena, puesto que indica la madurez de sus moradores, siempre y cuando actúen en igualdad de derechos y de obligaciones, respeten sus tradiciones, sus culturas y trabajen por el bien colectivo. Pero también, advertimos, que determinados países soberanos, sustentados bajo el Estado social y democrático de Derecho, se ven a veces amenazados en su integridad territorial o institucional, por grupos que intentan la ruptura, quizás movidos por un afán ambicioso de poder, que en lugar de crear lazos hunden al país, llegando hasta intentar o reclamar la secesión.

En efecto, los asuntos en cada continente son complejos y muy diversos, lo que reclamarían cada cual un comentario distinto, pero refiriéndonos por proximidad del que suscribe al proceso independentista catalán, (un desafío ilegal totalmente absurdo), deseamos que más allá de las pasiones interesadas, se retorne al espíritu constitucional de la nación española, con el que hemos convivido armónicamente, con más libertades que nunca, repercutiendo este clima de concordia, en avances sin precedentes, en nuestra propia historia reciente, al promover el bien de cuantos la integramos. Las divisiones jamás fueron buenas para nadie. Todos necesitamos de todos. Como dijo en el mensaje de Navidad, quien actualmente es el símbolo de unidad y permanencia, el Jefe del Estado, el rey Felipe VI: “Formamos parte de un tronco común del que somos complementarios los unos de los otros pero imprescindibles para el progreso de cada uno en particular y de todos en conjunto”. Es natural que, como árbitro y moderador del funcionamiento de las instituciones, estimule el entendimiento y active el respeto a una Constitución que, entre todos los españoles, nos hemos dado. Precisamente, bajo este espíritu constitucional queda verdaderamente reflejada la pluralidad, considerando la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España como un patrimonio cultural de especial respeto y protección; a la vez que se consolida de esta forma, un Estado de Derecho, donde el imperio de la ley, como expresión de la voluntad popular, ha de cumplirse por todos.

Tal vez hemos de hacer un esfuerzo de sinceridad con nosotros mismos, y más allá de doquier sentimentalismo pasional, debamos propiciar otras autenticidades más de servicio a la ciudadanía, con políticas bien articuladas y equilibradas, que respeten evidentemente las particularidades culturales, étnicas, religiosas, que en Cataluña no es la cuestión, ya que en la España de hoy las cuerdas que nos amarran son en general conjuntas, y cada autonomía es considerada como una garantía de las diversas nacionalidades y regiones que la integran, mostrando solidaridad entre todas. Por consiguiente, la fractura no tiene sentido alguno, ya que del mismo modo que la ciudadanía tiene derechos inviolables y deberes correlativos, también los pueblos y sus autonomías tienen compromisos con relación a ellos mismos y el Estado. Sin duda, el primer deber es actuar dentro de la legalidad. Sólo así se puede recuperar la confianza en las instituciones. Cuando tanto se habla de regenerar la vida política, creo que la mejor regeneración pasa por recuperar el orgullo de nuestro activo nacional, la de una España que se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. De lo contrario, es precipitar una cultura golpista que de manera ilegítima desafía el orden constitucional vigente, en la medida que el objetivo del acuerdo alcanzado por la coalición Junts pel Sí y la CUP es la desconexión de España en un plazo de dieciocho meses.

Ya estamos con los plazos y los miedos. Tampoco se puede omitir la realidad. En parte el mundo de los separatistas se ha acrecentado por no hacer nada, dejándoles hacer o cerrando los ojos a no ver. ¿Por qué se ha permitido infringir artículos constitucionales como el 4.2, donde se dice que la bandera de España ha de estar en los edificios públicos junto a las otras propias de las Comunidades Autónomas?. Esto es únicamente una prueba de tantas. Al fin, tenemos lo que tenemos, o lo que hemos dejado que pasara. Y ciertamente, en el momento presente, cuando tanto proliferan en el mundo los separatistas, hay que hacer valer nuestra unión más que nunca, para decirles que nada nos va a dividir, ni el recelo, ni tampoco la incertidumbre; y, en todo caso, hay que impulsar una cultura integracionista. Todos sabemos, además, como la cultura de la sospecha entorpece las relaciones sociales. Millones de seres humanos observan con cierta sorpresa las divisiones y perciben como sus predicadores políticos en lugar de globalizar el desarrollo de la persona humana, suelen buscar su bien y el de los suyos, de manera partidista, avivando de esta manera la cultura de la discordia más divergente.

Ante este panorama tan desolador, convendría recordar que las verdaderas columnas de la sociedad son la autenticidad, la lucidez pensante y la libertad. Sin autenticidad nada es lo que es, porque quien es auténtico, ya lo dijo Jean Paul Sartre en su tiempo, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es. Lo mismo sucede con un profundo instante de lucidez, únicamente uno; y todo dejaría de ser mundano y mediocre. O la verdadera libertad de los pueblos, cuya mejor garantía es la verdad; con razón, se dice: “La verdad os hará libres”. De ahí la necesidad de una cultura de la organización social que ha de basarse, ya no sólo en la transparencia y el respeto, también en la responsabilidad, para promover la cohesión social y la cooperación entre instituciones diversas.

El mundo en el que vivimos, en consecuencia, no puede activar una cultura secesionista, puesto que cada vez la interdependencia entre todos es más creciente en todos los aspectos de nuestra existencia. Todo se ha mundializado y de qué manera. Por eso, es fundamental impulsar una cultura universalista, con conciencia global, más allá de los estilos de vida, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. Esto significa que cada pueblo, que cada ciudadano, que cada país, debe contribuir a que se disipen las exclusiones y los prejuicios, sabiendo que la unión no sólo nos enriquece, debilita también cualquier discordia. ¿Qué es el presente sino el punto de unión entre el pasado y el futuro?. Por sí mismo, todo llama a la unión. Verso a verso se construye un poema. También Lorca lo refrendaba, al definir la poesía como “la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”. Por tanto, no nos vayamos por el camino de la secesión, de la lucha entre nosotros. La unidad siempre supera cualquier conflicto por muy grave que sea. A todos nos interesa, pues, atmósferas armónicas, que nos hagan sentirnos realizados como ciudadanos. Para ello, no hay otra manera de convivir que tender puentes: hoy por ti, mañana por mí; eso sí, avivando en todo momento la comprensión mutua y recíproca.
Comentarios: corcoba@telefonica.net

DESNATURALIZAR E IMPONER

Por Víctor Corcoba Herrero

Hoy, cuando todo se impone y nada se propone, los pueblos y las naciones deberían unirse en la verdadera elevación del ser humano, conforme a su innata vocación natural y legendaria como especie pensante. Por desgracia, todo se desnaturaliza y, por ende, también se deshumaniza, en la medida que pierde su auténtico espíritu. Pongamos por caso, determinadas tradiciones religiosas, como puede ser la cabalgata de los reyes magos en un país como España, de fuerte tradición católica como además así se reconoce en la vigente Constitución. Ciertamente, no se ha de imponer religión alguna, pero tampoco el político de turno, debe desvirtuar una celebración de su verdadero enraizamiento histórico-religioso, para reivindicar su partidista doctrina; y, en todo caso, lo que debería hacer es garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas creencias. Téngase en cuenta que la política es más que una simple tarea, puesto que su origen y su meta están precisamente en la justicia, en el servicio incondicional a la ciudadanía, que dicen representar, y que han de hacerlo desde una naturaleza ética y nunca interesada. Seguir leyendo DESNATURALIZAR E IMPONER

LA HUMILDAD EN LA GRUTA ESPERANZADA DE BELÉN

Por Víctor Corcoba Herrero

Mucho hablamos de futuro y, sin embargo, apenas adquirimos compromiso colectivo alguno; mostrando, en ocasiones, una insolidaridad manifiesta a través de los mismos poderes públicos, provocando humillación y menoscabo en el propio ser humano. Precisamente, en estos días el mundo cristiano celebra la Natividad del Señor, la cita con Dios que toma vida humana en la pobreza de la gruta de Belén. Verdadera luz, o si quieren verdadera enseñanza de humildad, que debe hacernos cuando menos recapacitar para poder bajarnos de la soberbia, del orgullo, de la vanidad…; de tantas riadas de altivez en definitiva, que entre todos hemos provocado. Seguir leyendo LA HUMILDAD EN LA GRUTA ESPERANZADA DE BELÉN

LA NUEVA RECONQUISTA DE LO ARMÓNICO

Por Víctor Corcoba Herrero

Hoy por hoy el mundo funciona como un gran mercado, donde todo se pacta desde el poder, adueñándose de las conciencias, con abecedarios falsos y espíritu egoísta, con lenguajes estériles y necias músicas, con expresiones que nos oprimen en lugar de activarnos a la recreación, con acciones interesadas en vez de esperanzadoras acciones colectivas que nos encaminen a la nueva reconquista de lo armónico. No podemos continuar multiplicándonos dolorosamente lo antiestético. Tenemos que hacer algo por cambiar, y no me sirve la resignación, puesto que todos podemos hacer más por ser más de todos y, por ende, más humanos. Está visto que nada es imposible cuando la unión teje una única bandera. Quizás para ello tengamos que abrirnos más, ser más solidarios en el acompañamiento, más fraternos en el diálogo, más íntimos en la verdad, más de los demás que de mí mismo, más respetuoso con lo que me circunda, más compasivo y, tal vez, más humilde también. A veces, pienso, que la humildad es el vestíbulo de todas las armonías. De esta manera, desde la concordia, aparte de recrearnos, nos crecemos como familia humana. Precisamente, por eso, la indiferencia representa una amenaza a nuestra razón de ser y de vivir, de estar y de compartir, pues, nadie es autosuficiente para nada, ya que por naturaleza somos sociales, y hemos de serlo conjuntamente.

En unos días celebramos la Navidad, el encuentro y el reencuentro de unos y de otros, los buenos deseos, las muchas esperanzas; y, ciertamente, por momentos, todo parece más hermoso y hasta divino. Pienso, por consiguiente, que estas fiestas son más que necesarias, cuando menos para hacernos otros propósitos, para consolarnos y lamentar nuestras imperfecciones. Sólo así, podremos transformarnos, reconociendo esta triste realidad circundante de apatía por el prójimo. Casi sin darnos cuenta, nos hemos globalizado; pero, sin embargo, estamos más distanciados que nunca y apenas sentimos compasión de nadie. Estando yo bien, me olvido de los que están mal. Somos así de estúpidos. Con razón, no hay mayor precipicio, que la estupidez humana injertada por la maldad. Es un cerrar caminos y encerrarnos en el abismo. Sin una apertura a la regeneración del niño que somos, difícilmente vamos a comprender esa buena estrella, cargada de versos, que se hace vida todos los años en cada uno de nosotros. En efecto, más allá de los proyectos de mercado, de las finanzas, cohabita una existencia que también nos pertenece, la del sueño armónico; pues si importante es el cuerpo, más gozosa es el alma por la que vivimos, sentimos y pensamos.

La idea Aristotélica de que “lo que tiene alma se distingue de lo que no la tiene por el hecho de vivir”, nos recuerda el sentido de lo transcendente, de la sensación y el movimiento, de la incorporeidad y el universo de las ideas, del todo y la nada en definitiva. De esta lucidez de concordancias, donde el respeto natural debe ser gobierno, germina la conciliación entre lo que somos y lo que queremos ser, sabiendo que las mejores sociedades son las libres y democráticas, donde se puede vivir armónicamente y con iguales posibilidades. En consecuencia, es este espíritu navideño, o sea esta mística del alma, el que nos lleva a reconquistar tantos anhelos olvidados, tantas ansias dejadas o renunciadas de nuestro programa de vida.

A mi juicio, es importante tener presente que los lazos entre los linajes son más estrechos de lo que pudiera parecernos a simple vista, por lo que la voluntad de acogida es el soplo más armónico que hemos de cultivar. Son tiempos de hospitalidad, de tender una mano hacia quienes son menos afortunados que nosotros, de reconstruir un mundo más unido. Hasta ahora casi la mitad de los trabajadores migrantes están concentrados en dos regiones: América del Norte y Europa. Lo demás suele ser un caos. Qué bueno sería un mundo en el que todos nos sintiéramos responsables de todos, del bien colectivo, sin violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo. Y qué saludable sería contribuir, cada cual consigo mismo, a la aproximación y al sosiego, convirtiéndonos, cada vida, en cualquier lugar donde nos hallemos, en mujeres y hombres de paz. Por ello, que el mundo, por una noche deje de funcionar como un mercado y funcione como un corazón. ¡Sea Navidad!
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PROGRESAR ES VENCER LAS DEPENDENCIAS QUE NOS COARTAN

Por Víctor Corcoba Herrero

El mundo no progresa lo suficiente, por mucho que se nos llene la boca de avances; es más, considero que, en ocasiones, tal vez demasiadas veces, se retrocede en la medida que cada día el ser humano es más dependiente de dominadores sin escrúpulos. Lo cierto es que la libertad no es únicamente para soñarla, es también para vivirla, como camino de esperanza, como estrella-guía, pues cada persona ha de poder ser ella misma, y no un producto de mercado. Seguir leyendo PROGRESAR ES VENCER LAS DEPENDENCIAS QUE NOS COARTAN

EL VOLUNTARIADO COMO AGENTE DE ESPERANZA

Por Víctor Corcoba Herrero

Tenemos que despojarnos de guerras y sufrimientos. Es cierto. La realidad es horrible, sí quieren espantosa, pero tampoco podemos dejarnos atrapar por la tristeza y, aún peor, permanecer abatidos por el desconsuelo. Seamos personas de esperanza, de saber mirar y ver, pero jamás debemos asustarnos por nada, ni por nadie. Al fin, todo tiene su momento, su revisión, nada es perenne, pues aunque la situación actual sea grotesca, con un color antiestético que nos reviente la mirada, debemos soportarlo con paciencia, pero también con valentía. Hay muchos, muchos pueblos, ciudades y ciudadanos, mucha gente, que sufre; muchas guerras, mucho odio, mucha envidia, mucha mundanidad anímica y mucha corrupción; pero todo esto caerá más pronto que tarde, o más tarde que pronto, y nos servirá para recapacitar, con la cabeza siempre en alto, sobre lo vivido y lo que nos queda por vivir. Precisamente, es desde esta dimensión de la memoria, como construimos el presente y nos renovamos, mirando hacia adelante, pues lo peor que nos puede pasar, es quedarnos anclados en nuestra propia historia, sin hacer nada por nosotros, ni por nuestros análogos, o por el orbe mismo. Seguir leyendo EL VOLUNTARIADO COMO AGENTE DE ESPERANZA

NADIE ES LIBRE HASTA SERLO TODOS

Por Víctor Corcoba Herrero

Aunque el ser humano nazca libre, medio mundo es esclavo de uno mismo y, el otro medio, practica el abecedario de las cadenas, por lo que es muy difícil emanciparse, por muchas ceremonias que nos declaremos contra la esclavitud. ¿Quién pudiera ser libre como el viento?. Naciones Unidas acaba de estimar que hay veintiún millones de personas esclavizadas en el planeta, entre las cuales cerca de seis millones son niños. Lo cierto es que la deshumanización y la humillación está a la orden del día, en cualquier camino, donde habiten seres vivos. Precisamente, cuesta erradicar este terrible flagelo, porque es un gran negocio. Según Naciones Unidas genera a los explotadores ganancias ilícitas de hasta ciento cincuenta millones de dolores. Sus víctimas son de toda condición, pero la mayoría de las veces se hayan entre los más pobres de entre los pobres, o sea, de entre los más vulnerables en definitiva. Seguir leyendo NADIE ES LIBRE HASTA SERLO TODOS

LA RECONSTRUCCIÓN MORAL DEL PLANETA

Por Víctor Corcoba Herrero

Estamos llamados a entendernos, a proclamar un abecedario más comprensivo con nuestros análogos, a declarar otro espíritu más reconciliador con nuestra misma especie, a dejarnos abrir el corazón y a compartir como miembros de un universo globalizado. Todos necesitamos, alguna vez, en este difícil peregrinaje que nos hemos trazado, una palabra de aliento para llevarnos al alma. Ojalá hubiese muchos mensajeros de la paz como el Papa Francisco, ahora peregrinando por la República Centroafricana, en busca del diálogo interreligioso, cuestión fundamental para armonizar el orbe. Seguir leyendo LA RECONSTRUCCIÓN MORAL DEL PLANETA

NO TENGAMOS PEREZA

Por Víctor Corcoba Herrero

Cada día estoy más convencido de que tenemos que caminar por la senda de la generosidad, con el timbre comprensivo de unas manos dispuestas a socorrer, para darnos aliento mutuamente, sin otra compensación que cimentar lo armónico como abecedario fraterno. No tengamos pereza por avivar el sosiego en un planeta, que es casa común de todos y de nadie, y por dar valor a toda vida humana, frente al menosprecio de algunos extremistas radicales, que no entienden nada más que de violencia y atropellos. Los pacifistas siempre tenemos una oportunidad para reafirmar nuestro compromiso de concordia. Universalizar los derechos humanos y las libertades fundamentales ha de ser nuestro mayor desvelo. Noviembre, si cabe, aún es más propicio para poder llevar a buen término nuestra inquietud; no en vano, celebramos el día dieciséis el emblemático espíritu condescendiente, el de la tolerancia con nuestro prójimo, siempre próximo a nosotros.

Los perezosos únicamente hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán, y al fin, dejan todo sin hacer. Hay cuestiones que no pueden esperar. Que nos llaman tanto a la reacción como a la acción. Para desgracia de todos, cada día son más los espacios del planeta que precisan ayuda humanitaria ante esta volcánica atmósfera de conflictos que nos invaden por todo el mundo. Llegar a tiempo es salvar vidas humanas. ¿Habrá cuestión más importante que protegerles? Ciertamente, tenemos que combatir activamente el miedo, el odio y el extremismo con el diálogo, la comprensión y el respeto mutuo. Ya lo sabemos, pero tampoco podemos, ni debemos, quedarnos con los brazos cruzados ante estas riadas de venganza. Es verdad que el mundo precisa reconciliarse más allá de las culturas, de las buenas intenciones, pero para que la convivencia sea posible no vale con el silencio de las armas, es preciso trabajar a destajo para que todo ser pensante tenga sus necesidades básicas cubiertas; quizás tengamos que cultivar más la justicia, y no quedarnos tranquilos con la mera disposición del silencio, o de donar las migajas que a nosotros nos sobran.

Vuelvo a insistir, no tengamos pereza por cortar las alas egoístas de los ilimitados poderes, que buscan el bienestar para sí y los suyos, que marginan a los más débiles, que excluyen sin miramiento alguno. El clima es tan fraudulento que nada es lo que parece. Todo está corrupto. Nada es justo. De ahí la necesidad de ponerse manos a la obra, a trabajar codo con codo, en favor de un corazón humano más verdadero. Al fin y al cabo, somos la historia que cultivemos en la inmensidad de un planeta. El día que aprendamos a ejercer nuestros pasos como ciudadanos del mundo, encontraremos comprensión y respeto por todo y hacia todos. Hoy, las miserias humanas, aparte de enfrentarnos, nos hacen levantar muros en un orbe en el que todo está interconectado. Nuestra propia especie se ha degradado tanto que realmente cuesta encontrar el camino de la esperanza. Es tan fuerte el caos, la contaminación, el desorden, que hay una melancólica insatisfacción que nos deja sin palabras, y lo que es peor, sin nervio para hacer frente a los problemas.

En cualquier caso, la pereza no puede dominarnos, cuando hay tanto por hacer en cada uno de nosotros, sobre todo a la hora de luchar contra esta ciega discriminación, que causa tantos enfrentamientos, destrucción y muerte. Naturalmente, todos estamos llamados, en mayor o menor responsabilidad, a actuar desde una mirada clemente, acorde con el espíritu de hermanamiento de nuestra propia raíz humana. Cuando se pierde esta sensibilidad de acoger todos a todo, también se derrochan energías de salvación comunitaria, y por ende, la falta de reconocimiento del otro. Deberíamos, pues, corregir nuestra propia vida primero y, después, activar mucho más nuestros gestos solidarios con el ojo penetrante de la escucha. No olvidemos que las dificultades son retoños de la pereza.

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EL RESPETO NATURAL POR LA VIDA

Por Víctor Corcoba Herrero

En ocasiones la vida no es un jardín; y, no lo es, en la medida en que el cuerpo y el espíritu vivan en hostilidad permanente, con enemistad manifiesta, en discrepancia con lo armónico; lo que nos impide crecer y respetarnos como ciudadanos. Hoy, la especie humana, tiene más necesidad de cariño que de pan. La consideración hacia uno mismo, como la bondad hacia los demás, es tan vital como el aire que respiramos, es fundamento de nuestra existencia, razón de vida, la primera condición para saber vivir. Desde luego, el que no valora la vida, pienso que tampoco se la merece. Suena fuerte, pero así es. A propósito, podemos hablar de un gran olvido en nuestro mundo contemporáneo, que no es otro que la gratitud por la existencia. Si el amor necesita de la vida, también la vida necesita del amor. Vida y amor no se pueden separar. Sin amor, todo se vuelve frío, impersonal, mundano y mediocre. Sin vida nada puede cohabitar en este tiempo de escucha y respuesta. A mi juicio, esta conciencia cultural encuentra su fundamento, no únicamente en el camino recorrido, también en nuestra capacidad de transcender como un ser para convivir, de manera respetuosa con los derechos y consciente de los propios deberes. Seguir leyendo EL RESPETO NATURAL POR LA VIDA

VIVIMOS CON UNA SENSACIÓN DE ASFIXIA PERMANENTE

Por Víctor Corcoba Herrero

La visión humana de la creación conlleva un respeto hacia la propia naturaleza, que hemos de saber administrar en su conjunto, o sea planetariamente, acatando la belleza del ecosistema como algo propio que debemos preservar, además, para las generaciones venideras. Por desgracia, solemos actuar contrariamente a sus fines, motivados por la codicia, por la arrogancia y el engreimiento del dominio, por la estupidez del tener, sin otro objetivo que el dañar nuestra propia existencia, que es colectiva y de nadie en particular.

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MEJOR HÁBITAT, MEJOR VIDA

Por Víctor Corcoba Herrero

El ser humano, como especie pensante, no sólo está llamado a mimar y a cultivar su propio entorno, también a protegerlo, de manera que cuanto más mejoremos nuestro propio jardín, de igual modo nuestra ecología humana se optimizará. Es evidente, que a mayor aceptación y servicio a nuestro medio natural, para que las diversas especies puedan subsistir, acrecentaremos nuestra existencia. Por desgracia, de un tiempo a esta parte, todo parece estar en crisis. Seguir leyendo MEJOR HÁBITAT, MEJOR VIDA

LOS APÓSTOLES DE LA PAZ

Por Víctor Corcoba Herrero

Me gusta que la gente se afane en calmar tensiones, puesto que las tiranteces no conducen a nada bueno, en un mundo sobrecargado de armas. Bienvenidos, pues, los apóstoles de la paz, aquellos que no conocen fronteras, y su única tarea radica en conciliar lenguajes, reconciliando almas. Ellos son el viento terapéutico que el planeta necesita para poner armonía en un paisaje tan globalmente convulso, donde prevalecen las divisiones este-oeste, norte-sur, amigo-enemigo, sobre las fuerzas de concordia y unidad. Por eso, urge tomar decisiones que nos serenen, está en juego la supervivencia misma de la humanidad entera, en virtud de la capacidad destructiva que nos acorrala. Son una leyenda ya vieja las inútiles contiendas, motivadas por el odio y la venganza. O la de grupos privilegiados que abusan de su poderío para imponer su yugo a sociedades enteras. O la de ciudadanos que llegan a construir su bienestar a expensas del bien de los demás. Los instintos irracionales y egoístas se repiten hasta la saciedad. Somos así de necios; de ahí, la necesidad de estos discípulos de lo armónico para emprender un camino de verdadera unión entre todos. Seguir leyendo LOS APÓSTOLES DE LA PAZ